Foto: Luis Salcedo / Roberto Armocida
A través de terapias, la Clínica de la Memoria ejercita el cerebro atrofiado de personas de la tercera edad, quienes logran recuperar recuerdos ‘perdidos’

Aceleraba en la autopista manejando un camión de varias toneladas, quienes miraban -algunos sorprendidos, otros con admiración- estaban viendo a uno de los choferes de camiones de carga más hábil, no faltó a quien no le gustara lo que sucedía.

Desaprobaban por completo que ella fuera incluso mejor conductora, pues nunca una mujer se había atrevido a poner los pies en los pedales, sus manos en el volante y la palanca de velocidades de un enorme tractocamión.

Elena Socorro Calderón tiene 89 años, pero en su juventud se convirtió en la primera mujer trailera del país y llegó a tener una flotilla de camiones de carga, esa etapa de su vida es de las que más aprecia, pero hace tres años empezó a olvidar lo que había sido, la pérdida de memoria la alejaba de esos recuerdos que sin duda la hacen sentir feliz.

El deterioro en la memoria de Elenita se estaba volviendo preocupante, ya no recordaba con claridad lo que tenía que hacer, a dónde tenía que ir o incluso qué había comido, mucho menos lograba recordar con precisión aquellos detalles de su aventura en tráiler, la cual abandonó cuando cumplió 60 años.

Desde que Elenita empezó a quedarse en blanco su hijo Humberto no quiso permitir que su madre perdiera todos esos valiosos recuerdos que la hacen ser quien es, por lo que la llevó a la Clínica de la Memoria del Centro Estatal del Adulto Mayor, en donde desde hace tres años realiza ejercicios para recuperar la memoria que la edad le quiere arrebatar.

Foto: Luis Salcedo / Roberto Armocida

Tres veces por semana acude y las dinámicas de ejercicios cognitivos le han permitido recobrar poco a poco cada detalle que la marcó, gracias a eso Elenita ahora puede contar de manera fluida lo que fue su vida estando sentada en el asiento de un tráiler en plena carretera.

No tuvo miedo de ser trailera 

Iba a toda velocidad en la carretera a México cuando vio por los espejos que se aproximaban otros dos tráileres, creyó que sólo iban en la autopista como ella, trabajando, pero los choferes de esos camiones de carga tenían algo más que hacer que sólo llevar mercancía.

Se emparejaron con su gigantesco vehículo tratando de intimidarla, todo por ser mujer, no veían con buenos ojos que ella siendo pequeña y joven pudiera hacer lo que ellos, la siguieron, ella no se dejaba, aceleraba para tratar de tomar ventaja y no tener problemas, pero ellos no desistieron, en ese momento ella logró salir de la carretera, pensó que se detendrían a hacerle algo, pero sólo siguieron su camino, el único objetivo que tenían era tratar de asustarla para que abandonara ese oficio que pensaban estaba hecho para los hombres.

Eran los años 50 había cosas que las mujeres no “debían hacer”, entre esas manejar un tráiler, pero a Elenita poco el importó. Si ella tenía algo en la mira lo conseguía, muchos le dijeron que no lo hiciera, pero su perseverancia la llevó a convertirse en la primera mujer trailera del país y eso es algo que le enorgullece, pues demostró que la mujer puede hacer lo mismo que el hombre y a veces hasta mejor.

Foto: Luis Salcedo / Roberto Armocida
Yo andaba en el tráiler, me iba sola en carretera, dejaba mercancía de 300 toneladas, no me daba miedo”.
Recuerda doña Elena Calderón.

“Yo andaba en el tráiler, me iba sola en carretera, dejaba mercancía de 300 toneladas, no me daba miedo, manejaba muy bien, incluso hasta mejor que otros de los compañeros que se dedicaban a eso, me estacionaba con mucha facilidad, nunca tuve un accidente, aunque algunos choferes me molestaban, yo no le daba importancia, yo seguí con eso porque me gustaba, siempre quise ser trailera, hasta que lo conseguí”, recuerda Elenita.

Otras de las anécdotas que cuenta Elenita es cuando un policía la detuvo en carretera, se aproximó al tráiler y vio que ella era mujer, le dijo “¿y dónde está el chofer?”, a lo que ella le respondió: “yo soy el chofer”, el oficial no podía creerlo pues le parecía imposible, que una mujer tan pequeña y joven estuviera manejando una unidad de ese peso y que fuera sola en carretera. Creía que el “verdadero” chofer se había bajado del tráiler y que había puesto a Elenita al volante para librarse de una posible multa.

