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Adopción: una familia del corazón

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Detrás de cada adopción hay historias dolorosas de menores que viven en las casas hogar, pero también historias de esperanza y reconstrucción. En el norte de Coahuila nació la Comunidad de Apoyo a Familias Adoptivas de Coahuila (Cafaco), que acompaña el camino para que más niñas y niños encuentren una familia, y para que surjan más padres y madres del corazón.

Para María del Rosario Elizondo, Charis, y su esposo Óscar Sánchez, el camino hacia la paternidad comenzó con un diagnóstico inesperado. Apenas un mes después de casarse en 2020, tras siete años de noviazgo, se enfrentaron a la infertilidad. Charis, originaria de Piedras Negras, y Óscar, de Chiapas, se conocieron estudiando gastronomía en Yucatán y siempre habían soñado con tener dos hijos biológicos y luego adoptar.

“Siempre estuvo sobre la mesa, siempre lo platicamos mi esposo y yo”, recuerda Charis sobre la idea de adoptar.

Sin embargo, la vida tenía otros planes: el sistema inmune de Charis atacó sus propios ovarios, eliminando la posibilidad de un embarazo natural.

Tras tres años de tratamientos médicos agotadores y costosos, la pareja decidió hacer una pausa y enfocarse en su negocio de repostería francesa en Piedras Negras.

“Pero Dios siempre se encargó de estar ahí”, dice ahora Charis sobre ese camino que los llevó a la adopción.

Fue entonces cuando Olga de los Santos Bermea, fundadora de Comunidad de Apoyo a Familias Adoptivas de Coahuila (Cafaco), apareció en sus vidas. Charis donaba los macarrones que no pasaban el control de calidad a las niñas de la casa hogar.

“Charis, las niñas ya están pidiendo sus galletitas de colores, que dónde están”, le preguntaba Olga.

Ese fue el primer acercamiento. Después una prima trabajaba en Cafaco y le platicó de un taller informativo para adoptar. “No porque vayas significa que te vas a ir con un niño”, les dijo a Charis y a Óscar. “Apúntanos”, respondió Óscar.

Pronto, Charis y Óscar se vieron involucrados en el taller informativo del que desconocían.

”En nuestro país tenemos muchos tabúes en torno a la adopción”, dice Charis. Los principales: que es burocrático, que son niños con muchos traumas, que es costoso...

Ahí en el taller les explicaron la realidad. No fue una invitación romántica, sino un reto crudo sobre la realidad de los niños que no buscan lujos, sino simplemente un hogar y alguien con quien jugar.

“Yo sentía más ganas de querer adoptar”, recuerda Charis sobre aquella primera plática. Volteaba a ver a su marido, y lo miraba lagrimeando.

“Lejos de sentirlo como una invitación a adoptar, es como un reto; pareciera que por ir al taller te quieren convencer de hacerlo, pero era lo contrario. O sea, si lo estás considerando, ten en cuenta esto, esto, esto. Todo eso era lo que me motivaba a hacerlo”, recuerda Óscar y el recuerdo le provoca sollozo. “Así me la pasé”, dice entre algunas lágrimas que asoman.

Una situación le quedó marcada a Óscar, así como los padres adoptivos tienen expectativas, también las niñas y niños las tienen.

Les presentaban testimonios donde la expectativa de los pequeños era tan simple como inocente: “Sólo quiero jugar futbol con mi papá”, “quiero tener primitos con quién jugar”, “que me lleven a la escuela”, eran los motivos de los menores para ser adoptados.

Fue entonces que Óscar reflexionó que el deseo de adoptar siempre tiene dos perspectivas, una egoísta, la de los padres, que quieren normalmente, por ejemplo, un recién nacido, cuando los niños también tienen expectativas y deseos.

CAFACO, COMUNIDAD DE APOYO

La Comunidad de Apoyo a Familias Adoptivas de Coahuila (Cafaco) no nació en una oficina, sino de la observación dolorosa de una realidad. Su presidenta y fundadora, Olga de los Santos Bermea, inició su labor como un apostolado en los orfanatos de Piedras Negras.

