Diario de un nihilista 22/07/18

Politicón
/ 22 julio 2018

    El General en su laberinto
    Vísperas del General:
    al fin halló una prisión
    que lo contenga; no caben
    cientos de horas de insomnio
    en el cubo de aluminio
    en donde reposa, atónito
    y aguarda el último juicio,
    cual si fuera un rey leproso,
    en esa cabina aséptica
    que el encono y el acónito
    le abrieron a flor de tierra
    por que muera por sí solo,
    pequeña como una cápsula
    de cianuro, calabozo
    donde la imaginación
    se le escape por los ojos,
    por complacer al Rey Chico
    que lo pusiera de hinojos,
    aunque ya escapó dos veces
    de tales cajas de plomo,
    insospechado Houdini
    que junta el banal aplomo
    de un administrador con
    la bonhomía de un oso,
    la sagacidad del gato
    que cae al fondo de un pozo
    con esa risueña astucia
    que es política en los zorros.
     
    Quién atrapa al General,
    su genio laberintoso
    lo saca de cualquier dédalo:
    una cárcel en el Polo
    lo pudiera contener
    si acaso, pero es dudoso.
     
    Ya veo a Carlos Slim
    en similar calabozo,
    sin lavabo y sin teléfono,
    sin chofer ni mayordomo,
    él que vendía pantalones
    puerta por puerta, en abonos
    y conoció la pobreza
    en sus luengos años mozos.
    Pero hay de millonarios
    a millonarios, hay fondos
    de inversión sobre las nubes
    cotizando en Bolsas, y otros
    que prosperan en la sombra
    sólo como bajos fondos.
    Dinero limpio que fulge
    cual si fuera honesto y probo,
    en ollas que el arco iris
    guarda del menesteroso
    y el otro, el dinero sucio,
    tan negro como el petróleo,
    en escrituras del Diablo,
    fruto del crimen y el robo.
    Tengo por hipocresía
    tal distinción: si lo froto
    el dinero queda limpio,
    recupera su decoro.
    Millonario, el general
    ni remendado ni roto
    entraría al club 
    de industriales:
    se cuece aparte en el pozo.
    En las páginas sociales
    se armará gran alboroto
    cuando Slim caiga en prisión:
    mas tema tan escabroso
    amerita otro corrido,
    pues éste se queda corto.
    Mientras tanto, el general,
    quien pasó de un siglo a otro,
    de uno a otro país,
    tal vez quede libre pronto:
    sobornará un día a Caronte
    para que lo suba a bordo,
    pues para hombres como él
    el dinero es un estorbo.

    Alfredo García