Teníamos muchos años, por no decir décadas, diciendo cómo sería el futuro. Desde los supersónicos, esta caricatura (de mis favoritas de niña, debo decirlo) con naves especiales, oficinas móviles, robots, celulares y computadoras por todo, hasta películas de Hollywood futuristas en donde la tecnología era imprescindible para realizar cualquier tipo de tarea y las relaciones humanas, nuestras interacciones eran radicalmente diferentes. Pero todos, me atrevo a decir, pensábamos que probablemente no viviríamos para ver esos cambios sociales y económicos en nuestros entornos.

Esta pandemia nos ha puesto a prueba a todos, chicos y grandes, nuestra capacidad de adaptación y resilencia. Abuelitos aprendiendo de forma rápida y eficiente a usar dispositivos y plataformas de videollamadas para ver a sus nietos, así como oficinas completas dentro de computadoras en cuestión de semanas. 

Sin embargo, no todos estos procesos han sido exitosos. Expongo dos casos brevemente. 

Energías renovables. Hay más de un lugar en México y América Latina donde la economía completa de una región depende de la extracción de combustibles fósiles (petróleo, carbón). Un ejemplo claro es la región carbonífera de Coahuila, que comprende los municipios de Sabinas, Múzquiz, San Juan de Sabinas, Progreso y Juárez. Se contempla que alrededor de 20 mil empleos dependen de la extracción de carbono.

Si bien la zona ya tenía problemas económicos a raíz del cambio de forma de compra de la CFE (por decirlo de una manera simple), ahora con el confinamiento ha empeorado drásticamente, mientras que los diferentes ordenes de gobierno no tienen una estrategia clara aún de qué hacer con las decenas de miles de familias que viven en la zona, aunado a la reciente suspensión de proyectos nuevos de energías renovables por el Gobierno Federal, poniendo en pausa (y perdiendo millones de dólares en el proceso) los proyectos de este tipo. En este orden de ideas, considero que se les acabó el tiempo para pensar en alternativas de solución, se necesitan acciones concretas y eficientes para activar la zona de manera urgente. Si no las va a tomar el gobierno estatal o federal, tendrá que ser alguien más en el corto y mediano plazo. 

Educación. Con el fin del ciclo escolar, este viernes 5 de junio, de manera repentina y abrupta, parecería más un “salvados por la campana” para todos: directores, maestras y maestros, papás, alumnas y alumnos. Tampoco es un secreto que la “educación a distancia” fue un proceso cansado, difícil y lleno de complicaciones por la ausencia de la tecnología, tanto de la SEP como de las familias mexicanas, muchas de ellas tenían problemas para pagar las cuotas, uniformes, libros y libretas antes de la pandemia. Por ende, adquirir dispositivos tecnológicos suena totalmente impensable a las realidades en general. Todos esperamos y confiamos que en verdad los niños y niñas puedan volver a clases en agosto como está estipulado, tantos los padres de familia como los maestros. 

Pero, ¿estamos preparado si eso no pasar?, ¿estamos pensando en alternativas claras, viables y sobre todo eficientes para que las niñas, niños, adolescentes y jóvenes no pierdan su proceso de formación con todo lo que eso conlleva? Tomemos un segundo antes de responder la pregunta.

Lo volveré a decir: no podemos pensar que regresaremos a donde estábamos, haríamos mal en creerlo así. Al gobierno no le alcanzó, ni le alcanzará, solucionarlo todo. Pensemos en alternativas de solución a las problemáticas, sin duda, también son los negocios del futuro, o mejor dicho, del presente. 

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Cecilia García