logo semanario
Durante más de dos décadas, el Semanario de Vanguardia se ha dedicado a generar periodismo de investigación, revelando corrupción, abusos de poder y las historias más profundas de Coahuila y México. Con rigor, transparencia y compromiso, contamos la verdad detrás de los hechos que impactan a la sociedad.

Custodios de su propia tierra

+ Seguir en Seguir en Google

Ejidos y particulares de Coahuila, como la Hedionda Grande y Viñedo Los Amonites, optaron por proteger voluntariamente sus territorios ante la pérdida de biodiversidad, la cacería y el deterioro ambiental. La conservación les ha permitido recuperar ecosistemas, acceder a apoyos y abrir nuevas oportunidades para sus comunidades.

Cuando el equipo de asesores técnicos llegó al ejido Hedionda Grande, municipio de Saltillo, hace más de 10 años, encontró el entorno severamente impactado.

Había basura acumulada en sus calles y el uso común, el monte estaba sobrepastoreado, con poca vegetación, sus suelos erosionados, sus caminos hechos garra y la población de perrito llanero diezmada.

Conforme los técnicos trabajaban en proyectos de conservación del lugar se reconstruyeron sus caminos, se recuperó el suelo forestal, la vegetación, revivieron sus colonias de perrito llanero, una especie en peligro de extinción, según la lista de la NOM 059, y empezó a llegar más fauna: oso, venado, león, puma.

Y aves como el águila real y la guacamaya serrana, algunas de ellas en estatus de protección.

“También se recobraron plantas como la biznaga roja y otras cactáceas y pinos que se encuentran en el área, y permanecen en categoría de amenaza y protección”, apunta Miguel Monrreal Monrreal, técnico forestal con licenciatura en química.

Fue el resultado, dice Miguel, de más de 12 o 13 años de una ardua labor por preservar el ejido.

Hasta que a principios de julio pasado los campesinos de la Hedionda, asesorados por Miguel, obtuvieron el certificado como Área Destinada Voluntariamente a la Conservación, (ADVC), lo que les permitirá dedicar una fracción importante del ejido a la salvaguarda de la tierra, con el interés de seguir manteniendo su biodiversidad y los servicios ambientales que su comunidad brinda al planeta.

ABONAR A LA CONSERVACIÓN

Como el ejido Hedionda Grande ya son 36, entre predios sociales y particulares, los que en todo Coahuila se han sumado a este tipo de programas de los gobiernos federal y estatal y que, según especialistas, están abonando positivamente al combate del cambio climático y el calentamiento global.

La Hedionda Grande, donde habitan unas 120 familias, es el primer ejido en la entidad que obtiene un certificado de la Secretaría de Medio Ambiente y Recursos Naturales, (SEMARNAT), por conducto la Comisión Nacional de Áreas Naturales Protegidas, (CONANP), como Área Destinada Voluntariamente a la Conservación.

“La idea es que mejore esto. Entre más conservemos el área, más vegetación va a haber, y entre más vegetación tengamos, más posibilidades de agua habrá, esa es la idea de nosotros. Ojalá y los que vienen atrás sigan con lo mismo”, dice Anastasio Torres Tobías, el comisariado.

Las ADVC son un esquema, dentro de la categoría Áreas Naturales Protegidas, (ANP), establecido desde 1996 en la Ley General del Equilibrio Ecológico y la Protección al Ambiente que responde a la iniciativa de pueblos indígenas, organizaciones sociales, personas morales, públicas o privadas, de destinar sus predios a la realización de acciones de conservación, siendo estas zonas administradas por sus legítimos propietarios.

“Tú eres dueño de un terreno y lo quieres conservar, quieres cuidarlo, entonces puedes solicitar a la CONANP que tu terreno sea registrado así, para ser considerado área natural protegida. Voluntariamente, tú estás pidiendo que se registre.

“Mucha gente tiene miedo porque piensa, ‘me lo van a quitar, es que no me van a dejar construir una cabaña, se lo va a quedar el gobierno’. No, al contrario, el gobierno te va a ayudar a que se cuide, a que se proteja. No lo estás regalando, no lo estás cediendo, no te lo van a expropiar. Tú estás pidiendo que tu propiedad sea registrada en este programa para conservarla y poder acceder a todo el esquema de protección federal que la CONANP tiene”, aclara Pedro Ramírez Guillén, biólogo, touroperador y guía certificado.

