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El camino y legado de derechos humanos en Coahuila

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De la lucha migrante a la inclusión de personas homosexuales; de la defensa de obreros o la lucha en Pasta de Conchos; de la histórica denuncia a soldados que violaron a 14 mujeres en Castaños, a la organización para apoyar a familias de personas desaparecidas. El caminar de Raúl Vera por Coahuila no ha pasado desapercibido. Y muy cerca de él siempre ha estado Jackie Campbell, quien a propósito de la renuncia de don Raúl al Centro de Derechos Humanos Fray Juan de Larios, entrega a SEMANARIO esta crónica histórica sobre las diferentes luchas por la dignidad y justicia en la entidad.

*Con información de Francisco Rodríguez

Raúl Vera llegó al norte de México en el año 2000. Se dio cuenta desde lo personal que, para hacer una carne asada en su casa, no era necesario poner la mesa del comedor, sino estar de pie en torno al asador y platicar en medio del humo, mientras se va taqueando. De hecho, se quedó un asador en su casa de una de esas ocasiones. También se dio cuenta que el progreso económico en Coahuila implicaba mantener zonas enteras precarizadas sobre todo las que rodeaban a las grandes ciudades del estado, y entonces había miles de personas sin servicios básicos, sin iluminación, sin seguridad, sin derechos.

Pocas personas ponían atención a lo que padecían las y los trabajadores de las maquilas, pero no se denunciaba ni eso ni el maltrato que en México se daba a quienes cruzaban el país para llegar a Estados Unidos, entre otras tantas violaciones a la dignidad de mujeres y hombres. Así que, con la visión crítica de su familia y sus estudios, la formación con los frailes, la experiencia que tomó de la gente de Guerrero, y lo visto por sus ojos y su corazón en Chiapas, Coahuila recibía a un líder y activista además de un pastor.

La defensa de derechos de los migrantes, obreros, mujeres, mineros del carbón, integrantes de la comunidad gay, la democracia y los derechos civiles y políticos, hizo que Raúl Vera fuera considerado un actor de alto perfil o más bien de alto riesgo para la estabilidad nacional, lo mismo que quienes caminaban con él y tenían su misma postura. Desde los primeros meses de su llegada a Saltillo, elementos militares mapearon su casa, y las autoridades no dejaron nunca de poner atención a sus acciones.

Noé Ruiz Malacara, presidente de la asociación civil San Aelredo, considera que el levantamiento de la voz de don Raúl Vera en Coahuila vino a cimbrar todo lo que estaba dicho, pues considera que la iglesia veía muchos temas con recelo y cautela para no herir susceptibilidades.

“Y llega y alza la voz por la población LGBTI, por lo mineros, mujeres violentadas, personas desaparecidas, viene a cimbrar todo esto y hace que despertemos de la comunidad eclesial y desde la parte católica a ver qué está mal, qué está bien y qué se puede mejorar para vivir en una sociedad mucho mejor”, comenta.

Recuerda que la historia no lo dice, pero Raúl Vera llega a Coahuila para tratar de mantenerlo callado, al considerar que en el norte no pasaba nada. Ruiz Malacara dice que la iglesia pensaba que en el norte llegaría a dedicarse a sus labores pastorales y fue lo contrario.

“Los temas y los hechos llevaron a don Raúl a alzar la voz”, considera Ruiz Malacara. Y en un estado reacio a abrir nuevos espacios, dice, el obispo Vera los abrió: desde la defensa del migrante, hasta las mujeres violentadas por el ejército, desde la defensa de obreros, hasta la inclusión de la comunidad LGBTI.

Por eso era urgente la creación de un centro de derechos humanos, por lo que algunas personas inquietas se apersonaban cada semana en el obispado para priorizar temas y darle forma a una organización.

