Solidario. La exigencia de que los 43 estudiantes de Ayotzinapa regresaran con vida fue una de las causas que encabezó. / Archivo
El pintor falleció la noche del pasado jueves dejando tras de sí un legado artístico y las instituciones fundadas por él que han hecho de Oaxaca un núcleo creativo en el país

Ubicado en una antigua casa en el centro histórico de Oaxaca, cerca del ex Convento de Santo Domingo el Instituto de Artes Gráficas de Oaxaca es en la actualidad uno de los recintos y semilleros culturales más importantes del país, como sede de una colección de artes gráficas de relevancia internacional, una biblioteca con más de 60 mil volúmenes, un cineclub, un centro fotográfico, una fonoteca y generador de proyectos editoriales como las revistas El Alcaraván y Ediciones Toledo

Fundado en 1988 por Francisco Toledo en colaboración con el INBA, el Gobierno de este estado y la A. C. “José F. Gómez” —seudónimo bajo el cual el artista reunió la obra gráfica presente en la colección—, el IAGO es el ejemplo por excelencia de la generosidad y mecenazgo de este pintor, quien falleció el pasado jueves 5 de septiembre a los 79 años.

Con su partida nos queda su ejemplo de ímpetu y pasión por el quehacer artístico y el activismo y la preocupación para darle su merecido espacio a estas expresiones; por ello la comunidad artística de México está de luto. Fue su hija Natalia quien confirmó primero el deceso de su padre en la ciudad de Oaxaca, corroborado posteriormente por la familia del artista momentos después, añadiendo a la declaración que había estado débil de salud por los pasados meses debido a un cáncer que padecía.

Nacido en CDMX por accidente

Aunque la página de Wikipedia y algunos medios ubican su lugar de nacimiento en su querido Juchitán, de acuerdo con la periodista Angélica Abelleyra Francisco Toledo nació un 17 de julio de 1940 en la colonia Tabacalera de la Ciudad de México, detalle que, para el artista, fue un error; “Nací en México por accidente. Nunca tuve una liga con ese lugar. Uno es de donde se siente”, así lo declaró en entrevista con ella para el libro “Se busca un alma, retrato biográfico de Francisco Toledo” (Plaza y Janés, 2001).

Abelleyra, autora de esta biografía, escribe en el texto “Toledo, ese rehilete”, publicado en el sitio Paso Libre con motivo de su deceso, cómo la obra del pintor quedó marcada por su primeros años de vida en medio de un trajín semi-nómada, entre las poblaciones de Juchitán, Minatitlán, Ixtaltepec, Arriaga, Ixtepec, Oaxaca, la Ciudad de México y, luego de ser descubierto por el galerista Antonio Souza en la capital del país en los 60’s, Europa.

Por las cualidades de su obra, autónoma a los movimientos muralistas y de otros tipos generados en el arte en su momento, es asociado a la Generación de la Ruptura, junto a Gironella, Vlady, Vicente Rojo y José Luis Cuevas, aunque él comenzó a producir su trabajo tiempo después y no se encasilló nunca en clasificaciones.

Su estancia en Europa le resultó particularmente fructífera, no sólo por los conocimientos adquiridos, sino por el apoyo que recibió estando allá de Octavio Paz y de Rufino Tamayo, quien llegó a regalarle herramientas para el trabajo pictórico, en aun acto que el escritor consideró como “entregarle la estafeta” a Toledo.

El aborigen mexicano

Abelleyra también destaca en su texto cómo durante esta etapa europea conoció en los museos de allá las expresiones aborígenes que marcaron su estilo, notorias principalmente en su pintura, la utilización de los colores y la construcción de las figuras tanto humanas como animales.

En su trabajo de grabado —una de sus técnicas predilectas— así como en el escultórico se mantiene esta línea estilística, con motivos y temáticas referentes también a la naturaleza.

Su obra “Lagartera” se encuentra en el paseo Santa Lucía en Monterrey, Nuevo León. La escultura instalada en 2008 muestra en altorrelieve varios animales al nado como lagartos, peces, ranas y tortugas. En Saltillo realizó, durante la época de Humberto Moreira, una colección de grabados con el tema de los murciélagos.

Despedida. Familia, amigos y admiradores llegaron ayer al Instituto de Artes Gráficas de Oaxaca para despedir al activista, al artista, al hermano. / Archivo

Toledo y la literatura

En el ámbito literario ilustró el poemario de José Emilio Pacheco “Álbum de Zoología”, además de una edición del cuento “Pinocho” para el CONACULTA; fue cercano amigo de Carlos Monsiváis, con quien colaboró en varios proyectos y hasta se encargó de hacer la urna donde reposan sus cenizas; también, junto a su hija Natalia Toledo creó “La muerte pies ligeros”, historia sobre el origen de la muerte en el mundo inspirada por la serie de grabados que él hizo sobre este ente brincando con un mecate sobre distintos animales.

Filántropo

Además del IAGO Toledo fundó también la Casa de la Cultura de Oaxaca y fue parte de la creación del Museo de Arte Contemporáneo de Oaxaca y de la Casa de las Matemáticas, construida en un terreno que él donó.

En años recientes, por los sismos de septiembre del 2017, el IAGO se convirtió en escuela para muchos niños que perdieron las suyas por estos desastres naturales.

Fue reconocido con el Premio Nacional de las Artes en 1998, el Nobel Alternativo en 2005 y hasta apareció en la portada de la revista Forbes como uno de los mexicanos más creativos pero todo el dinero y la influencia que vino con este éxito siguió utilizándolo para apoyar a su Oaxaca.

Activista

Con papalote en mano, ilustrado con el rostro de uno de los 43 estudiantes desaparecidos en Ayotzinapa Toledo protestó porque se esclarecieran tales hechos, así como también luchó por proteger a la diversidad del maíz de los transgénicos en una campaña de escala nacional impulsada por él; evitó la instalación de un McDonald’s en el centro histórico de Oaxaca y fue protector de la flora y la fauna del Istmo —la cual figuró de manera prominente en su obra— .