Así pues, los campesinos de la Hedionda Grande, ubicada al sur de Saltillo, tienen, desde ahora, la obligación de cuidar y mantener un control en el área y desarrollar programas de aprovechamiento sustentable.

“Se realizó una zonificación, que es dividir el área en diferentes zonas y decir qué es lo que se puede y no se puede trabajar en esas zonas. Cada área está reglamentada. Aquí, por ejemplo, las áreas en las que no se puede realizar ganadería son las que tienen perrito llanero, para que no tengan un impacto negativo, y el ejido tiene zonas agrícolas ya establecidas”, explica Miguel Monrreal.

Hoy la Hedionda Grande es una de las cinco comunidades en Coahuila certificadas, por la Comisión Nacional de Áreas Naturales Protegidas, como ADVC, además del Rancho Media Luna, Sierra San Vicente, Área de Germoplasma Relevante Rancho La Puerta y Loma del Gorrón.

Su área de conservación está situada a dos kilómetros del ejido, y tiene una superficie de 5 mil 11.52 hectáreas de matorral, pastizal y bosque.

$!El ejido Hedionda Grande es uno de 36 predios en Coahuila que se han sumado a programas para la conservación voluntaria

BLINDAR Y PROTEGER

Don Anastasio Torres, el comisariado de la Hedionda, comenta que uno de los intereses más grandes que llevaron a los ejidatarios a sumarse a este programa, fue el de blindar al rancho contra la cacería clandestina de venado y otros animales, y proteger, para su reproducción, el nido de águila real que, desde hace años, se estableció de forma natural en la sierra de la comunidad.

“Evitar la entrada de los cazadores. Entraban gentes de otras partes y querían estar cazando animales. En el 94, que fui comisariado por primera vez, estaba mucho más amolado, no había programas de ese tipo, por decir, este programa de conservación, ni siquiera.

“Cuidaba uno como podía, con lo que había. Si venían a cazar yo les negaba el permiso. Entonces ya con esto tiene uno más vigilancia, ya no los deja uno que se metan así nomás, tienen que sacar el permiso, a dónde van... Todavía así se cuelan los pelaos, pero ya está más controlado”.

El jefe de la comunidad cuenta que al principio hubo algunas resistencias por parte de los moradores del ejido para que este sitio se inscribiera como ADVC, gente que no quería, cada uno dio su opinión, a la hora de la hora aceptaron.

Miguel Monrreal declara que es difícil, sobre todo cuando se llega a un ejido en el cual no existe una buena concientización de los recursos naturales.

“Es difícil cambiarles el chip”.

Anastasio asegura que eso de proteger el medio ambiente lo trae en la sangre.

Su padre fue uno de los agraristas que solicitaron el ejido en los años treinta.

“Entonces yo desde que tuve uso de razón he buscado la manera de cuidar”.

Pedro Ramírez, también docente universitario, especialista en diseño y desarrollo de productos turísticos, explica que el registrarse en este esquema brinda además ciertas prioridades para ser sujeto de beneficios de algunos programas del gobierno federal.

“Si tienes un proyecto de ecoturismo y quieres construir cabañas, cuando salga la convocatoria del programa que va a dar financiamiento para cabañas, te dan prioridad. Hay un presupuesto para restauración y mejoramiento de caminos, y entonces tú eres sujeto de ese tipo de apoyos para que tu área, tu terreno, siempre esté en buen estado”.

$!Los ejidatarios de Hedionda Grande han entendido la importancia de mantener la biodiversidad y los servicios ambientales que su comunidad brinda

De esta manera, dice Miguel Bravo Rivera, analista de Área Natural Protegida, adscrito a la Dirección Regional Noreste y Sierra Madre Oriental de la CONANP, el gobierno federal va a estar trabajando de la mano con las ADVC, en pro de la conservación de los recursos naturales.

“Mucho de esto tiene que ver con la preocupación o el interés que tienen estas personas por cuidar sus propios recursos”.

Según datos públicos de la Secretaría de Medio Ambiente del estado, (SMA), desde 2025 y hasta 2027 se apoyarán con 11 millones 280 mil pesos a seis comunidades de Coahuila catalogadas como áreas naturales protegidas, en diferentes proyectos de conservación, esto a través del Programa Pago por Servicios Ambientales, con un fondo concurrente integrado con recursos provenientes tanto de la Comisión Nacional Forestal, (CONAFOR), como del gobierno estatal.

