Se ha dicho ya del poder de las redes sociales en la comunicación política, lo vimos desde la Primavera Árabe en el 2010, donde todo un movimiento político-social se organiza a través de redes sociales.

Las elecciones presidenciales tanto de Estados Unidos como México no fue la excepción, no se entenderían sin las conversaciones en redes sociales. Muchos estudiosos de las relaciones internacionales aseguran que Trump hace política exterior a través de Twitter.

Beatriz Gutiérrez Müller, esposa del presidente Andrés Manuel López Obrador anunció la semana pasada su retiro de las redes sociales debido a las críticas de los “bots” (usuarios simulados).

Si bien es cierto tanto el gobierno como de Peña Nieto o de Calderón, a pesar de los escándalos de corrupción y violencia que se vivieron, ambos gobiernos estuvieron abiertos, en lo general, a críticas y burlas en los medios de comunicación tradicionales (televisión, radio) y redes sociales. Sobre todo en el gobierno de Peña Nieto, en el mayor escándalo de corrupción de la Casa Blanca,  Angélica Rivera salió y dio una explicación (buena o mala) y mantuvo abiertas sus cuentas de redes sociales en todo momento.

La Suprema Corte de Justicia de la Nación (SCJN) en marzo de este año obtuvo una resolución que prohíbe a cualquier funcionario público bloquear a ciudadanos de Twitter debido de la relevancia pública y la necesidad del escrutinio de todos. Esto a raíz que el Fiscal General de Veracruz, Jorge Winckler, bloqueó a un periodista, al no estar de acuerdo con las críticas a su trabajo; este periodista interpuso el amparo que dio pie a la resolución de la SCJN.

Uno de los grandes componentes de las democracias participativas es la libertad de expresión, tanto de los medios de comunicación como de los ciudadanos. En el siglo XXI donde la información se transmite de una manera mucho más rápida y a una mayor cantidad de personas, la capacidad de respuesta de los gobiernos no siempre es de la manera más eficiente posible, aunado a los obstáculos de las fake news (noticias falsas). Sin embargo, es un reto por parte del gobierno y los ciudadanos de construir un mayor nivel de debate. Esto solo se conseguirá, como cualquier deporte, ejercitándose todos los días, la participación (de ida y vuelta) activa.

Lo interesante e importante de las democracias en construcción son las conversaciones que se generan entre el gobierno y los ciudadanos porque esto nos permita aumentar la cultura política, es decir, la capacidad de informarse, criticar y participar de los ciudadanos, y esto produce al mediano y largo plazo democracias más sólidas, y por ende sociedades más justas e incluyentes, desarrollo para todos.

En resumen, si alguien pensará que el que algún funcionario público cerrará o bloqueará algún red social era su decisión personal y no afecta nada o nadie. Espero que ahora encuentren varios argumentos para pensar lo contrario.

El servicio público, ya sea en un cargo de elección popular o en la administración pública, debe ser una vocación, el más alto honor que se puede tener como ciudadano. Por ende, asumirse con la mayor responsabilidad y estar dispuesto a estar en el ojo público.

Es de todos exigir y criticar con argumento a nuestros servidores públicos, ser un escrutinio real de cómo se toman las decisiones y cómo se maneja nuestro dinero.

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