Así estuvo discutiendo un buen rato con el policía hasta que no le quedó más que creer lo que ella le decía. Con el tiempo Elenita se fue ganando el respeto de aquellos que la conocían pues en aquel entonces se necesitaba mucha valentía para dedicarse a manejar tráileres, con esfuerzo compró un camión de carga y luego otro y otro, hasta que se hizo de una flotilla.

Aunque Elenita dedicó gran parte de su vida a los tráileres, tuvo cuatro hijos que siempre la apoyaron en su trabajo y nunca le reprocharon que a veces no estuviera por andar en carretera o supervisando su flotilla de camiones de carga.
Una memoria que abraza

Tal vez la memoria de Elenita no está como cuando tenía 20 años, pero logra recordar los sucesos importantes de su vida, se esfuerza por hacerlo, se tarda un poco en dar detalles precisos pero lo consigue.

La vida de Elenita mejoró significativamente cuando empezó a tomar las terapias en la Clínica de la Memoria. Escribe, dibuja, convive con sus compañeros y tiene la oportunidad de contarles que durante mucho tiempo ella fue la mujer que no tuvo miedo de ser trailera, y que a pesar de que esos recuerdos se quieren alejar conforme pasa el tiempo, ella se aferra a no dejarlos ir, es muestra de que con sus casi 90 años, ella sigue luchando y no se deja vencer.

Foto: Luis Salcedo / Roberto Armocida

Los recuerdos se van

José Juan Bocanegra tiene 82 años, es compañero de Elenita en la Clínica de la Memoria, olvidó los nombres de sus nietos, cómo ir a la tienda, hasta cómo andar en bicicleta, aunque era algo que hacía a diario como pasatiempo, ya no podía ir solo a ningún lado pues no recordaba cómo regresar a su casa.

Contar dinero ya le era imposible, las calles no se le hacían conocidas, para él era como vivir en un mundo donde todo era desconocido.

Su nieto Héctor Adolfo Muñiz lo acompaña a sus terapias cada que puede. Desde hace tres años que José Juan va a la Clínica de la Memoria y ahora ya recuerda cómo pedalear en la bicicleta, cómo ir a la tienda y los nombres de cada uno de sus nietos.

Dedicó su vida a ser intendente en una escuela, pero en su tiempo libre disfrutaba de andar en bicicleta, hasta que hace tres años ya no recordó cómo subirse y mucho menos pedalear, pero desde que empezó a tomar las terapias en la Clínica de la Memoria ha vuelto a ser como antes, ya anda en bicicleta de nuevo, es capaz de ir a la tienda, cuenta dinero y recuerda cada uno de los nombres de sus nietos. 

Su familia no lo dejaba salir de la casa, pues sabían que si eso pasaba podría perderse y nunca regresar. Al platicar con José Juan se puede ver a un hombre optimista, risueño como pocos, sociable y ocurrente, ya es capaz de recordar cosas de su vida, de contarlas como si su memoria nunca lo hubiera abandonado.

Ahora puede volver a hacer lo que tanto le gusta, dar un paseo por la ciudad en bicicleta.

Lucila Ruiz Múzquiz, directora del Centro Estatal del Adulto Mayor

ESCASOS LOS GERIATRAS
Lucila Ruiz Múzquiz, directora del Centro Estatal del Adulto Mayor, expresó en entrevista que Coahuila carece de médicos especialistas en geriatría, ya que actualmente en el estado sólo hay 16 profesionistas en esta área y éstos deben atender a una población de adultos mayores de 237 mil.

En todo el país hay acreditados en esta especialidad sólo 450 y la población es de 10 millones de personas de la tercera edad.
Señaló que la enfermedad del Alzheimer ha ido en aumento, pues hace 3 años detectaban que el 4 por ciento de la población de la tercera edad tenía este problema y actualmente ya subió a 6 por ciento, esto es 237 mil.

Los aumentos de pérdida de memoria y Alzheimer, así como los problemas cognitivos, se tratan en la Clínica de la Memoria, donde las personas estimulan sus sentidos para tratar de disminuir o retrasar los efectos de dichos padecimientos.

Las familias de los adultos mayores también acuden, pues es importante que la familia se involucre en el proceso de deterioro de las funciones de las personas de la tercera edad, ya que deben de entender los cuidados que deben darle a alguien en esta condición.