En temas de ocupar puestos clave, en nuestro país, no se requiere en ninguna organización, cualquiera que sea su giro, ninguna de las dos competencias. Basta con que un grupo te apoye, tener un buen padrino, una buena recomendación, un buen familiar con quien las organizaciones o gobiernos tengan compromisos o una buena cartera que te dé la posibilidad de comprar voluntades o pagar campañas de cualquier color o sabor, para poder estar donde quieres estar.

Como ya se afirmaba en la anterior entrega, en muchos casos no están quienes deben de estar, entonces ¿todos han llegado a ocupar los puestos que ocupan de esa forma? Pues no, pero si una gran mayoría. Es cuestión de ver los backgrounds de quienes nos lideran para comprobar el dicho. 

La actitud tiene que ver con lo interno, me explico, con las motivaciones, intereses, necesidades y particularmente con el estado de ánimo. En ocasiones con el temperamento, el comportamiento y los impulsos para poder conseguir objetivos o metas que el individuo se ha trazado. Se dice, “aquella persona tiene mucha actitud”, porque se le ve el valor suficiente, el coraje, el ímpetu y las ganas para hacer las cosas. Pero no siempre quien tiene actitud puede conseguir lo que quiere, casi siempre se requiere la aptitud. 

La actitud requiere capacidad de juicio para tomar decisiones difíciles en un período corto de tiempo con información objetiva. Afinación del temperamento, modelación del carácter, que es la cualidad que define quienes somos y hacer que las cosas ocurran, honesto, tirado para adelante, inspirador, liderazgo, innovador, original y sobre todo con personalidad. Requiere una autoestima equilibrada, un autoconocimiento objetivo, una auto-aceptación de tus puntos fuertes y débiles, un auto-concepto real y una emocionalidad controlada. Ah y por supuesto una idea clara de la justicia.

El eterno problema de nuestros deportistas, servidores públicos y otros tantos profesionales es que están en el aparador, se notan mucho; son sanguíneos, pero no tienen la aptitud. Tienen ganas, pero no cuentan con las capacidades para realizar un buen trabajo y viceversa. Veámoslo de la siguiente forma, hay quienes tienen la actitud, pero no tienen la aptitud. Muy probablemente en el servicio público y en otras áreas laborales muchos quieren cambiar a México, que es lícito querer hacerlo, pero no tienen los conocimientos, las habilidades y las competencias para hacerlo. 

No bastan las buenas intenciones, no se puede decir “echando a perder se aprende”, se requiere la aptitud. La prueba y error nos ha complicado la vida social. No se trata de querer solamente, sino de poder y no siempre querer es poder. 

Esa es la actitud, la aptitud por su parte tiene que ver con las capacidades y las competencias, mientras que la primera se origina desde el interior de la persona, la segunda impacta completamente lo exterior. Tiene que ver más con lo operativo e implica la posesión de ciertas competencias que le darán a la persona la capacidad para desempeñar adecuadamente una actividad en concreto, es decir, el profesional debe de tener en claro no solo el dar por hecho que las cosas ocurren, sino que debe de responder a la pregunta ¿porque ocurre lo que ocurre? 
Por tanto, la cultura, la comunicación, los conocimientos y expertiz en su área de oportunidad, la competencia técnica, las habilidades conceptuales, el pensamiento estratégico, la habilidad para motivar, delegar, identificar y cultivar el talento. En una palabra es apto para desempeñar el puesto encomendado porque posee la inteligencia y las habilidades adquiridas a través de un proceso de aprendizaje, donde el cultivo de los razonamientos lógico, analítico, sintético, deductivo, inductivo, verbal y escrito, son notorios.

Por eso cuando vemos personajes públicos, en cualquier rubro, que prestan un servicio, no nos dan las sumas cuando vemos resultados. No se trata de estar, se trata de cambiar el estado actual de las cosas. En ese sentido, sin ser aplaudidor del libre mercado, el tema de la eficiencia y la eficacia es un tópico toral para lograr resultados, porque cualquiera que sea el trabajo que realicemos, se requieren los resultados. Lamentablemente en la sociedad en la que vivimos, la optimización de recursos y los resultados en todas las áreas son una preocupación de las organizaciones. 

Se da el dispendio, la corrupción, la impunidad y el despilfarro de lo que es de todos, justamente porque quienes son los líderes piensan que se trata de querer solamente. El tema de la actitud como lo vimos es integral, es decir, se requiere un proceso cognitivo y emocional que haga intersección con la realidad, un proceso afectivo equilibrado que no ponga en riesgo lo personal, con todo lo que esto supone y un proceso conductual internalizado que se evidencie a través de un comportamiento coherente. El tema de la aptitud requiere eficiencia, es decir, la habilidad y capacidad para poder dar resultados. Y a propósito de las olimpiadas, no se trata solo de competir, sino también de ganar. 

Después de la distinción de conceptos que acabamos de hacer, comience a hacer ecuaciones en todas las dimensiones donde se comprometen sus impuestos o bien donde se comprometen las esperanzas por ver una sociedad distinta. No se pueden trivializar estos temas, no se puede caer en la banalidad, no se puede ser tan frívolo cuando se habla de la formación de los profesionistas en materia intelectual y académica y teniendo en cuenta las responsabilidades adquiridas o por adquirir, en el contexto en el que hoy se encuentra nuestro país, ser presidente de la república no es cosa menor.