Durante cinco años, Olga notó una situación: había niños que llevaban más de diez años viviendo en la institución sin que sus expedientes legales o psicológicos tuvieran seguimiento.

”¿Cuál era el propósito de mantener los orfanatorios si los niños no estaban teniendo un propósito final?”, se cuestionaba Olga. Encontró un sistema burocrático fluido para albergar, pero estancado para liberar. Los niños crecían y se convertían en adolescentes en los orfanatos, lo que dificultaba enormemente sus posibilidades de ser adoptados.

Ni regresaban los menores con sus familias biológicas rehabilitadas ni tenían opción de ser adoptados por alguna familia.

“Llegaban los niños, crecían los niños, se iban los niños y nadie sabía nada de los niños. Entonces eso era lo que yo no entendía el propósito al orfanatorio. Estamos hablando de niños que estaban en el resguardo temporal por más de 10 años. No era lógico ni sano ni correcto”, dice la señora Olga.

Para la iniciadora de Cafaco, era frustrante. No logró mucho en un inicio, pero no se dio por vencida.

Se acercó entonces a Manolo Jiménez y su madre, Liliana Salinas, mucho antes de que inclusive fuera candidato a la gubernatura del Estado. Les explicó la situación y las problemáticas. Le prometieron que si en un futuro llegaban a la gubernatura, se comunicarían con ella.

Así fue.

“La señora Liliana se comunicó conmigo y empezamos a hacer un plan piloto para lograr cambios”.

Olga buscó a la psicóloga Marisol Carmona, que tenía experiencia en la Procuraduría de los Niños, Niñas y Familia (PRONNIF), y comenzaron a planear el programa.

$!Óscar y su pequeña hija Andrea Josefina, una niña inquieta, bailadora y comelona como su padre.

SANAR LAS HERIDAS

En su experiencia en los orfanatos, Olga de los Santos se encontró con menores que vagaban por las calles y que sus papás nunca aparecieron. Niños quemados, niñas que eran vendidas por sus madres, niños golpeados de la cabeza a los pies, bebés de días de nacidos con droga en sus sistemas, con enfermedades venéreas.

Pero eran, sobre todo, pequeños que no conocían un abrazo, que llegaban temblando de miedo. Niños que, a pesar de los golpes, la omisión de cuidados o las violaciones que recibían en sus hogares, creían que la vida era así, que llegaban con miedo de separarse de su familia biológica porque era lo que conocían.

“Primero sanar las historias de los niños, sanar los traumas, si no empezamos por ahí, no va a terminar bien”, comenta la fundadora.

La neuropsicóloga y cofundadora de Cafaco, Marisol Carmona, menciona que los niños presentan principalmente rezago en el desarrollo pues no fueron atendidos en temas de alimentación, de sueño, de llevarlos a la escuela. Muchas veces eso deriva en que sean niños con una maduración menor a la edad que les corresponde.

De hecho, dice que hay estudios que hablan de que por cada año que el niño está institucionalizado, tendrá meses de retraso en el desarrollo. También cuando viven violencia sistemática.

“Hay mucha desregulación emocional. Hay más enojo, más impulsividad, más hipersensibilidad porque no tienen una figura que les esté mostrando cómo se regula eso. En algunos casos puede llegar al trastorno de estrés postraumático”, explica.

Los niños en los orfanatos arrastran un trauma relacional o interpersonal porque las personas a las que les tienen confianza, los maltrataron, los violentaron, entonces no logran confiar en un adulto o en un cuidador, explica la psicóloga.

“Si no lograron confiar en sus padres biológicos, ¿crees que en unos cuidadores, en una psicóloga o incluso en padres adoptivos? Se requiere cercanía, escucha, acompañamiento”, comenta Marisol Carmona.

Sin embargo, la especialista también refiere que la violencia ha cambiado y en su experiencia, que incluye ocho años de haber trabajado en la Pronnif, algo cambió en los niños, pues dice que si bien en general los niños que eran violentados por sus padres querían seguir en esa familia, ahora ya se presentan casos en donde son más conscientes.

“Me he topado con niños que dicen ‘yo no quiero regresar’. Hay estas ambivalencias. No lo había visto, en la mirada tampoco”.

