Ya en otras participaciones hemos comentado respecto a los resultados naturales del desarrollo cíclico y fluctuante de la economía, para contextualizar las decisiones del actual gobierno norteamericano. Ante los acontecimientos que amenazan la dinámica económica mexicana y de Coahuila conviene un recuento.
 
Objetivo de la inversión de capital es la mejor ganancia posible. Las decisiones, en un ámbito permanente de competencia, se expresan en aspectos operativos según sea la inversión determinada (producción o servicios), pero fundamentalmente la competencia opera en calidad de los bienes y servicios; reducción de costos para precios competitivos que garanticen reembolso y excedente previsto; reducción de tiempos productivos y de entrega; y no sobre ofertar al mercado.
 
Así la inversión extranjera se ubica en países y regiones con menores costos salariales, asimismo con condiciones de logística y funcionamiento de la inversión, como infraestructura, capacitación especializada, desregulación, seguridad pública, estabilidad laboral y menores obligaciones fiscales, entre otras variables en óptima interrelación.
 
Para precios competitivos es normal la tendencia de reducción de sueldos y salarios a nivel global, con acentuación en países subdesarrollados: en México en los años setenta del siglo pasado la parte del ingreso de la población en el componente monetario correspondía al 42%, hoy no alcanza el 27%; en ese mismo tiempo en Estados Unidos dicho componente era cerca de 48%, hoy es alrededor de 40%.
 
La tendencial reducción del ingreso agregado reduce la demanda de mercancías y las ganancias de capital, de ahí la reducción de la inversión en producción y distribución, por eso el estancamiento económico mundial y el reducido crecimiento del empleo.
 
Además, un posible incremento de dicha demanda agregada puede eventualmente elevar los precios, pero la temerosa respuesta inmediata neoliberal estadounidense es incrementar la tasa de interés ¡para contener la demanda! ¿así cómo?
 
Ante la cerrazón de los demócratas (menos el precandidato Bernie Sanders) y del poder económico, tiene explicación la elección presidencial de Donald Trump en 2016, por la caída del bienestar de millones de estadounidenses, sobre todo las clases medias.
En México en los años setenta del siglo pasado la parte del ingreso de la población en el componente monetario correspondía al 42%, hoy no alcanza el 27%"

La respuesta proteccionista es previsible al proyectar aranceles a mercancías de empresas norteamericanas en el extranjero, más aún la reducción del impuesto corporativo de 35 a 21% es incentivo al retorno de inversión y compensar diferencias salariales para reducir la tasa de desempleo de alrededor de 4% en el vecino país (9 millones de personas).

El neoproteccionismo se hizo necesario ante los resultados de la “política de avestruz”, cuyo terco argumento es que por sí sólo el libre mercado asigna eficientemente los recursos, sin la participación del Estado en la economía.

Los efectos del neoproteccionismo económico de derecha se empiezan a manifestar. Ante los incentivos fiscales y amenazas arancelarias era previsible que inicialmente algunos modelos de producción automotriz —sobre todo los de más demanda— se trasladaran a los Estados Unidos. Sin embargo puede haber algunas compensaciones que retarden los efectos negativos.

Primero que el capital fijo, sobre todo con más innovación tecnológica, no se traslada a otro sitio de manera inmediata y la capacidad instalada inactiva genera pérdidas comparativas, de ahí que se opere para otros posibles modelos, como ya se ha anunciado. Aún con relativo impacto en el empleo, no es previsible una repentina salida de inversiones.

Por otra parte la depreciación abarata tanto las exportaciones mexicanas —que crecieron 13% en 2017—, como las inversiones extranjeras directas, este incentivo pueda contener la reubicación de capital fijo y atraer reinversión de ganancias y nuevas inversiones a nuestro País. 

Lo que se observa son contradicciones negativas previsibles en la dinámica del sistema económico, por eso, con Estado de derecho, es necesaria la orientación y planeación estatal de la economía, como en China y Rusia. Pero se les dijo y no escucharon… el destino nos alcanzó.