A una semana de lo ocurrido en el Colegio Cervantes de Torreón, Coahuila, hay muchas preguntas que respuestas. A las pocas horas de lo ocurrido, el gobernador Miguel Ángel Riquelme salió a rueda de prensa a decir que era culpa de los videojuegos. Y a menos de una semana, tanto la Fiscalía como la Unidad de Inteligencia Financiera, le echaron la culpa al abuelo, por tener diferentes armas en casa y tener una fortuna de millones inexplicable. Se ha dicho que el padre estuvo preso en Estados Unidos y su madre murió en el 2014, y su abuela materna fue asesinada en el 2010.  

¿Fue culpa de los abuelos? O ¿Fue culpa del entorno en donde vivía? ¿Fue culpa de los maestros? ¿Fue culpa de los directivos escolares? ¿Fue culpa de la Secretaría de Educación? ¿Fue culpa de los compañeros de su salón? ¿Fue culpa de la comunidad escolar en sí? ¿Fue culpa de la ciudad normalizada en la violencia y en el día a día? ¿Fue culpa del Estado por no proveer espacios seguros? ¿Fue culpa de nosotros como sociedad por no exigir?  Es culpa de todos.

Lo que me parece más interesante es la reacción del gobierno del estado y de algunos de los municipios por aumentar los operativos mochila (sumamente cuestionados por su efectividad y la discriminación institucional que representan) y presencia de policías y hasta la Guardia Nacional en los planteles educativos de Coahuila.

Una de los comentarios de Beatriz Gutiérrez Müller fue: “mochila segura desde casa”. Me parece muy cómodo por parte del Estado que quiera siempre culparse a los padres (por sí solos) que no revisan qué hay en las mochilas. Esto va mucho más allá de conocer qué hay en las mochilas. Un adolescente no se levanta un día y decide que quiere matar a alguien. Le costó varias noches o meses en pensarlo. ¿Dónde estuvimos todos esos meses que José Ángel estuvo pensándolo?

El Estado, tiene la obligación constitucional de proveer espacios seguros para garantizar educación de calidad. Prevenir la violencia escolar debe ser su prioridad.

Ejemplo, en Piedras Negras, por lo menos, esta semana se observó presencia de la Guardia Nacional en diferentes planteles de educación básica, desde jardines de niños hasta secundarias. ¿Realmente el Ejército con armas largas fuera de las escuelas traerá menos violencia? ¿Cuál es la idea, asustar a los alumnos o decirles que si intentan algo los van a matar? Hay que recordar que los actos violentos de menores en escuelas en su mayoría terminan con suicidio. Para mí, el problema real está en el valor que se le da a la vida. Estoy segura que armas largas fuera de las escuelas no acabará con la violencia. Esa es una política reactiva de parte de nuestras actividades, es más que claro que no saben qué hacer.

El tema de violencia escolar no es nuevo, tanto en Nuevo León como en Coahuila, existen diferentes investigaciones de universidades públicas y privadas, que focalizan dónde está el problema y sus diferentes causas. Este es un problema complejo, pero silencioso, puede incubarse por años (o meses) y después explotar enfrente de los ojos de todos.

Este es un llamado enérgico a alcaldes, gobernadores y al Presidente a pensar en la prevención de violencia y en la adquisición de competencias ciudadanas y habilidades para la vida que les permitan a nuestras niñas, niños y adolescentes discernir entre el bien y el mal. Esta inversión no se ve al corto plazo, ni es electorera, pero es lo que se necesita. ¿Cómo más podemos explicarles que es urgente?

Por ti José Ángel, esperemos que la próxima vez no lleguemos demasiado tarde.

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