Las heridas más profundas no son solo físicas, sino el abandono, una huella que Marisol Carmona describe como incluso más profunda que la violencia directa.

“Es algo que siempre está presente. ¿Por qué sigo aquí? ¿Por qué me abandonaron aquí? O ¿por qué no hacen lo suficiente para recuperar? Es una huella muy profunda”, asegura.

Miedos que se llevan a los sueños, como el de una niña que todavía está en casa hogar que le cuenta que sueña recurrentemente que las cuidadoras y Marisol se desvanecen como arena.

Sin embargo, la psicóloga menciona que la sanación es posible y en estos casos, la constancia y el amor es clave.

“Buscamos una familia para los niños y no un niño para la familia. Es distinto. Tenemos que voltear a ver al niño y saber que todos tenemos que aportar para su sanación”.

Es la razón por la que en Cafaco, ante todo, quieren saber por qué quieren las personas adoptar, cuál es el interés.

$!Charis y Óscar decidieron formar una familia del corazón y adoptar a la pequeña Andrea Josefina. Su proceso de adopción, relatan, estuvo llena de milagros.

EL MILAGRO DE ANDREA JOSEFINA

De vuelta a la historia de Charis y Óscar.

Escuchar el testimonio de los niños, sus necesidades y deseos del corazón, fue lo que convenció a Charis y Óscar a seguir el camino de la adopción.

“Es que son niños que lo único que quieren es un hogar”, dice Óscar. “Sólo piden amor. En esta casa lo que sobra es amor”, añade Charis.

Su proceso fue inusualmente rápido debido a lo que ellos llaman “milagritos”. Fue en septiembre de 2025 donde compartieron con Cafaco la decisión de adoptar.

En noviembre realizaron y entregaron la documentación y entonces la señora Olga les dijo que quería que conocieran a una niña.

“En ese momento sentí frío, me sorprendí, nos muestra un video y dije ‘chin, va muy rápido esto”, recuerda Óscar.

El video era de la pequeña Josefina caminando y corriendo. “Lo que sigue si están interesados es ir a conocerla”, les dijo la señora Olga. “Vamos de una vez”, respondió Óscar.

La conocieron ese día.

“La vi hermosa”, recuerda Charis. La pequeña inmediatamente hizo conexión con Charis, le tomaba el cabello, se lo olía, y comenzó a agarrar confianza.

Estuvieron cerca de una hora con la niña y la señora Olga les preguntó si habían sentido química, qué pensaban. Les aseguraba que era válido decir que no.

“Yo no tengo nada qué pensar”, dijo Óscar. “Para mí es un sí”, añadió. Charis lo secundó.

“En realidad el niño, niña que me pongas me va a ganar el corazón, soy niñero”, comenta Óscar.

“De verdad que fue una conexión tan bonita que yo no te sé decir, una conexión hermosa con mi niña”, dice Charis.

El proceso continuó.

Pero había una situación. El proceso enfrentó un reto médico: la niña tenía sífilis congénita tratable. Su madre biológica era una persona con adicciones. La infección requería una atención especializada que no existía en Piedras Negras.

“Desconocíamos por completo a qué nos enfrentábamos”, recuerda Óscar.

De recién nacida, la niña tuvo que ser hospitalizada y el sacerdote decidió bautizarla bajo el nombre de Josefina, porque la consagró a San José.

Gracias a la intervención de la hermana de Óscar, que es pediatra, y un infectólogo originario de Monclova, la pequeña recibió el tratamiento necesario.

El 7 de diciembre, en medio de una fiesta organizada por Charis y Óscar para todas las niñas de la casa hogar, recibieron la noticia: la adopción había sido aprobada.

El 8 de diciembre, día de la Inmaculada Concepción, a quien Charis le había rezado tantas veces para poder embarazarse, fue el mismo día que su hija nació y el mismo día en que fue dada legalmente en adopción. Para Charis fue la confirmación de que nació de su corazón.

Los padres decidieron dejarle el nombre de Josefina.

”Es que admiramos y valoramos tanto su vida y el nombre que ella tiene y la bendición que hay detrás de él”, dice su mamá.

Le sumaron el nombre de Andrea.

