E operativo llevado a cabo por EU para abatir al general iraní Qassem Soleimani debe ser entendido como el resultado de una complicada relación entre ambos países, cuya historia es la crónica de una crisis militar anunciada. En 1979, la Revolución islámica estalló en Irán, y uno de sus principales objetivos fue destituir a Mohammad Reza, quien fuera apoyado por la Unión Americana.

Desde entonces, Irán ha sido considerado como un país hostil por el gobierno estadounidense. Hasta la semana pasada, los conflictos entre las dos naciones habían sido evitados a través de una estrategia liderada por los EU, la cual empezó a cambiar dramáticamente desde los inicios de la administración del presidente Donald Trump.

Irán no representa una amenaza real para los EU. El tamaño de su economía equivale al dos por ciento de la estadounidense. Junto con sus aliados en Oriente Medio: Israel, Arabia Saudita y los Emiratos Árabes, la Unión Americana destina cincuenta veces más al monto utilizado por Irán para el apoyo a las fuerzas armadas. Irán no tiene la capacidad para producir armamento de vanguardia y su infraestructura militar no se ha modernizado.

Se ha dicho que Irán representa un riesgo debido a su posición geográfica, algo que no es del todo exacto. Es cierto que tiene una larga costa en el Golfo Pérsico, a través de la cual fluye alrededor de una quinta parte del petróleo del mundo. En teoría, Irán podría bloquear este flujo, cerrando el Estrecho de Ormuz, algo que tendría efectos negativos. Sin embargo, esta amenaza no es real, pues nunca ha podido cerrar el Estrecho y, de hacerlo, las potencias petroleras podrían usar vías alternas para exportar su petróleo.

El riesgo real es que Irán logre desarrollar un programa nuclear que le permita convertirse en la fuerza hegemónica de la región, algo contrario a la doctrina estadounidense. Durante la administración pasada, la Unión Americana resolvió este problema a través de la firma del Plan de Acción Integral Conjunto (PAIC), que establecía los límites del programa nuclear en Irán, y fue suscrito en 2015 entre éste, China, Rusia, EU y la Unión Europea.

Cuando Donald Trump llegó a la presidencia, los EU dieron un viraje a su política exterior en Oriente Medio, siendo su salida del PAIC uno de los principales componentes. Al salir del PAIC, el gobierno de EU empezó a aplicar una política de presión  contra Irán, imponiendo sanciones y controles a sus importaciones. Este componente encendió la  ideología iraní, que respondió derribando un dron estadounidense, atacando buques petroleros en el Golfo Pérsico y destruyendo una instalación energética en Arabia Saudita. El ahora abatido general Qassem Soleimani fue uno de los incitadores de estas acciones.

La muerte de Qassem Solemani generó acciones inmediatas. El sábado pasado, una base que alberga soldados estadounidenses en Bagdad, así como la zona verde donde se encuentra la Embajada del país norteamericano fueron bombardeadas por misiles. Como respuesta, el presidente de EU declaró que su gobierno ha identificado 52 sitios de suma importancia para Irán, que serán atacados si este último decide llevar a cabo actos de violencia en contra de su nación.

El día de ayer, el Parlamento de Irak aprobó una resolución para que los más de 5,000 soldados estadounidenses asentados en ese país fueran retirados, al tiempo que Irán anunció que ya no cumplirá con las restricciones a la producción de uranio establecidas en el PAIC. La situación evoluciona rápidamente, pero de las acciones de los próximos días dependerá que el frágil equilibrio de Oriente Medio no continúe deteriorándose.

Como en todos los casos, el contexto internacional es importante. EU, durante la administración de Trump, han profundizado sus vínculos tanto con Israel como con Arabia Saudita, países que no han tenido una buena relación con Irán. Por su lado, éste ha incrementado su presencia ideológica y material en Irak, además de tener influencia en el brazo paramilitar de Hezbolá. La decisión de escalar y detonar el conflicto, tomada por  Trump, se da a unos meses de que en su nación inicie el periodo electoral y en ese territorio ningún presidente que se haya intentado reelegir durante tiempos de guerra ha fracasado.

Lo ideal sería que las hostilidades cesaran pronto, que los países recobren la cordura y puedan volver a negociar los términos del PAIC. Sin embargo, ante la dronificación de la guerra, detonar un conflicto internacional parece ser más sencillo que lograr acuerdos duraderos para construir la paz. Es importante apoyar el uso de mecanismos diplomáticos para resolver conflictos, recordando que la violencia siempre generará más violencia.

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