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Un diputado amaestrado

Opinión
/ 7 octubre 2021
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Fue el mayor logro de Rubén Moreira como des-gobernador de Coahuila su inestimable aportación al campo de lo paranormal, pues demostró que hay otro plano existencial mismo al que -para despejar dudas- mudó las finanzas estatales con ayuda de diversas empresas fantasma.

Su más estrepitoso fracaso sin embargo fue un programa de acondicionamiento físico que supuestamente pretendía poner en forma a los coahuilenses y las ‘coahuilensas’ como dijo el diputado aquel.

Dado que su hermano y predecesor, Humberto Primero, el Bailador, ya había arrasado con todo, Rubén Ignacio sufría para llenar su agenda gubernamental, así que no era raro que la ocupase con naderías (le juro que hasta hizo una jornada para despegar goma de mascar de las banquetas del centro, no es cuento).

Bautizado como “Mídete, Nútrete, Actívate”, el dichoso programa de acondicionamiento comenzó como gorda en enero, muy entusiasta. Y hasta le tomaron peso y medidas a todos los empleados gubernamentales dizque para darles seguimiento, ayudarles a mejorar su alimentación y motivarlos a adoptar un estilo de vida menos Godínez. El propio Rubén Ignacio se comprometió a bajar 20 kilos de su espesa humanidad, pero en muy poco tiempo y como la misma gorda de enero, ya por el Día de la Candelaria se olvidó por completo de sus buenos propósitos.

Si Rubén Ignacio perdió kilos, entonces se estaba quedando hueco porque lucía exactamente igual entonces y hasta la fecha. Y ojo: me han llegado a criticar por meterme con el físico de este viejo fofo y antipático, pero no me canso de decir que fue él mismo quien llevó este tema a la agenda pública con el fin de desviar la atención de sus incontables omisiones.

Moreira debió quizás tomarse en serio aquel compromiso: comer mejor, medirse (con el desfalco al erario, sobre todo), pero más que nada activarse, ya que hoy enfrenta uno de los mayores retos de toda su carrera (su carrera de trapacerías pero también política), desafío que le exigirá mucha resistencia y flexibilidad.

Para esta hazaña incluso hay que imaginarse a Rubén en leotardo y discúlpeme si está comiendo por traerle tan atroz imagen a la mente, pero la indumentaria le será muy necesaria para la proeza que está por ejecutar.

Rubén debe dar de saltos, echar marometas, correr, brincar a través del aro de fuego y ejecutar todas las suertes que su domador Andrés Manuel le ordene al chasquido del látigo de las denuncias pendientes en su contra.

La situación es ésta:

Hoy el Presidente está emperrado en sacar adelante su contrarreforma energética (luego discutimos qué tan buena, mala o terrible puede resultar, por ahora enfóquese en la manera en que será aprobada). No obstante, el viejito cotonete no cuenta con la mayoría calificada en el Congreso para lograr su propósito.

Dado que PAN y PRD, viejos e irreconciliables partidos, antes dignos de ser tomados en serio y hoy meras excusas de agrupación política, ya decidieron cerrar filas para desafiar la voluntad presidencial, y siendo Rubén Moreira el coordinador parlamentario del PRI en la Cámara de Diputados... ¿Quién cree usted que le va a conseguir al Presidente toda la votación tricolor que necesita para sacar adelante su energético capricho?

¡Exacto!: un legislador en posición de cabildear y con una carpeta gorda y puerca, reflejo fiel de su trayectoria política, con la cual lo chantajean.

Olvídese por lo pronto de ver algún día a Rubén Moreira compareciendo ante las autoridades. Este sexenio representaba la única ocasión para esto y en vez de ello, AMLI-Bebé decidió mejor ponerle una correa en el pescuezo y convertirlo en su ‘bitch’.

Así que encarecidamente le recomiendo que disfrute cada instante de este espectáculo, goce cada segundo del show de Rubencito haciendo machincuepas, bailando al son de la pandereta y parándose en una sola patita. Porque verlo arrastrarse a los macuspanos devaneos de AMLO con tal de preservar su libertad, será la única satisfacción que recibiremos los más empinados en todo este brete, los coahuilenses, quienes vivimos en un estado en perpetua bancarrota sin que nadie, ninguno de los responsables, haya jamás sido perseguido por la justicia en México.

Bien por el Chapatín Tlatoani, que al menos supo amaestrar a Rubén Ignacio para beneficio de sus truculentos propósitos. Desafortunadamente lo que alguna vez esperamos de AMLO -y a lo que de hecho le obliga la Ley- era que investigara y castigara con cárcel la malversación, el enriquecimiento ilícito, el tráfico de influencias; no que descaradamente utilizara la presunción de delitos como instrumento de extorsión política.

El PRI-MOR va imparable, no olvidemos que morenos y tricolores comparten el 99.5 de su código genético. Van de la mano decididos a sacar adelante cualquier delirio presidencial, porque para AMLO es la razón de ser y para los priistas como Rubén es la posibilidad de seguir libres, vigentes y con tiempo suficiente para reorganizarse y un día -no sé cómo ni cuándo, pero con toda seguridad- hacer un nuevo y muy espectacular “comeback”. ¡Por todo eso, muchas gracias, Andrés Manuel (gadamadre)!

Vea hoy al ex gobernador -¡en ajustados mallones!- contorsionarse y hacer sus evoluciones con tal de pulirle la reforma a AMLO. Véalo realizar proezas que parecen irrealizables. Hoy es la reforma energética, pero mañana puede ayudar a AMLO a darle el tiro de gracia a la democracia, porque Rubén, quien ya apuñaló a todos los coahuilenses, no tendría empacho en hacer lo mismo ahora con sus correligionarios y con todo México. Así que véalo hacer sus monadas al son que le toca el cilindrero de Palacio Nacional.

No es justicia, entretenimiento tampoco, pero le aseguro que le sorprenderá ver cuán flexible y acondicionado puede ser Rubén a la hora de evitar pisar Almoloya.

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