Redacción
Cancún.- Anoche se confirmó de nueva cuenta lo que todo México sabe. La mejor inversión del torneo la hizo Atlante al contratar a Giancarlo Maldonado. El goleador de O'Higgins de Rancagua, un modesto equipo chileno, puso en ebullición a Cancún y con él a los fieles aficionados potros.
De Venezuela para el potro, con escala en Chile llegó Giancarlo, que consiguió la que hasta el momento es la más importante anotación con Atlante en su corta estancia en Cancún. El gol del pase a la final.

El 1-0 (1-1 global) fue muy poco para lo que generaron ambos equipos, pero suficiente para un Atlante que fue capaz de crearse el inicio perfecto, el que le permitiera despojarse de toda la presión de la desventaja.

Francisco Javier Rodríguez aseguró que esperaba a unos Potros desbocados desde el silbatazo inicial de Armando Archundia y no se equivocó.

De hecho, él pagó el precio de la necesidad quintanarroense. "El Maza" y Jonny Magallón fueron los principales sorprendidos a causa de la posición en la que Christian Bermúdez fue colocado anoche.

José Guadalupe Cruz optó por situar al "Hobbit" como enlace y la apuesta rindió frutos en menos de 180 segundos.
El mundialista Sub-20 fue el generador de la acción que Giancarlo Maldonado (3') convirtió para darle al Atlante el boleto a la serie por el título.

Aunque su magia no se limitó a ese truco. Al final, el Atlante volvió a demostrar que es un equipo que no sabe defenderse, pero el Guadalajara también confirmó que le falta `punch'. Defecto que, en ocasiones, lo merma anímicamente.

La falla de Omar
Una jugada en particular fue determinanate en el juego: el gol invalidado a Ramón Morales por fuera de lugar de Bravo.
Omar estaba consciente de que el ímpetu lo había traicionado.

Eso explica que haya sido el único jugador de Chivas que no corrió a felicitar a Ramón Morales tras el gol que sólo ilusionó a sus 10 compañeros y a los miles de aficionados rojiblancos.

El sinaloense pegó una carrera para reclamarle al árbitro asistente dos, Carlos Ayala, tras la señalización del fuera de lugar que la anotación.

El destino se encargó de volver a poner a Bravo en el lugar indicado, aunque esta vez se equivocó e impidió el empate.
Una vez más, Chivas fue un equipo con vocación ofensiva; una vez más, arrinconó a su rival; una vez más, mostró su incapacidad para concretar; una vez más, se quedó fuera.