La semana publiqué el artículo titulado “Fortnite, nueva causa de divorcio”, y un chico de 11 años me escribió un mensaje reclamando que sus papás no lo dejan jugar Fortnite por el artículo que escribí. El mensaje dice:

“Mis papás me han explicado que no debo jugarlo porque me distancia de las personas, me hace violento, me comporto desobediente.

“Este juego, al estar de moda con muchos niños, no nos hace daño porque es una oportunidad para convivir online con los amigos, también puedes aprender (el nombre de las armas, ahorrar…).

“Mi mamá cree que no nos hace bien y que tenemos que hacer cosas más productivas, pero yo opino que no toda la vida va a ser de aprendizaje y que también a veces se necesita libertad y diversión.

“También creo que lo violento y lo mentiroso y desobediente que me pongo no es por el Fortnite sino porque soy un niño y no lo puedo controlar”.

Fortnite es el videojuego que está de moda entre los chicos y adolescentes. Tiene más de 150 millones de usuarios y consiste en llevar a 100 personas a una isla, el objetivo es exterminar a todos y el ganador es el último sobreviviente.

Quiero agradecer a este chico por su sinceridad y la oportunidad que me dio para conocer su punto de vista. Efectivamente, este videojuego genera un punto de reunión entre los amigos, como antes era ir a jugar la “cascarita” con los vecinos del barrio o compañeros de la escuela. También permite tener un momento de diversión y esparcimiento, como antes era jugar con el yo-yo, balero, trompo, la matatena o las canicas. Todo niño merece jugar y convivir con sus amigos. Sin embargo, los niños deben saber que para todo hay su tiempo. Cuando el chico escribe “también a veces se necesita libertad y diversión”, ¿qué significa a veces?, ¿una hora al día o dos? ¿Qué significa libertad?, ¿hacer lo que uno quiera y cuando lo quiera?

Recordemos que los adolescentes no han madurado su lóbulo frontal donde se encuentran las funciones ejecutivas como son: saber elegir bien las metas, tomar buenas decisiones, controlar los impulsos, tener metas a largo plazo, empatía y tolerancia a las frustraciones. Es muy difícil convencerlos de lo que es mejor para ellos si todos los demás lo tienen y lo juegan. La adolescencia es la etapa más importante donde el pertenecer y ser aceptado por un grupo de amigos es lo más importante de su vida. La exclusión es quizás el dolor más grande que pueden vivir. Sin embargo, los privilegios y permisos se ganan demostrando responsabilidad y control.

Si un chico por estar jugando el videojuego olvida hacer su tarea o hace un berrinche para no ir a cenar en familia, manifiesta poca autorregulación en sus comportamientos y necesita ser supervisado. Pero si un chico acepta los límites y cumple con sus obligaciones de hijo y estudiante, no tendrá problemas en pasar parte de su tiempo de diversión en el videojuego. Lo que determina el jugar o no jugar es la actitud, madurez y capacidad de autocontrol de los chicos ante la tecnología. Uno de los altos riesgos es crear una adicción que lo esclavizará y no le permitirá vivir con libertad y determinación. Ojo, papás.

jesus.amaya@udem.edu