Torreón es una joven ciudad de 115 años. Nace, crece y florece con la modernidad del capitalismo porfirista montado sobre un ferrocarril repleto de Adelitas y Juanes revolucionarios. Julián Herbert, en su libro “Desde la Casa del Dolor Ajeno”, precisa esa paradoja: “Torreón es una ciudad profundamente porfirista que ama la revolución con ardor de quinceañera”.

Torreón nace –con la mirada puesta en el futuro– bajo una modernidad avanzada, sin atavismos tradicionales o herencias coloniales. Y mucho menos, con una preocupación puntual por conservar o reconstruir su memoria histórica, porque su origen dicta el sentido de su época: “todo lo sólido se desvanece en el aire”.

Por eso, a pesar de que nuestra memoria –cual arena del desierto– se diluye entre nuestras manos al intentar apresarla: ¿quién registra –conserva y preserva– en esa región de nuestro cerebro/corazón colectivo –como torreonenses–; lo que nos ha conmovido, dolido, confrontado y transformado durante nuestros 115 años de edad?

Los esfuerzos han sido erráticos y dispersos; con excepciones notables, radicadas en los trabajos de investigación histórica de Sergio Corona y Carlos Castañón, entre otros. Pero la lucha por derrotar el olvido en Torreón es titánica: cuando caminamos sus calles para recordar los rostros y las vivencias que nos ligan a sus calles, casas y edificios; sólo nuestra volátil imaginación salvaguarda la memoria ante su destrucción o desaparición física.

Lo mismo ocurre con los monumentos históricos; hemos vandalizado o desaparecido referentes básicos: entre otros, las estatuas del Hortelano Chino y del Centinela del Desierto, las placas de los bustos de los fundadores de Torreón y del Corredor de Escritores, las esculturas de la avenida Morelos desaparecidas en 1952, el árbol de Gibran Jalil Gibran –donado por la comunidad libanesa– y el Memorial de los Desaparecidos por la violencia criminal de 2007 a 2014 en Torreón. 

Entonces; ¿para dónde mirar cuando queramos nutrir nuestro cerebro/corazón torreonense, con aquello que nos ha conmovido, dolido, confrontado y transformado durante nuestros 115 años de edad?