Ninguna de ellas o ellos tenía experiencia en un centro de derechos humanos como tal. Había diversos perfiles. Así que se quedaron en el grupo como Consejo Directivo y daban pauta para lo que había que atender. Rosa Esther Beltrán, Juanita Lara, Irma Valdés, María de Jesús Gaona, Víctor Blanco, Luis Córdova Alvélais, Francisco Xavier Rodríguez, Robert Coogan y Pedro Pantoja terminaron escuchando informes de lo realizado cuando el pequeño equipo se consolidó y de manera colectiva se analizaba el rumbo de las acciones.

$!Raúl Vera creó el Centro de Derechos Humanos Fray Juan de Larios y de inmediato comenzaron con la defensa en muchos territorios.

TRABAJO EN CAMPO Y ATENCIÓN A VÍCTIMAS

Hubo mucha rotación en la dirección del centro, Silvia Canto entonces religiosa fue la primogénita, el trabajo de las relix en General Cepeda abarcaba desde educación hasta la defensa de derechos agrarios, y como interinos en el centro estuvieron Teo Dávila, Víctor Vera, Ana Villarreal y alrededor del año 2010, Cristina Auerbach. Muchos fueron los viajes por el estado, por lo que las reuniones semanales se alargaron y a medida que se incrementaron los ataques a las integrantes del centro, el consejo fue poco convocado y más tiempo se dedicaba al campo, a estar con la gente, a documentar lo sucedido, a comprobar lo que los medios publicaban, a atender a las víctimas.

Se le llamó centro diocesano para los Derechos Humanos Fray Juan de Larios porque nacía por interés directo de Fray Raúl Vera como obispo dominico. En las reuniones semanales se aceptó el nombre que él mismo propuso para continuar con la tradición nacional que tenían centros como el Fray Francisco de Vitoria, Miguel Agustín Pro Juárez, Fray Julián Garcés, y por supuesto el Fray Bartolomé de las Casas cuyos fundadores eran religiosos comprometidos con la liberación de los pueblos -no sólo los originarios-, junto con su dignidad y libertad. El Fray Juan de Larios no litigaría de inicio, aunque se daba acompañamientos jurídicos e integrales, se hacían las gestiones con otros organismos fueran No Gubernamentales o directamente del Estado y, a través de procesos de educación popular, se daban talleres en escuelas, templos parroquiales y en las prisiones, para promover el respeto a los derechos humanos.

La defensa de los derechos de las personas y toda persona de algún grupo o zona vulnerable era bien recibida. Hoy lo recuerda Gabriela García integrante del área jurídica del centro (2006-2010):

“Hacíamos gestiones, la gente iba a exponer sus situaciones y no todas eran violaciones a derechos humanos, en ocasiones llevaban pagarés porque debían, o les debían a ellos, porque les iban a quitar la casa, porque se instalaban tienditas de armas y drogas junto a sus viviendas, porque detuvieron injustamente a sus hijos, por abusos en sus centros de trabajo, por invasión de terrenos, o incumplimiento de contratos. Se escuchaba a todas las personas y se canalizaban”.

El centro de derechos humanos nació junto con la atención médica, psicológica y legal para los migrantes. En el año 2000 eran sólo varones los que migraban, ya para el 2006 las mujeres lo hacían también, y unos años después, infancias se veían caminando solas o con algún familiar. De un comedor, se hizo albergue y un par de ubicaciones y años después, “Belén, Posada del Migrante” empezó a tener su propio ritmo y sus respectivas denuncias particulares, aunque siempre en estrecha vinculación. Pedro Pantoja constituyó la A.C de Frontera con Justicia y pasaba al centro de derechos humanos los casos que había que denunciar pues la colusión y complicidad de policías locales, estatales y federales, así como guardias de seguridad, con redes del crimen organizado, operando en las vías del tren que usaban los migrantes para trasladarse, era complejo y peligroso.