“El estado le pone la mitad del dinero y la otra mitad se la pone la CONAFOR. Reciben el apoyo durante tres años nada más por conservar y por hacer obras de conservación, como presas de piedra acomodada, de gaviones o de material forestal. Tienen que ser soluciones basadas en la naturaleza”, detalla Diana Susana Estens de la Garza, secretaria de Medio Ambiente en Coahuila.

Lo que se necesita para ser una ADVC es que los ecosistemas estén bien conservados, o que tengan características que puedan permitir el desarrollo de procesos ecológicos, de preservación de especies de flora y fauna y, en general, de sus recursos naturales.

“Pueden ser tanto terrenos privados, particulares, como terrenos sociales, en este caso ejidos, y también pueden ser de orden público. Los municipios también pueden promover e instituciones académicas, escuelas o universidades que estén interesadas, pueden hacer su solicitud para que se les certifique como ADCV”, precisa Miguel Bravo.

Ya el ejido, por gestión de sus técnicos forestales, había tenido la experiencia de acceder durante 12 o 13 años, mucho antes de certificarse como ADVC, a los fondos del programa Pago por Servicios Ambientales de la CONAFOR.

Gracias a dichos recursos construyó dos cabañas, equipó uno de sus dos pozos de agua con paneles solares, adquirió una máquina purificadora de agua, levantó una caseta de vigilancia y una torre de vigilancia contra incendios, introdujo brechas cortafuego, formó una brigada contra incendios e instaló comederos y bebederos para fauna silvestre y aves.

“Ahora lo que sigue es empezar a incluir actividades de turismo, que el ejido pueda obtener ingresos extras y pueda generar empleo. Se pueden realizar recorridos, caminatas, rutas en bicicleta, y pedir una cooperación, igual con las cabañas”, propone el técnico Miguel Monrreal.

Y habla de las ventajas que trae consigo el esquema de Área Destinada Voluntariamente a la Conservación, para las comunidades.

“Aseguras tus recursos naturales, aseguras un ecosistema limpio, aumentas la captación e infiltración de agua de lluvia en los acuíferos. En el ejido Hedionda Grande tienen pozos de agua y siempre están abastecidos, por lo mismo de que se ha recuperado vegetación y suelo”.

$!Uno de los intereses principales de las Áreas Destinadas Voluntariamente a la Conservación es el de cuidar de los animales del lugar.

EL VALOR DE LA CERTIFICACIÓN

El ejido podrá también buscar apoyo en otras instancias estatales, nacionales y a nivel internacional.

“Hay otras instancias, otras autoridades, asociaciones, inclusive a nivel nacional e internacional, que ven con buenos ojos esta cuestión de la conservación. Organizaciones no gubernamentales a nivel internacional que se dedican a promover y a incentivar la protección del medio ambiente, viendo todos los problemas que hay de contaminación, pérdida de especies, toda esta cuestión de la extinción, cambio climático...

“Voltean a ver a estos grupos, dicen ‘ah, aquí hay un grupo de personas, una organización, una comunidad, que le interesa eso, ¿por qué no apoyarlos?’. El tener este certificado da puntos a favor. Hay un concurso, si eres una ADVC tienes mayores oportunidades sobre otros que no tiene ese reconocimiento”, apunta Bravo Rivera, de la CONANP.

José Enrique Cisneros Tello, ejidatario de la Hedionda Grande y ambientalista con más de 40 años de trayectoria en la conservación de recursos naturales, principalmente, en Coahuila y el noreste de México, opina que la importancia de esta localidad radica en su potencial de biodiversidad.

“Para beneficio de la misma comunidad y que debe de ser manejada correctamente, no solo para esta generación, sino para las futuras generaciones”.

Y añade que el ADVC marca la pauta para que la comunidad se rija bajo preceptos de orden de manejo adecuado de los recursos.

“Que no son de nosotros, son de nuestros hijos y de las futuras generaciones”.

$!Anastasio Torres Tobías, comisariado ejidal de Hedionda Grande, asegura que eso de cuidar el medio ambiente lo lleva en la sangre.

VER PARA EL FUTURO

De acuerdo con la SMA, Coahuila es la segunda entidad con mayor superficie de áreas naturales protegidas terrestres a nivel nacional, con 2.65 millones de hectáreas, las cuales tienen algún estatus de conservación, ya sea de orden federal, estatal o municipal.

