Los cohetes, o pirotecnia, son como las drogas. Según mi entender, están requeteprohibidos, pero a la mera hora de la hora, todo el mundo tiene, todo el mundo saca, todo mundo compra, todo mundo vende y todos se las truenan que es un contento.

Pese a que la postura de la autoridad y el Gobierno al respecto es muy rigurosa, inamovible, terminan haciéndose de la vista gorda para que el pueblo consiga finalmente lo que quiere y le hace feliz.

No obstante, nuestra percepción sobre una y otras, sobre la pirotecnia y las drogas, ha evolucionado en direcciones, si no opuestas totalmente, sí al menos divergentes.

Y es que, mientras que el consumo de drogas va ganando adeptos entre el segmento progre, el uso de fuegos artificiales se desplaza en el sentido opuesto, pese a que la generación que hoy los condena quemó en su niñez más pólvora que toda la Guerra Civil Gringa y la Revolución Mexicana juntas.

Lo anterior no es reprochable, realmente, desde que los argumentos que se esgrimen sí van ad hoc con el mundo moderno.

En el caso de las drogas, por ejemplo, se aboga por descriminalizar al consumidor; tratar las adicciones como enfermedad, no como delito; empoderar al ciudadano para que sea responsable de su producción o consumo; reglamentar su venta y eliminar de la postura oficial los juicios de índole moral.

En lo concerniente a los cohetes, se dice y no sin razón, que son peligrosos, pueden provocar desde accidentes domésticos hasta tragedias a gran escala; generan basura y contaminación auditiva; afectan a los animales, callejeros y domésticos, y francamente son una forma de celebración un tanto rebasada para el siglo 21.

Pero ya le digo, drogas y cohetones, yacen en el limbo de la legalidad. Siempre proscritas, aunque unas en vías de recibir el indulto de la autoridad por aclamación popular y los otros… los otros no sé, pues aunque reiteradamente se suscitan percances y se demuestra que, con la actual densidad de nuestras ciudades -antes pueblos- no tienen cabida esas prácticas y costumbres, por mucho que las hayamos abrazado en épocas más cándidas, por mucho que sean tradicionales y la fuente de ingresos de numerosas familias y por mucho que nos chifle el olor a pólvora después de tragar pavo y tamales.

¿Qué va a pasar con la mota, las tachas, la piedra, la coca, las pastas, el peyote los hongos y la ayahuasca? ¿Qué con los cañoncitos, las palomitas, los chifladores, las abejitas, los escupe-fuego y las luces de bengala?

Primero deberíamos quizás decidir qué queremos hacer con unas y otros, para luego hacérselo saber a nuestros representantes y autoridades, aunque eso de ponernos de acuerdo está ya en los umbrales de la utopía.

De momento, la recomendación más sensata es la más sencilla:

¿No le gustan los cohetes, explosivos y pólvora? No los compre, no los truene. Proscríbalos en su hogar. Evite con anticipación los lugares y situaciones donde es muy probable la utilización de estos artefactos explosivos. Eduque a sus hijos dentro de sus principios y valores, explicándoles por qué son indeseables y peligrosos, pese a todo lo encantadores y divertidos que parecen. Enséñeles sobre las posibles consecuencias y dígales que ya tendrán edad de decidir sobre sí mismos y sobre sus propios hijos.

Y vale exactamente lo mismo para las drogas.

Incluso si está en favor del uso de sustancias recreativas para usted o sus hijos, se deben observar siempre algunas reglas muy elementales sobre sus efectos en la salud, como las consecuencias de carácter social y legal.

Como usted, yo tengo mi postura sobre lo que debe hacer la gente con su cuerpo, con sus drogas y sobre todo, con sus cohetes y explosivos. Pero de momento es irrelevante, sólo podemos decidir sobre nuestra conducta y quizás influir en la de nuestros allegados.

Ya le anticipo que la celebración de Año Nuevo, traerá como de costumbre, mucha sustancia y mucha tronadera.

Si va a utilizar una u otra, sea consciente de la manera en que ello puede afectar a los demás, a su entorno, a su familia, a sus relaciones y hasta a los inocentes animales.

Si aun así le piensa entrar, sea cuidadoso y no se exceda. Que el 2019 le espera y no vaya siendo que no llegue nomás porque decidió quemar un cohete o las patas del chamuco.

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