Bangkok, Tailandia.- Las fuerzas de seguridad birmanas abrieron hoy fuego desde dos frentes contra miles de manifestantes en el este de Rangún, donde continúan las protestas contra la Junta Militar pese a la represión policial y militar.
Las cargas comenzaron a las 16.00 hora local (09.30 GMT) en una habitualmente concurrida intersección de dos avenidas principales en el distrito de Tamwe, donde dos destacamentos de soldados bloquearon el paso a la marcha y empezaron a disparar contra la multitud, informó la radio Mizzima, que no ofreció datos sobre víctimas.

Por otra parte, un testigo relató a la misma emisora que entre 30.000 y 40.000 personas se habían congregado previamente delante de la pagoda de Sule.

Allí, los soldados efectuaron disparos al aire y amenazaron con apuntar a las masas si éstas no se dispersaban de inmediato, por lo que acto seguido los activistas decidieron dirigirse hacia Tamwe.

"Ha habido muchos disparos, pero no sabemos cuánta gente ha muerto. Es una situación terrible, pero cada vez se une más (gente) a las protestas", precisó el testigo.

Antes de emprender la marcha hacia el este de Rangún y después del tiroteo, que dejó diez heridos por impacto de bala, al menos unos cien civiles fueron detenidos y evacuados del lugar en varios camiones militares.

Según fuentes del Ministerio de Exteriores japonés citadas por la agencia Kyodo, un ciudadano nipón que portaba una cámara fotográfica falleció en uno de los tiroteos cerca de Sule, y diplomáticos de este país se han trasladado al hospital para confirmarlo.

Otro extranjero, de nacionalidad desconocida pero que, al parecer, portaba un bolso con un emblema con la bandera de Estados Unidos y cuya cámara de vídeo fue requisada por los militares, también resultó herido en los aledaños de la pagoda.

En el casco viejo, varios grupos de manifestantes fueron tiroteados por el Ejército en Pansodan, una calle comercial, mientras un vehículo fue incendiado en una esquina cercana.

También se informó de que un grupo de monjes había logrado detener a algunos funcionarios de la Junta Militar en el monasterio de Ngwekyaryan en el este de la ciudad, pero luego no se aportaron más datos sobre el incidente.

Ngwekyaryan es uno de los templos donde fueron arrestados durante la madrugada decenas de religiosos y amaneció en medio de cristales rotos de las ventanas, casquillos de balas y charcos de sangre.

Las mayoría de las protestas terminaron por disolverse con las cargas y después de que camiones militares con megáfonos recorriesen las calles de Rangún advirtiendo a la población de que tomarían "medidas extremas" si no deponían su actitud.

Tras diez días de manifestaciones, la Junta Militar declaró el toque de queda el martes pasado, prohibió las reuniones públicas y detuvo a varios líderes democráticos en las horas siguientes, además de instalar controles militares y policiales en monasterios, pagodas y puntos claves de las principales ciudades del país.