A la fecha la Secretaría de Medio Ambiente estatal tiene registrados 31 predios bajo el esquema de Reserva Natural Voluntaria, muy parecido al de las ADVC, pero que en lugar de dar un certificado, otorga a los propietarios un decreto que es publicado en el Periódico Oficial del Gobierno de Coahuila.

“Son personas que se acercan y que dicen ‘el polígono que yo tengo, o todas estas hectáreas que yo tengo, están muy bien conservadas y así quiero que sigan’.

“Gente que dice ‘yo no quiero tener aprovechamientos mineros, quiero dejarles este legado a mis hijos, y quiero que haya un decreto en donde el gobierno del estado sepa que estamos nosotros con la intención de conservar’. Los dueños de esta área natural protegida asumen el compromiso de conservación, de regeneración, de restauración”, subraya Diana Susana Estens de la Garza, la secretaria de Medio Ambiente en Coahuila.

Una de estas reservas naturales voluntarias es la de la familia Carranza Aguilar, enclavada en la, mundialmente reconocida, zona paleontológica de General Cepeda.

Se llama Viñedo Los Amonites y son 129.07 hectáreas de vestigios paleontológicos, arqueológicos y de especies de cactáceas en vías de extinción.

Además de animales como topo, gato montés, lince, coyote, y aves relevantes como el águila caracara, la aguililla cola roja, el halcón peregrino y la paloma llanera.

Según la Comisión Nacional para el Uso y Conservación de la Biodiversidad, (CONABIO), Coahuila está entre los tres estados a nivel nacional con mayor integridad ecológica significativa del país.

90 por ciento del territorio coahuilense, abunda Roberto Cuauhtémoc Valdés Ramos, miembro de la Promotora de Turismo de Naturaleza y Aventura del Estado de Coahuila, (PROTUR), mantiene su vegetación original, lo cual es raro que suceda en la mayoría de las entidades.

“En lo general los ecosistemas están bien conservados, no quiere decir que no haya impactos, pero sí quiere decir que los ecosistemas están equilibrados, que hay un balance entre el aprovechamiento de los recursos y la naturaleza. De tal manera que Coahuila pueda aportar a este compromiso internacional de mitigación de cambio climático”, afirma Susana Estens.

Ana Sofía Carranza Aguilar, jefa de la reserva Rancho Amonites, advierte que en este lugar la cacería queda terminantemente prohibida.

“Nos han pedido ‘¿no me dejas ir a matar tus liebres, coyotes?, para ti son malos, son plaga, porque se comen tu uva’. Para nada, porque lo que queremos es justamente conservar aquí la fauna natural, no llegar y matar. Mucha gente dice, ‘ay, ¿no se comen la uva?’, cerca del viñedo podemos encontrar algunas heces de animales, pero los dejamos, ni siquiera les ponemos malla, como dice mi papá, los dejamos coexistir con nosotros”.

$!Julio Carranza presume que en la reserva encontraron un anquilosaurio, que es como un armadillo gigante.

Hace más de 10 años que don Julio César Carranza Valdez, el papá de Ana Sofía, llegó a este hábitat de suelos cobrizos, estableció un viñedo, y tras caminar y caminar el desierto se encontró con una riqueza que lo maravilló.

“Encontramos, con ayuda de investigadores del Museo del Desierto, un anquilosaurio que es como un armadillo gigante y que tiene unos cuernitos en el caparazón. Tenemos los huesos aquí. Encontramos semilla de uva fosilizada, 72.5 millones de años, que nos hacen el viñedo que tiene los vestigios, en el tema de las parras, más antiguos del mundo. Tenemos las huellas de cuando fue el Mar de Tetis aquí, y encontramos el amonite, que le está dando la identidad al término de Viñedo Amonites.

Lo primero que decidió la familia Carranza Aguilar cuando encontró esta riqueza fue que aquí no iban a tumbar nada, que no iban a deforestar, que iban a ser amigos de la naturaleza y a investigar todo ese tesoro que poseía su terreno.

“Decimos aquí se respeta este espacio, lo hacemos reserva natural protegida voluntariamente”, refiere don Julio.

A su arribo, como en el caso del ejido Hedionda Grande, Julio se topó con un predio sucio y devastado por la ganadería extensiva.