Cuando Charis platica esta historia, la pequeña dice su nombre “Andea, Andea, Andy, Andy”.

“Andy, ¿verdad mi amor? -le contesta Charis a su hija.

Hoy, la pequeña Andrea Josefina es una niña llena de luz. Extrovertida, simpática como Charis, comelona y bailadora como Óscar.

Durante la plática con sus papás la pequeña se tira al suelo, se quiere lanzar de un sofá, es juguetona.

-Mira, vamos a enseñarles cómo es cara de sorpresa -le pide su mamá.

Y la pequeña de dos años hace carita de sorpresa.

-¿Cómo hacemos cara feliz?

Y la pequeña dibuja una sonrisa de lado a lado.

-Enojada

Y la pequeña hace cara de enojada.

-¿Cómo lloras?

Y la pequeña actúa como si llorara.

Óscar asegura que su hija ha hecho la paternidad muy fácil. “Parece como si hubiera sido de toda la vida”, comenta sobre estos ocho meses. Charis describe el proceso como “amor puro”.

“Uno puede ser papá biológicamente por un parto natural, cesárea o de corazón. Yo te puedo decir que nuestra niña nació en nuestro corazón. Es algo tan divino que no te puedo explicar”, platica la mamá.

El día de la entrevista, los padres, Charis y Óscar, recibieron los últimos resultados médicos de la infección: su hija Andrea Josefina había sido curada de la sífilis congénita.

$!Imagen de uno de los talleres que realiza Cafaco en donde exponen las realidades del tema de la adopción.

REALIDADES Y DESEOS

Uno de los mayores obstáculos que enfrenta Cafaco es el deseo generalizado de las familias por adoptar bebés de 0 a 6 meses. La realidad es que el 85% de los niños en programas de adopción son mayores de 7 años. Olga y su equipo trabajan intensamente en los “talleres de pesca” para aterrizar estas expectativas.

“La realidad es que no todas las familias son aptas para recibir un bebé y tampoco hay muchos bebés”, cuenta la señora Olga.

En los talleres se les presenta la realidad de la adopción, se aterriza a las familias.

“En el acompañamiento es normal que las familias expresen temores, es humano que digan me siento de esta manera, no era lo que esperaba”, comenta la psicóloga Marisol Carmona.

Por eso se trabaja en el acompañamiento, en las expectativas, porque a lo mejor la expectativa es que llegue el niño corra y te abrace y te diga mamá o papá. “Eso es algo irreal”, señala Carmona. Aunque puede suceder por la necesidad afectiva del menor, la realidad es que el comportamiento es distinto.

Cuando las familias se acercan vienen más con creencias y deseos. Todas son válidas, pero entonces esto que tú crees y esto que tú deseas se tiene que contrastar con la realidad”, ahonda la especialista.

Si bien la mayoría expresa el deseo de adoptar un bebé, en los talleres se presentan los videos de niños más grandes y se hace entender a las familias una realidad potente: un niño más grande también está consciente que va a ser adoptado, también está diciendo que sí, también está eligiendo a una familia.

“El niño que ya tiene voz, se le escucha y también te está eligiendo. De un lado dices que sí, del otro lado alguien también te está diciendo que sí. Tiene algo maravilloso. Te está recibiendo alguien que ya te dijo que sí”, expresa Marisol Carmona.

Historias como la de tres hermanas adolescentes que fueron adoptadas juntas sirven como inspiración de que el amor no tiene límites de edad.

En el caso de adolescentes, por ejemplo, son como una cebollita, tienen varias capas, describe la neuropsicóloga.

“Las familias que han adoptado adolescentes tienen una parte enriquecedora, se vive el vínculo, el amor, y se dan cuenta que pueden ser integrados en una familia”, dice Carmona.

Así es la historia de Idalia y Juan.

$!Idalia y Juan decidieron adoptar a dos hermanitos de 4 y 10 años hace un año y partir de entonces han formado una familia.

IDALIA Y JUAN: LA CONSTRUCCIÓN DE UN HOGAR

Para Idalia Rivera y Juan Valdez, un matrimonio de 12 años que quería formar una familia, la pregunta de una amiga religiosa les marcó: “¿Cuál es el motivo para ser padres, es únicamente para satisfacer una necesidad propia o para ayudar a un niño?”.

