La primavera es como el otoño. Una estación intercalar. No les conviene a ambas ser ni demasiado frías ni demasiado calientes. Algunas veces al otoño se le pasa la mano con días gélidos de anticipación. La primavera también, que ya se despidió, jugó al subibaja con el termómetro y lo mismo padeció nostalgia invernal que pronóstico veraniego. Con el solsticio se inaugura la estación que formalmente ha de ser caliente. Es tiempo vacacional.

Siguen pasando los días que sumarán 45. Por lo que se va informando parece que se camina hacia una promesa cumplida de menor migración. Ya Donald Trump ha felicitado a México por la notable disminución hasta la fecha. Es conveniente lograr una meta satisfactoria, no solo para evitar aranceles, sino para que se logre el apoyo suficiente a la propuesta mexicana.

Tiene una originalidad por su amplitud regional y por estar dirigida a remover las causas que generan los desplazamientos migratorios. Llama la atención porque se está convirtiendo en un vértice de apoyos internacionales. Ya hay naciones poderosas que están dispuestas a apoyar generosamente, en efectivo y en especie, para hacer de Centroamérica un sitio no solo de suficiencia, sino de prosperidad.

Y no se trata de un largo plazo, sino de algo que ya empieza a funcionar. El trabajo de plantar árboles maderables y frutales con remuneración suficiente hará que los deportados no sientan que vuelven a lo mismo. Que los espera un trabajo seguro y remunerado. Hasta el transporte de regreso se está facilitando con la oferta de Volaris al ofrecer vuelo a un dólar a todo migrante que quiera regresar.

Las aportaciones de EU y Canadá, de Alemania y de España irán contagiando a más países de la ONU para que esa propuesta tan completa empiece a ser imitada. Ya no se subrayarán tanto las fronteras, sino que se extenderá la actitud fraterna y la generosidad que suprime las carencias y los rezagos, las desigualdades y las marginaciones. Habrá más regiones en el mapa mundial en que no todo quede en represar, contener, resistir y detener, sino en crear programas solidarios de promoción integral en las regiones que se convirtieron en inhabitables.

Son estas pistas veraniegas que se abren frente al dinamismo solucionador. Incluye una conciencia más madura y una visión menos enjaulada. No es solamente la molestia de la estampida humana vista como riesgo, sino la comprensión de sus motivaciones. No queda todo en asustar y culpar, sino la opinión pública mundial está presenciando un ambicioso intento de humanizar esos desplazamientos.

Ya no será algo vernáculo o solo regional, sino que inspirará una nueva actitud generalizada que incluye una victoria sobre la dureza fronteriza, y ofrece recursos, brazos e inteligencia a quienes ya solo pensaban desesperadamente en fugarse de lo insoportable.

Esperemos que prospere esta corriente de civilización y solidaridad que ya no es solo de parche o pomada, sino que llega a sanar la raíz contaminada...