Luego de cinco años y nueve meses ininterrumpidos, esta es la última columna Mosaico de Egos, la número 300, que se publicará en las páginas de VANGUARDIA. Así que, por única ocasión, tomaré una licencia para hablar en primera persona y hacer un recorrido a través del ciclo que hoy concluye pues el periodismo -parafraseando a Tomás Eloy Martínez- no es un mero modo de ganarse la vida sino un recurso providencial para ganar la vida.

He transmitido mi opinión, pero también periodismo de datos y de investigación que ha sido replicado allende las fronteras del estado y que me ha permitido lograr reconocimientos desde un espacio pequeño, escondido al fondo de las páginas editoriales de un diario.

Sin comprometer mi pluma, aislándome de los vicios que acompañan al oficio.

Sin ceder a pretensiones externas que, de múltiples maneras, intentan colonizar, intimidar, acotar y eventualmente silenciar, someter o corromper.

Sin mayor línea que mis propias convicciones. Y aquí hago un paréntesis pues quienes escribimos somos sujetos, por lo mismo subjetivos. Sólo los objetos gozan de la objetividad como característica.

Sin desviar la mirada de la agenda local, cada domingo, todos los temas han versado sobre nuestra comunidad (mientras que para muchos es más cómodo hablar de Corea del Norte o más lejos y no comprometerse a los riesgos que conllevan los asuntos más próximos).

Sin rehuir al debate pero sin caer en confrontaciones estériles, motivadas por las vísceras y la mezquindad, no por un genuino interés en contrapuntear ideas como algunas veces fui convocado.

Sin bajar la guardia durante los periodos vacacionales ni fechas de coyuntura en las que se presume menor atención a los textos.

Sin entregar paja, procurando ser lo más riguroso en cada fecha de publicación, priorizando las primicias y piezas periodísticas de calidad invariable.

Sin ser el columnista enfadoso que, a falta de temas y sobra de ego, termina hablando de sí mismo y el micro mundo que le rodea (y que, justo es decirlo, a muy pocos importa).

Ofreciendo información con valor. En todo este tiempo he revelado más casos de corrupción inéditos en Coahuila que todo lo actuado por el Sistema Estatal Anticorrupción desde su creación. Y a las pruebas me remito.

Me queda claro que la comunicación evoluciona pero el periodismo es el mismo de siempre. Por ello hago mías las palabras de Tomás Eloy Martínez, uno de mis referentes, cuando afirma que un periodista está obligado a pensar todo el tiempo en su lector, porque si no supiera cómo es ese lector, ¿de qué manera podría responder a sus preguntas?

“A la avidez de conocimiento del lector no se la sacia con el escándalo sino con la investigación honesta, no se le aplaca con golpes de efecto sino con la narración de cada hecho dentro de su contexto y sus antecedentes. Al lector no se lo distrae con fuegos de artificio o con denuncias estrepitosas que se desvanecen al día siguiente, sino que se le respeta con la información precisa. Cada vez que un periodista arroja leña en el fuego fatuo del escándalo está apagando con cenizas el fuego genuino de la información. El periodismo no es un circo para exhibirse, sino un instrumento para pensar, para crear, para ayudar al hombre en su eterno combate por una vida más digna y menos injusta”.

Por todo lo anterior, mi agradecimiento a la Sra. Diana Galindo y Armando Castilla por el espacio sin censura ni cortapisas, también a quienes en todo este tiempo han formado parte del engranaje que permite la publicación de Mosaico de Egos en el periódico VANGUARDIA, y en especial a usted, lector, que semana a semana desde el 16 de junio  de 2013 me ha dispensado su atención.

Tengo 34 años de edad, 17 de ellos como periodista, y es momento de emprender nuevas historias.

En el camino nos encontraremos.

Gracias.

carlos_plata01@hotmail.com