Esa pregunta, hace más de cuatro años, llevaría al matrimonio a un proceso de reflexión de más de tres años.

Idalia y Juan ayudaban en una casa hogar que albergaba niñas y niños que necesitaban de una familia.

Esa reflexión les tomó tres años hasta decidir: “Sí queremos ser padres adoptivos”.

“Era también la necesidad de apoyar a esos niños. Porque uno siempre pide y siempre esperas que llegue de la forma en la que tú crees y resulta que no, que Dios tiene para ti a veces caminos muy diferentes. Nosotros no habíamos puesto esa atención y no habíamos volteado a ver a ese lado, con esa profundidad”, recuerda Idalia.

En su reflexión, aseguraron que su motivación fue el servicio y el amor desinteresado.

El matrimonio inició el proceso acompañado de Cafaco, que opera como un brazo de apoyo gratuito para que el proceso sea más accesible y humano.

Un camino de alegría, de amor y de incertidumbre, describe Idalia. “Vas a lo desconocido”, recuerda.

Juan comenta que eran muchos sentimientos encontrados. Preguntarse cómo serían sus hijos, de qué edades. Ellos, con la experiencia de haber estado en una casa hogar, miraron a muchos niños y niñas de 7, 8 años; que inclusive nacieron ahí y llevaban hasta 10 años en el refugio.

“Hay niños que están esperando un papá. Así como los papás buscamos un hijo, ellos también buscan un papá, una familia, porque se siente. Yo creo que sienten esa necesidad de tener alguien al frente de ellos, que les dé ese amor, ese cariño personalizado”, menciona Juan.

El matrimonio comenzó a llenar la solicitud de adopción con la incertidumbre de quien no sabe qué pasará.

¿Rango de edad? Cero a 5 años, escribieron.

¿Aceptarías que tuviera hermanitos? Sí.

¿De qué edad? De 10 años porque en ese entonces tenían 10 años de casados.

Así estuvieron durante seis meses, acudiendo a pláticas, talleres para padres, aprobaron el curso de idoneidad. Hasta que en la asignación les informaron que había dos hermanitos: un pequeño de 4 años y su hermana de 10 años.

Un día recibieron una llamada. Se tenían que presentar en Saltillo para mostrarles la propuesta. El recuerdo provoca alegría, nostalgia. Idalia rememora que antes de entrar con la licenciada que les mostraría fotografías de sus hijos, su madre se comunicó con ella. “Le digo ‘te voy a dejar porque tengo contracciones, mami’”, y se ríe Idalia.

La licenciada le mostró fotografías de los hermanos.

“Sentía mucha alegría, mucha emoción”, recuerda Idalia.

También les mostraron un poco de su historia, el expediente. Eran hermanos que tenían dos años en la casa hogar. La niña, Alison, siempre había cuidado de su hermano. A su corta edad había sido como la madre de su hermanito.

“En el momento que me los muestran y dicen ‘están estos niños’. Sí los quiero. Sí los quiero.” No hay forma de decir que no”, dice Juan.

$!Juan junto a su hijo juanito, recuerda que la reflexión junto a su esposa Idalia para decidir adoptar les tomó cerca de 3 años.

LA PRIMERA VISITA

Como Alison y Juanito estaban separados, la primera visita fue a la niña. Juan le compró flores. Idalia estaba muy nerviosa. Ya se habían visto en el trabajo social que realizaba el matrimonio, pero era diferente.

“No era sólo de nosotros, también de saber qué esperaban ellos, cómo nos imaginaban, si querían un papá fuerte, altos, chaparros”, dice Idalia.

Cuando timbraron a la casa hogar, a Idalia le sudaban las manos, le dolía el estómago; parecía como si fuera a presentar un examen, dice ella.

“Cuando entramos, pues baja la niña, entonces es como que nos mira y la miramos, no te lo puedo explicar porque es un sentimiento que no sé cómo escribirlo. Obviamente era mucha alegría, mucha emoción, muy agradecida con Dios, sobre todo por el hecho de que a lo mejor era algo que habíamos orado mucho y se estaba transformando en una realidad”, relata la madre.

