El País / DAVID ALANDETE
El presidente de EE UU reafirma la importancia del despliegue en Afganistán ante el fuerte aumento de las bajas militares durante el último mes y medio
En la misma semana en que se celebran las segundas elecciones presidenciales en Afganistán tras la expulsión de los talibanes por parte de Estados Unidos en 2001, el presidente Barack Obama ha insistido en la necesidad de mantener las tropas en Afganistán y en los beneficios de seguir una estrategia militar contrainsurgente en un país en permanente riesgo de caer en manos de fundamentalistas islámicos. Advirtiendo de los riesgos del terrorismo global, que golpeó brutalmetne a EE UU en el 11-S, el presidente recalcó que la guerra de Afganistán "es fundamental para la protección de la ciudadanía".

"La insurgencia en Afganistán no surgió de la noche a la mañana, ni acabará de la noche a la mañana", dijo el presidente el lunes en Arizona, en una reunión de una organización de veteranos de guerra. "Pero no debemos olvidar que ésta no es una guerra que nosotros eligiéramos. Es una guerra necesaria. Aquellos que atacaron a Estados Unidos el 11 de septiembre de 2001 planean volver a hacerlo. Si nos desentendemos, la insurgencia talibán ofrecerá a Al Qaeda un refugio desde el cual planificar la muerte de más estadounidenses".

Desde su llegada al Gobierno, el presidente decidió enfrentarse a los talibanes y Al Qaeda en Afganistán con una nueva estrategia. Frente al fácil refugio de radicales y terroristas en las montañosas zonas que lindan con Pakistán y a las células que ejecutan atentados suicidas en ambos lados de la frontera, el Pentágono no se encuentra sumido en una guerra tradicional, sino en una operación de contrainsurgencia. Se trata de una estrategia compleja y que no ofrece resultados a corto plazo. Según un reciente informe del think tank Rand para el Departamento de Defensa: "Desde que la insurgencia nace, se necesita una media de 14 años para derrotarla".

El motivo de este cambio estratégico es que EE UU y la OTAN no se enfrentan a un enemigo organizado a escala nacional, sino a una red de grupos terroristas vagamente relacionados entre sí, ocultos en dos países, dueños de una zona fronteriza y que atacan, sobre todo, con atentados suicidas. "El objetivo central de EE UU debe ser perturbar, desmantelar y derrotar a Al Qaeda en sus santuarios en Pakistán y evitar que regrese a Pakistán o Afganistán", dijo la Casa Blanca en un informe oficial en marzo.

Para liderar este cambio, el secretario de Defensa, Robert Gates, relevó fulminantemente en mayo a David McKiernan, el hombre que ostentó el mando de las tropas en Afganistán durante un año, por sus planteamientos demasiado tradicionales. En su lugar instaló al general Stanley McChrystal, un boina verde que lideró el comando de Operaciones Especiales en Irak, planificando diversas operaciones de contrainsurgencia como la detención del jefe de Al Qaeda en Irak, Abu Musab al Zarqaui.

De ahora a septiembre, McChrystal deberá presentar un informe de la situación sobre el terreno y una serie de recomendaciones estratégicas. En el Congreso se da por sentado que solicitará más tropas, que podrían proceder de la progresiva retirada en Irak. De todos modos, en el otro frente de guerra de EE UU siguen quedando 132.000 soldados operativos. "Yo diría que la disponibilidad de tropas es, todavía, un problema", dijo Robert Gates en una rueda de prensa la semana pasada. "Hasta que la retirada de Irak se acelere después de las elecciones [de enero], ése será un problema para nosotros".

De momento, hay 62.000 soldados estadounidenses en Afganistán, una cifra que aumentará en 6.000 en los próximos meses. A su llegada al Gobierno, Obama ordenó un refuerzo de 21.000 militares. Algunos miembros del Congreso le están solicitando todavía más. Durante una visita oficial a Kabul, el senador John McCain pidió ayer que se doble el número de marines destacados en la provincia de Helmand, al sur. "El nivel de tropas necesita ser incrementado de forma significativa", dijo.

En una directiva emitida el pasado 6 de julio, McChrystal aclaró cuál es el objetivo manifiesto de sus más recientes operaciones militares: "Debemos luchar contra los insurgentes, y usaremos todos los medios a nuestro alcance para derrotar al enemigo y proteger a nuestras tropas. Pero no ganaremos basándonos en el número de talibanes que matemos, sino en nuestra capacidad de apartar a los insurgentes del centro de gravedad: la ciudadanía. Eso significa que debemos respetar a la población y protegerla de la coerción y la violencia".