Pausando la prisa: La arquitectura como mediadora entre lo interno y lo externo

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Opinión
/ 22 octubre 2023

“La esperanza es la santa patrona de la arquitectura”.- Juhani Pallasmaa.

Si fuera posible realizar un estudio por medio del psicoanálisis de nuestro entorno urbano ¿cuáles serían los resultados? No es mi área, sin embargo, leía sobre esto y me surgió esa pregunta. Dentro de los límites de la investigación en disciplinas como el arte, el diseño o la arquitectura, siempre se les dice a los investigadores incipientes que acoten; es la única manera de definir, abarcar y lograr un resultado medianamente satisfactorio en planteamientos como estos o en cualquier otra disciplina. Y no digo que sea mediano cualitativamente hablando, sino que en la mayoría de los casos, el tejido de una pesquisa de cualquier tamaño, va dejando hilos sueltos con los cuales se puede seguir otra ruta, profundizar, ampliar o cambiar de rumbo, como transitar las ramas de un árbol, como llegar a un cruce de caminos o a una disyuntiva. El universo de la mente humana me parece inabarcable e infinitamente complejo, sin embargo, dice Salman Rushdie que la literatura (en su caso) “está hecha en la frontera entre el yo y el mundo, y es durante el acto creativo cuando esta línea limítrofe se difumina, se torna permeable y permite que el mundo fluya en el artista y que el artista fluya en el mundo”. Coincido con que estas palabras pueden trasladarse al mundo del arte, porque cualquier forma de búsqueda que se plasma sobre una superficie mediante el acto de escribir, dibujar o pintar, es un medio articulador entre el interior y el exterior; a este acto Pallasmaa dedicó un volumen completo titulado: La mano que piensa.

La arquitectura no es la excepción. Trazamos, construimos y damos forma a nuestras ciudades según somos, esta geometría del espacio habitable, este intento de poesía, prosa o tejido entre el espacio vacío, el que se ocupa y el que habitamos es una refracción de nuestro interior en nuestro afán por tener lugares que contengan belleza y que sean funcionales. La arquitectura y su tarea -según el autor- consiste en mantener esta orquestación de la esencia de los lugares en los que existimos, para lo cual, esta debería ser capaz de frenar, en la medida de lo posible, la aceleración de nuestra experiencia del mundo: pausarla. Pienso en un museo, donde arquitectura y diversas formas de arte se conjugan. La experiencia de un espacio dedicado al arte nos obliga a ir despacio, a observar, nos impone a la contemplación, a darle la espalda a la prisa y a tratar de entender a quien se manifiesta en estas salas y lo que tiene para expresar, su mundo interior; como una declaración en voz alta y en comunicación con la arquitectura que lo envuelve.

Al tener esta experiencia pausada de nuestro entorno, podremos idealizarlo para poder recrearlo, reinterpretarlo, reinventarlo en espacios urbanos, arquitectónicos o domésticos; públicos o privados que sean y se conviertan en relevantes o significativos. La tarea del arte es entonces, mediar entre lo que somos y lo que pretendemos ser plasmado en lo concreto; en esta necesidad humana de alcanzar la belleza, es donde encontramos esperanza en el porvenir, un mundo sin belleza sería un mundo genérico, vacuo. La belleza no como un atributo estético sino verdadero, como decía Fromm: “la belleza no es lo opuesto de lo feo, sino de lo falso”. Porque en esta trasmutación de nuestro mundo interior volcado hacia el exterior por medio del arte, en cualquiera de sus acepciones, del diseño o de la arquitectura, es donde se plasma nuestra cultura, nuestra identidad, nuestra tradición, nuestros sueños y esperanzas, sean cuales sean las coordenadas geográficas en las que vivamos. En la lentitud, en la contemplación, en esta búsqueda y apreciación de la belleza es donde podremos encontrar nuestro arraigo y nuestro futuro: incluyente, amable, que refleje nuestros ideales.

Arquitecta por la Universidad de Monterrey. Cursó la maestría en Arquitectura con especialidad en diseño y tecnología ambiental en la Facultad de Arquitectura de la Universidad Autónoma de Coahuila, donde fue becaria del CONACYT y enfoca su investigación para la obtención del grado a los usos, aplicaciones y adaptaciones de la arquitectura vernácula a las nuevas demandas de la época actual. Es profesora investigadora con perfil PRODEP y coordinadora de posgrado en la Escuela de Artes Plásticas Prof. Rubén Herrera de la UA de C. Forma parte de la Academia de investigación, es miembro del comité de reforma curricular de ambas carreras, miembro del comité de la Maestría en Arte y Diseño, así como del Núcleo académico Básico del mismo programa, miembro del cuerpo académico “Expresión visual” de la licenciatura en Diseño Gráfico. Coordina la plataforma In Signia, sitio dedicado al estudio, promoción y preservación del patrimonio y los símbolos que conforman la identidad en su ciudad natal. Becaria del Programa de Estímulo a la Creación y Desarrollo Artístico (PECDA) Coahuila en el año 2012 en el área de patrimonio y como creadora con trayectoria en 2021, coordinadora del libro Umbrales. El centro de Saltillo. Visiones desde la transdisciplina, donde además colabora con un capítulo, ganadora del premio de periodismo cultural Armando Fuentes Aguirre “Catón” emisión número 23 en categoría Prensa.

Formó parte del equipo de diseño del prototipo de vivienda sustentable propuesto por el CINVESTAV. Autora del capítulo “Apropiarse el territorio” en “Dimensiones del Espacio” libro editado por la UAdeC. Colaboradora en diversas revistas de divulgación a nivel nacional y regional como la Gazeta del Archivo Municipal de Saltillo. Es analista, gestora y asesora en temas de reglamentación urbana. Estudiante de Doctorado en Arquitectura y Urbanismo en la Facultad de Arquitectura de la misma universidad en donde desarrolla proyectos de investigación relacionados con el patrimonio, los imaginarios y emblemas simbólicos.

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