Juan añade que también tenía miedo. No conocer las expectativas de ellos. Pero cuando la miró se le quitó ese miedo, porque fue un miedo que se desvaneció cuando dijeron que sí a los niños, que sí querían ser sus padres.

“Yo miré su carita muy contenta, muy alegre”, recuerda el papá.

Hay casos de niños, sobre todo mayores, en el que no desean ser adoptados. “Son más conscientes y tienen más miedos”, cuenta la psicóloga Marisol Carmona.

Pero inclusive los “sí” no siempre vienen acompañados de felicidad, sino que también hay miedo, hay cierto rechazo, temor, por lo que se necesita un acompañamiento.

Alison, a sus 10 años, había dicho que sí. Sí quería que le buscaran una familia. Pero ella había puesto tres condiciones: que no la separaran de su hermanito a quien veía poco porque los tenían separados, que la llevaran a la escuela y que la cuidaran.

“Si lo ponemos en una balanza, no pedía nada fuera de lo ordinario”, comenta su papá.

Su proceso duró nueve meses. “Lo que dura un embarazo”, bromea Idalia. “Pero salieron dos”, añade entre risas.

En mayo de 2025, su hogar se transformó.

“Son hijos del corazón y esos yo creo que se quieren, no sé si igual o más. Así se siente”, dice Juan.

$!Uno de los objetivos de Cafaco es dignificar la vida de los menores y para ello primero deben de sanar las heridas.

LOS RETOS

”Adoptar es como estar en el mar; de repente viene una ola grande que te revuelca, pero luego intentas salir”, describe Idalia sobre los retos de la maternidad a través de la adopción.

Alison había tenido que actuar como una pequeña madre cuidando a Juanito, tuvo que aprender a ser niña otra vez bajo el cuidado de sus padres, Idalia y Juan.

Idalia dice que han tratado de darle herramientas para afrontar la realidad. Han hablado siempre con la verdad a sus hijos, porque han entendido que una mentira no es opción. A Alison, quien es más consciente a sus 11 años de la situación, le cuesta decir que es una hija adoptada. Pero sus padres han tratado de inculcarle que hay muchos tipos de familia.

“Le digo ‘imagínate decir ‘cuánto me aman mis padres que tuvieron que luchar y venir a buscarme hasta donde yo estaba’. Yo le he dicho ‘mi amor, es que no es algo ni que nos pueda dar vergüenza ni que nos pueda sentir menos. Y hablamos mucho con ella sobre que hay muchos tipos de familia. Nuestra familia es otro tipo de familia, y no por eso es menos valiosa. Es igual de valiosa. Estamos trabajando con ella para que ella se sienta amada, se sienta segura de lo que ella tiene”, platica la madre.

Con Juanito es diferente. Él cree que son sus padres biológicos, no ha separado todavía.

En una ocasión, en una reunión familiar, las sobrinas, primas de Alison y Juanito, mostraron fotos de bebé en el celular. Rápidamente Juanito le pidió a su mamá que enseñara también las suyas.

Fue la primera vez que le sucedía una situación como esa a Idalia. Se quedó en shock porque no sabía qué decirle. Pero le dijo la verdad. Y le mostró la primera foto que tenían juntos.

“Algo teníamos muy claro: mentiras no van”, comentan los padres.

Con Ali, al ser más consciente, es diferente. Ella tardó más tiempo en decirles mamá y papá. Idalia y Juan no quisieron presionar. Pero Idalia todavía recuerda la primera vez.

Fue en una ocasión que Juan llegó a la casa con nieve y Ali, efusiva, gritó: “¡Mamá! ¡Papá compró nieve!”.

Idalia trató de guardar la calma, de normalizar la experiencia, pero por dentro su corazón brincaba de alegría.

Juan es consciente que su hija lo que necesita es seguir sanando las heridas, que sienta el amor que quieren darle.

En este año y un mes, sus hijos han vivido situaciones que no habían experimentado en su niñez, que eran nuevas, como ir a una dulcería y comprar una piñata, ir al cine o entrar en un restaurante.

“Te llena el alma verlos felices”, comparte Idalia.