“La tierra sí estaba muy dañada porque tenían animales, vacas...”, recuerda Ana Sofía.

Andando los días circularon el rancho con alambre de púas, y las plantas desérticas no tardaron en crecer y volver a instalarse en su hábitat.

“Fue la naturaleza que se volvió a restaurar”, dice Sofía.

$!En la reserva Rancho Amonites está prohibida la cacería y buscan proteger los vestigios arqueológicos y paleontológicos.

PROTEGER LA PROPIA RIQUEZA

En febrero de 2020 don Julio Carranza obtuvo el decreto de su predio como Reserva Natural Voluntaria, ante la SMA Coahuila.

Antes hubo que llenar un cuestionario, luego la visita de los expertos de la Secretaría de Medio Ambiente al área, después enviar fotografías de toda la riqueza encontrada en el predio, más tarde el análisis del comité de reservas naturales voluntarias, finalmente otra revisión en el sitio y...

“No dudaron en darnos el decreto por la gran biodiversidad que tenemos”, se ufana Julio.

Con recursos propios la familia Carranza Aguilar dotó de mantenimiento a su predio y estableció un recorrido de dos horas dirigido a paseantes, con señalética explicativa de las joyas que guarda la reserva a la que, como sugerencia del arqueólogo del INAH, Yuri Leopoldo de la Rosa Gutiérrez, bautizó como Ruta Paleo Vinos, en un afán por dar identidad al sitio.

La travesía por el área comprende desde un paradero donde hay un yacimiento de huesos de hadrosaurio, gastrolitos y fósiles de frutos.

Un campamento con morteros, puntas de flecha y un juego de mesa de los Pachos, tribu de indios que hace siglos habitó este lugar.

Un escenario de extrañas biznagas que crecen sobre rocas.

Hasta una cantera donde la vista se cautiva con los petroglifos en los que los antiguos grabaron hace ocho mil años, antes de cristo, la figura de un coyote, la huella de un felino, la imagen de un hombre sin cabeza.

Más allá el oleaje fosilizado del Mar de Tetis y vestigios marinos como caracoles, amonites...

“Hace unas semanas recibí a unas personas de Noruega y las llevé al desierto, y para ellos era como estar en la luna. Era algo espectacular, no podían creer lo que estaban viendo, lo que estaban sintiendo, el tipo de plantas, los cactus, cada planta medicinal. Cómo la gente del desierto vive y aprovecha todo este tipo recursos...”, dice Roberto Cuauhtémoc Valdés Ramos, quien presume de ser el único guía en Coahuila con acreditación vigente de SECTUR bajo la norma 09 de turismo federal.

El itinerario en Viñedo Los Amonites continúa por un laberinto de mil 300 metros, hecho con piedras, y que es réplica de otro que don Julio miró durante un viaje por la isla Aruba.

Después la bodega donde se procesa el vino, el viñedo con más de siete mil parras y una cava totalmente artesanal, en la que se realizan catas para grupos pequeños de turistas.

Por último, la Villa Amonites, un hotel campestre de varias habitaciones para familias y parejas, con palapa, asadores, jacuzzi y al fondo un museo de sitio en ciernes, donde se resguardan 140 millones de años con algunos de los hallazgos paleontológicos descubiertos en la reserva: amonites, el anquilosaurio, puntas de flecha, fósiles marinos, frutos, la semilla de uva fosilizada, caracoles, conchas, bivalvos.

“Combinamos toda la historia de 140 millones de años atrás y la remontamos al presente, con todo lo que trajeron las misiones de los españoles que nos enseñaron a hacer el vino, nos regresamos al presente y le mostramos a la gente los vinos que tenemos, todo el proceso de nuestra bodega”, ilustra Sofía Carranza.

Todo esto, como ya se dijo, construido a base de los sueños y los recursos económicos aportados por la familia Carranza Aguilar.

“El estar cerca de la vegetación, de los árboles, ir a bosques o a espacios públicos que están bien arbolados, abona a la paz y también a la salud mental, es parte de los servicios ambientales que no se reconocen.

“Dices sí, la captura de dióxido de carbono, la generación de oxígeno, pero el valor estético de las áreas naturales protegidas es un valor intrínseco y que no siempre es reconocido. Algo tenemos los humanos que eso nos trae paz”, medita Susana Estens, la titular de la SMA.

$!Lo primero que decidió la familia Carranza Aguilar cuando encontró la riqueza del lugar, era que no tumbarían nada, que iban a ser amigos de la naturaleza.

