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Seis de agosto

Opinión
/ 6 agosto 2022
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La leyenda cuenta que un seis de agosto de hace 414 años, una mula con una caja sobre el lomo, atravesó por la entonces incipiente Villa de Santiago del Saltillo. El animal de carga se detuvo justo enfrente de La Capilla de las Ánimas, hoy conocida como Capilla del Santo Cristo, una edificación construida bajo los auspicios de Santos Rojo, un español de origen vasco radicado en Saltillo.

La misma leyenda asegura que los pobladores abrieron la caja cuyo contenido era la imagen de un Cristo en la cruz. Nadie reclamó la propiedad de la mula ni de su carga y los habitantes lo consideraron un milagro, y como todo milagro, había que celebrarlo en la fecha del supuesto suceso.

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Pero las leyendas son solo eso, leyendas, la historia, al contrario, es muy distinta. Carlos Recio Dávila, uno de los académicos e historiadores saltillenses más serios, afirma que la figura del Santo Cristo llegó a Saltillo en marzo de 1607 a instancia del comerciante local Santos Rojo, quien la había comprado en la feria de Jalapa. Se asegura que la jerarquía católica de entonces hizo coincidir la fiesta del seis de agosto, el día en que los evangelios dicen sucedió la transfiguración de Jesús, el evento en que el Nazareno acompañado de los apóstoles Pedro, Santiago y Juan, subió al monte Tabor, en la Baja Galilea y mientras oraba, su cuerpo se transfiguró —sus ropas se volvieron más blancas y su rostro resplandecía—.

Así que la fiesta de hoy seis de agosto, fue aparejada a la cuestionada transfiguración de Jesús y no a la de la supuesta llegada de un burro cargando una escultura hecha de pasta de caña de maíz. No hay ningún milagro. Desde entonces han pasado más de cuatro siglos, tiempo en que Saltillo vivió acontecimientos como la Independencia y el paso de Hidalgo por Saltillo; la guerra de Reforma y la estancia breve de Juárez en la ciudad, la Revolución Mexicana y hasta los ecos de la Guerra Cristera. Pero a pesar de todo, el seis de agosto se seguía celebrando.

La mezcla de fe y fiesta siempre han congeniado y todavía hoy, un buen grupo de saltillenses acuden al centro histórico para participar en esta verbena popular y disfrutar de la venta de todo tipo de comida y artículos, así como bailes de matlachines y juegos pirotécnicos.

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Pero hay una pregunta que me hice por años: ¿Por qué los saltillenses veneran más al Santo Cristo de la Capilla y no al santo patrono, el apóstol Santiago? Y me refiero a Santiago Apóstol.

La respuesta me la dio el doctor en filosofía Gabriel Verduzco, catedrático y teólogo y fue contundente: “Porque el Santo Cristo sufre como nosotros, en especial con los pobres”. La pobreza es el desafío moral más urgente en la actualidad. La pobreza viola cualquier valor y es una afrenta a la dignidad de las personas. El impacto del daño que la pobreza inflige en la vida de las personas por el sistema neoliberal rapaz y abusivo que nos rige.

¿Pero por qué tantas personas explotan a los pobres y se benefician de su situación desesperada? Explotar a las personas vulnerables debería ser un delito grave. ¿Por qué los cristianos todavía reaccionan tan a menudo como el hombre rico reaccionó ante Lázaro? Creo que los pobres merecen de nuestra acción y reflexión coherente y seria. Tenemos la responsabilidad de encontrar respuestas al problema de la desigualdad, concentración de la riqueza y al abismo que sigue causando el sistema económico.

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Es así, que en días como hoy seis de agosto, se vuelve importante el debate sobre la gente que sufre por la pobreza y el papel de una iglesia pobre y para los pobres, que deberían ser la respuesta para identificar las necesidades espirituales de gran parte de la población que sufre por su condición de pobreza. Una iglesia que esté del lado de los oprimidos, que busque su defensa y liberación. El capítulo 25 del Evangelio de Mateo establece: Dar de comer al hambriento, dar de beber al sediento, acoger al forastero, vestir al desnudo, cuidar de los enfermos, visitar a los encarcelados. Cuando hagan eso, entonces si platíquenme de los evangelios y las obras de Jesús él Cristo. Lo dicho por George Bernard Shaw, escritor y premio Nobel de Literatura lo resume todo: “El cristianismo podría ser bueno... si alguien intentara practicarlo”.

@marcosduranf

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