A su hija Ali la describen como reservada, seria, pero dedicada a la escuela. Comenzó con atraso escolar que ha tenido que recuperar. Ahora ya aprende inglés y canta canciones en inglés. Está aprendiendo a ser niña. Juanito es más extrovertido, le encanta la fiesta, jugar y bailar todo el día.

Es paso a paso, insisten. Juan e Idalia son líderes de un grupo de apoyo para padres adoptivos en Cafaco, donde comparten experiencias con otras 15 familias. En este espacio, se valida que está bien sentirse cansado y que la red de apoyo es vital para sanar los traumas que, a veces, los niños reviven en los propios adultos.

Entienden que la adopción es algo latente en la vida porque cada niño espera un padre, una madre; espera ser querido, ser amado.

DIGNIFICAR LA VIDA DE LOS NIÑOS

Actualmente Cafaco trabaja de la mano con Pronnif y atienden los orfanatos del norte de Coahuila.

Para la señora Olga de los Santos, la fundadora y presidenta, dignificar la vida de los niños ha sido uno de los milagros que le ha tocado presenciar.

En dos años, Cafaco ha llevado más de 50 procesos de adopción. Su misión es evitar que los niños crezcan en orfanatos, que se hagan adolescentes y se complique encontrar una familia adoptiva.

Para la señora Olga una lección de estos dos años de Cafaco es que hay que hacer que las cosas pasen. Ha sido su lema: “Hay que hacer lo que nos toca para que las cosas sucedan. Si nos quedamos cruzados, nada va a cambiar”.

Charis y Óscar, e Idalia y Juan lograron, con temores e incertidumbre, que sucedieran las cosas.

Charis y Óscar desean que su negocio crezca para, quizá, pensar en volver a adoptar.

Idalia recuerda una ocasión en las que un doctor les preguntó: “¿Ustedes quieren ser padres o quieren parir?’ Porque si quieres parir, pues sí hay que embarazarse. Si quieres ser madre, no es la única forma”.

Idalia y Juan, Charis y Óscar, tienen hoy la certeza de ser padres del corazón.

DIGNIFICAR LA VIDA DE LOS NIÑOS

Actualmente Cafaco trabaja de la mano con Pronnif y atienden los orfanatos del norte de Coahuila.

Para la señora Olga de los Santos, la fundadora y presidenta, dignificar la vida de los niños ha sido uno de los milagros que le ha tocado presenciar.

En dos años, Cafaco ha llevado más de 50 procesos de adopción. Su misión es evitar que los niños crezcan en orfanatos, que se hagan adolescentes y se complique encontrar una familia adoptiva.

Para la señora Olga una lección de estos dos años de Cafaco es que hay que hacer que las cosas pasen. Ha sido su lema: “Hay que hacer lo que nos toca para que las cosas sucedan. Si nos quedamos cruzados, nada va a cambiar”.

Charis y Óscar, e Idalia y Juan lograron, con temores e incertidumbre, que sucedieran las cosas.

Charis y Óscar desean que su negocio crezca para, quizá, pensar en volver a adoptar.

Idalia recuerda una ocasión en las que un doctor les preguntó: “¿Ustedes quieren ser padres o quieren parir?’ Porque si quieres parir, pues sí hay que embarazarse. Si quieres ser madre, no es la única forma”.

Idalia y Juan, Charis y Óscar, tienen hoy la certeza de ser padres del corazón.

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NOTA: CAFACO no cobra por los talleres ni el acompañamiento a las familias, pero sí requiere de apoyos para el pago de las psicólogas y materiales para las niñas y niños. Si se desea apoyar pueden contactar al personal en su página: Comunidad de Apoyo a Familias Adoptivas.

Licenciado en Ciencias de la Comunicación por la Universidad La Salle Laguna y maestro en Periodismo digital por la Universidad de Guadalajara. Es editor y reportero de Semanario, el suplemento de periodismo de investigación de Vanguardia, y es autor de la columna Reflector.

Ha recibido diferentes reconocimientos como el Premio Nacional de Periodismo Rostros de la Discriminación y posteriormente Rostros por la Igualdad, mención en los premios de la SIP y del Breach/Valdez de Periodismo y Derechos Humanos, entre otros.