APRECIAR EL DESIERTO

Carranza Valdez confiesa que antes de adentrarse en el desierto, era, más bien, una persona industrializada, muy del cemento.

“Cuando llegas al desierto no lo puedes vencer. Nos adaptamos al desierto y si te puedes adaptar al desierto te puedes adaptar a cualquier problema que te presente la vida. La paz que se vive aquí es única, un sistema inmunológico que se va fortaleciendo, vives esa paz interior, el discernimiento, la libertad”.

Y dice que esta reserva, a la que él denomina la enciclopedia más grande del mundo, ha estado, desde su creación, abierta a la mirada de investigadores y estudiantes del Museo del Desierto, universidades como Carolina, el Museo de las Aves de México y el Instituto Nacional de Antropología e Historia.

“Por ejemplo, nos apoyamos con el Museo de las Aves de México porque aquí pasa una migración de grulla americana, entonces es algo que estamos cuidando, que la gente las observe como una riqueza que viene a visitarnos, son nuestros visitantes. Sobre todo, en la temporada de invierno tenemos registradas como unas 80 especies de aves migratorias”.

Miguel Bravo Rivera, analista de Área Natural Protegida, adscrito a la Dirección Regional Noreste y Sierra Madre Oriental de la CONANP, precisa que el hecho de constituirse en este tipo de reservas facilita a los propietarios conformar alianzas con instituciones de investigación.

“Decir ‘yo necesito que se realice algún estudio’, a lo mejor me presento ante alguna institución, ‘yo soy una ADVC, ¿qué les parece si nos ponemos de acuerdo y empezamos a trabajar juntos?, les doy la oportunidad de entrar a mis terrenos’”.

Don Julio Carranza revela que además de pugnar por la preservación del desierto, su proyecto genera empleo para cinco familias de ejidos cercanos al Viñedo Los Amonites, cuyo trabajo consiste en dar mantenimiento constante al predio.

“Tenemos la obligación moral de cuidar esta tierra, de estudiarla y compartir esta riqueza con las personas que nos visiten. Hay que conocer para conservar. Si no conocemos lo que tenemos vamos a empezar a destruirlo, y si destruimos el ecosistema vamos a condenar y entonces vamos a estar deforestando e impactando el medio ambiente.

“Aquí se ha notado el cambio climático. Hemos tenido veranos hasta de 52 grados centígrados. Entonces las plantas empiezan a sufrir, las liebres, los conejos, los coyotes. De hecho, les pusimos bebederos a los coyotes. Mucha gente se asusta, pero hay que ser considerados con los animales. Aquí vivimos en esa armonía con los animales y las plantas”.

$!La reserva Rancho Amonites resguarda 140 millones de años con los diversos hallazgos paleontológicos descubiertos.

FALTA DIFUSIÓN

José Manuel Garza Ortiz de Montellano, integrante de la Promotora de Turismo de Naturaleza y Aventura del Estado de Coahuila, (PROTUR), cuestiona el hecho de que aún hay desconocimiento, por parte de ejidatarios y privados, sobre los programas de conservación voluntaria.

“El programa está, pero falta información para que lo conozca la gente y puedan los propietarios acercarse a las autoridades y decir ‘oye yo quiero proteger mi área, aquí está’.

“Que las autoridades promuevan muy claramente, ahí están en internet los programas, pero de nada sirve. No, promuévelos, haz un foro pa que la gente vaya y conozca...”.

En cambio, dice que registrar voluntariamente una propiedad como área natural protegida encierra, entre otras muchas ventajas, una oportunidad “tremenda” de potenciar el turismo.

“Y queremos que este tipo de actividades se hagan de manera ordenada, que se regulen, que sean sustentables y con beneficio, por supuesto, para las comunidades”.

Por otra parte, Roberto Valdés, guía certificado, asegura que el turismo de naturaleza y aventura se está volviendo cada vez más especializado, más consciente, y busca experiencias más originales y con mayor grado de conservación

“Y eso nos da la posibilidad de traer un turismo de mayor calidad”.

Reportero del Semanario Vanguardia. Ha incursionado en el género del reportaje, la crónica y el perfil, en el abordaje de distintos temas, sobre todo con un enfoque social. Es licenciado en Ciencias de la Comunicación por la Universidad Autónoma de Coahuila