El reconocer que todos somos responsables de lo que ocurre en la sociedad, es asumir los compromisos que como ciudadanos tenemos en la conformación de la misma. Hemos vivido ya en el año 2000, un cambio de partido en el gobierno, es decir, hemos vivido la transición, pero ahí nos quedamos, no se dio el paso siguiente y esto es porque el hacer ciudadanía se ha quedado siempre en las urnas y no en la cotidianidad. Los ciudadanos no surgen por generación espontánea, es decir, por obra de la casualidad, surgen de los procesos educativos serios, formales e intencionales, donde se pone en el centro los intereses del otro. 

El problema que permanentemente hemos tenido y tenemos, es que hemos responsabilizado a los gobiernos de la vida que llevamos. Por supuesto, hay una gran responsabilidad. Pero tan responsables son ellos como órgano ejecutivo del estado, como nosotros como equilibrio necesario para la buena marcha del mismo. Ojalá y nos quedara claro, la popularidad del EPN, es la popularidad de la democracia. La forma cómo actúan los servidores públicos es la forma que tenemos de entender la democracia. La SCJN, el INE, y los demás órganos que conforman nuestra precaria democracia, son un reflejo de una ciudadanía inactiva, apática e inoperante; que hemos dejado al gobierno toda la responsabilidad y las consecuencias ahí están, un país pobre, subdesarrollado y desigual.

En ese orden de ideas, seremos para bien o para mal los responsables de lo que ocurrirá en el estado en los próximos seis años. En nuestro caso, ante un nuevo escenario, en un contexto de transición y ante una alta expectativa con el gobierno electo, se espera que los ciudadanos estén a la altura. Para un nuevo gobierno, una nueva ciudadanía. Te propongo 9 actitudes operativas que podrían cambiar la realidad política y social en nuestro país:

Requerimos una ciudadanía que controle la agenda pública. La agenda pública consiste en vigilar, supervisar, controlar y moderar la forma como se gobierna, pero sobre todo que es una nueva responsabilidad de la ciudadanía que se  debe fomentar y llevar a la práctica. El gobierno es un gestor, es un instrumento, pero quien determina la agenda pública, es justamente el público.

Que sea racional. La racionalidad nos permite hacer un ejercicio de análisis y de toma de decisión adecuadas sobre quienes nos conviene o no como sociedad para que asuma un cargo  o puesto público, pero sobre todo nos permite recopilar elementos para apreciar, con objetividad y fundamento, sus propuestas, sus trayectorias políticas y profesionales, sus formaciones académicas y en lo relevante para la función pública, sus características personales. La racionalidad la debemos de aplicar en lo cotidiano sin importar filias o fobias partidistas.

Que actúe con responsabilidad. Si decimos que la responsabilidad es la capacidad de asumir las consecuencias, también es la capacidad de prever el impacto de las acciones. La participación ciudadana se convierte en este sentido un ejercicio de prevención de lo que podría ocurrir en el futuro y de lo cual podríamos como ordinariamente lo hacemos, de arrepentirnos. Hemos tocado fondo porque los ciudadanos no hemos sido responsables. El ejemplo es muy simple, hay un desconocimiento de nuestros derechos y de nuestras obligaciones.

Que actúe de forma autónoma. La presión, los intereses y los compadrazgos reducen el nivel de autonomía que no solo en temas políticos y ciudadanos debemos de tener, sino en la vida ordinaria. Que nadie nos presiones o coaccione ni psicológica, ni política, ni emocional, ni socialmente, es todo un reto en estos nuevos tiempos.

Que actúe siempre teniendo en cuenta que vamos juntos y nos jugamos el futuro. Asumir un destino colectivo, implica el ser solidarios con los que menos tienen, pensar en plural y no en singular, abrir oportunidades para todos, generar mejores condiciones.

Que fomente la cultura de legalidad. La legalidad es un valor fundamental de la democracia, porque garantiza a los ciudadanos el ejercicio de sus derechos y el cumplimiento de sus obligaciones. Es el apego a las leyes para que los individuos las acepten y las tomen como suyas. Sirve como criterios de orientación para su actuar cotidiano, en un marco de respeto a la dignidad, la libertad y la igualdad. 

Que haga de la deliberación pública una costumbre. En sociedades heterogéneas como en las que ahora vivimos, la libre discusión es fundamental para llegar a consensos. El uso de la plaza pública en cualquiera de sus múltiples formas es hoy por hoy una de las respuestas para controlar y moderar el poder de quienes gobiernan. La preocupación por lo público tendrá que ser en estos nuevos tiempos uno de los elementos que nos posibiliten de forma transparente y nítida, la democracia.

Que exija a los medios de comunicación objetividad  y certeza en la información. Debemos de tener en cuenta que son gestores de comportamientos específicos y realidades que se imitan, de ahí la importancia de tener medios que respondan al bien de todos los que consumimos sus contenidos. Pero sobre todo habrá que considerar que lo que dicen no está escrito en piedra. Debemos de exigir de ellos objetividad, veracidad y pluralidad. Por todas esas razones debemos exigir medios que construyan la democracia.

Pero sobre todo que participe de forma activa. Participar es la práctica social a través de la cual la población, de manera individual o colectiva; interviene en la toma de decisiones respecto a lo público en el involucramiento en el diseño gestión y control de políticas públicas compartiendo el poder real de decisión para proponer, acompañar, vigilar y controlar las acciones del gobierno y del Estado impidiendo la privatización del ámbito público y su manejo bajo prácticas clientelares, paternalistas, populistas y autoritarias. 

Todos somos políticos. Todos por tanto, somos corresponsables. Lo político se nos da en virtud de la necesidad que tenemos de vivir juntos, en sociedad. Porque sabe que necesita del otro para vivir y convivir, para vivir una vida con más calidad. Y si el Estado, creación que brota de la necesidad que descubre el hombre que sabe, que es mejor vivir en comunidad no responde al objeto formal de su presencia que es promover el bien común y brindarnos seguridad, entonces que poco racionales somos. Política no tiene un significado único, es muy amplio y abarca cualquier tipo de actividad autónoma, entenderemos solamente la dirección o influencia sobre la trayectoria de una entidad política, aplicable en nuestro tiempo al Estado. Es la aspiración a participar en el poder o influir en la distribución del poder en una sociedad determinada, de ahí que todos podemos realizar estas acciones. Para un nuevo gobierno, una nueva forma de hacer ciudadanía.