Apenas han transcurrido unas semanas del proceso electoral 2021 y ya podemos ver el profundo estancamiento político-democrático que prevalece en el País; de ello deriva un sinfín de problemas. México es una Nación tan maravillosa y los mexicanos son tan resilientes que avanzamos en muchos frentes a pesar de los políticos que encabezan los destinos de los tres niveles de gobierno.

No creo que en semejante estado de enfrentamiento y polarización puedan obtenerse resultados que beneficien a la sociedad, pues tienen como prerrequisito algún grado de acuerdo entre los tomadores de decisiones. Tales resultados urgen en todos los frentes y, por miopía, encono o egoísmo, se posponen una y otra vez.

Como era de preverse, el Presidente decidió subirse al ring electoral. Vale la pena precisar que está en su derecho. Solamente la trasnochada política priista alejaba formalmente al jefe de gobierno de la contienda electoral, a sabiendas de que actuaría entre bambalinas. Como ha sucedido desde que arrancó la actual administración, el Presidente sube al pódium cada mañana y se va contra sus adversarios. Es su derecho, es libertad de expresión y da en dos sentidos: desde el poder presidencial y desde quienes lo cuestionan.

No conviene olvidar el grave daño que, al comenzar el presente siglo, causaron a la democracia unos medios que recién estrenaban una libertad de expresión que desconocían. No digo con esto que los gobierno de Fox, Calderón y Peña Nieto fueran perfectos; todo lo contrario, y tampoco lo fueron los medios de comunicación. Alentados por una ganancia fácil, muchos se vendieron al mejor postor y atacaron por consigna, sin ton ni son. Por su puesto hubo honrosas excepciones.

Para la consolidación de las instituciones democráticas, el problema no es lo que el Presidente haga o deje de hacer durante las mañaneras; el problema no radica en que el Presidente persiga a los corruptos del pasado, son impresentables e indefendibles. Muchos opositores al régimen reconocemos ese esfuerzo, pero si somos sinceros es preciso decir que sigue siendo muy limitado y profundamente selectivo.

Rosario Robles sigue en la cárcel cuando, por ley, debería llevar su proceso en libertad que deberá terminar con una condena o una absolución. Pero existen otros corruptos del pasado que por ser cercanos a la 4T se nos muestran como menos corruptos, purificados por su cercanía al rayo salvador de López Obrador. “Para los amigos justicia y gracia”, el debido proceso es lo de menos.

El Presidente seguirá en campaña, le urge seguir peleando con molinos de vientos para justificar su lucha y sus errores, algunos graves, otros muy graves. Su cuarta transformación está en juego y su consolidación y avance dependen de la elección en curso. El radicalismo profundo sobre el que nos alertan sus detractores, sigue lejos de materializarse, aunque ya percibo suficientes señales: su enfrentamiento con el Poder Judicial y con todas las formas de discrepancia. Él es el pueblo, él lo encarna. No veo en esto nada nuevo bajo el sol, sólo diferentes estilos respecto del pasado.

No es problema que entre sus seguidores haya quien coloque a López Obrador a la par de Jesucristo, Gandhi o Mandela, como recientemente hizo el Lagunero Attolini. AMLO inspira cierto fanatismo o conveniente zalamería entre algunos seguidores, es preocupante, pero es cosa de ellos. El verdadero problema radica en que la oposición en México no logra ir más allá de Carlos Loret o Brozo. Fue necesario que regresara Fernández de Cevallos, a sus ochenta años, para tratar de inspirar uno que otro liderazgo. Los veo azorrillados, temerosos de que su posible valentía al enfrentar a López y al régimen les acarree represalias. De los “empresarios” mejor ni hablar, son los más apanicados.

No es cosa fácil, no se reduce a actos de valentía y carácter; faltan liderazgos aceptados por la opinión pública, son nuevos tiempos. Por citar un ejemplo, Ricardo Anaya es motivo de mofa en cada ciudad que visita y por cada mensaje que sube a las redes, incluso entre quienes se oponen al presidente López.

Mientras el pacto político no funcione, los acuerdos no podrán fluir, mientras la oposición partidaria no funcione, AMLO seguirá de frente sin contrapesos, con todo lo que ello conlleva, gracias a las muchas personalidades como tiene el señor, y sin una clara lógica política, económica y social. Mientras tanto, los municipios siguen dependiendo del presupuesto federal y los problemas concretos de las comunidades son todo, menos una prioridad. La política si no ofrece soluciones se convierte en un gran estorbo.

@chuyramirezr