Acosos y extorsiones, robos y secuestros, así como el maltrato que vivía la población centroamericana, fueron el foco de atención, y los asesinatos de migrantes (Saltillo, 2001, 2002) lapidados o con armas de fuego, avivaron la fuerza de las denuncias y estrecharon la organización para acompañar no sólo los abusos de poder y la impunidad legal que se vivía, sino la protección, alimentación y la estructura que los acogiera con dignidad, pero también con seguridad.

$!Caravana por la vida, de habitantes de ejidos de General Cepeda que marcharon por la carretera libre Saltillo-Torreón, para evitar la instalacion del CIMARI en el ejido Noria de la Sabina

PROMOVER LA INCLUSIÓN Y DIGNIDAD

Los mismos casos de discriminación y homofobia que recibía Robert Coogan (Saltillo, 2001), y que le planteaba al Obispo, llegaban al centro, para que desde ahí se les diera continuidad.

Noé Ruiz Malacara recuerda que la comunidad San Aelredo, organización que defiende y promueve los derechos humanos de la población LGBTI+ nació en 2002 como una iniciativa para dar un espacio de fe, armonía y espiritualidad a la gente que se identificaba como parte de la diversidad, debido a que muchas personas de la comunidad LGBTI habían sido corridos de su iglesia.

“Nos abrió (Raúl Vera) las puertas en la iglesia. No solamente en una forma metafórica, sino introducirnos en la iglesia”, comenta.

Dice que en 2010 la comunidad San Aelredo formó parte del Plan Diocesano Pastoral, al crearse una Pastoral de la Diversidad dentro de una diócesis, algo único en el país.

“Significó mucho”, dice Noé Ruiz Malacara.

Recuerda que el primer reto al interior de la diócesis fue que el obispo validara las acciones de la comunidad, pues se tenían reuniones semanales, retiro de espiritualidad, pero también pidieron la presencia de Raúl.

Fue entonces que se dio la primera misa con don Raúl en 2006 en donde en el altar se colocó la bandera del arcoíris, símbolo del movimiento de homosexuales y lesbianas.

“Dio la vuelta al mundo. La grey católica se escandalizaba”, recuerda Noé Ruiz.

En 2011 la comunidad San Aelredo se independizó como asociación civil

La defensa de la comunidad gay de parte del Obispo y la plataforma del centro levantó críticas de sectores conservadores de todos los niveles, lo que dio pie a que más comunidades católicas gays nacieran, y la defensa y el pleno respeto de los derechos civiles y espirituales de esta población, se hicieran con mayor fuerza. Coogan hoy recuerda que presentó varios casos al centro. La criminalización se daba porque dos personas del mismo género se besaban en público, o caminaban de la mano, lo mismo que dos mujeres, Dinorah y Gaby perdieron sus trabajos por su preferencia sexual.

Se hacía acompañamiento a personas que vivían con el Virus de Inmunodeficiencia Humana (VIH) y uno de los casos que llevó el centro tuvo que ver con la Facultad de Odontología de la Universidad Autónoma de Coahuila, ya que un médico no quiso extraer una muela a un joven con VIH, por lo que no sólo se tuvo que gestionar la atención médica, sino también hacer del conocimiento a la titular de la nueva institución contra la discriminación en el Estado de Coahuila para garantizar el acceso a derechos y evitar la repetición.

Carlos Llamas quien en 2002 se integró al trabajo de atención a personas con VIH recuerda que la criminalización social se presentaba también a nivel eclesial pues los jóvenes eran retirados de las coordinaciones pastorales por su orientación. La atención a personas terminales de SIDA como apostolado, le hizo vivir experiencias muy difíciles, pues las ambulancias no querían trasladar a las personas enfermas: “Tiempos muy trágicos”, lo define él.

TRABAJO SIN DESCANSO

Quienes estábamos cerca del centro de derechos humanos no podíamos descansar los fines de semana pues había más abusos de elementos de seguridad, como la represión policial y desalojo forzado en el Hospital Universitario un verano en el que estaba la feria de Saltillo. Se trataba de violaciones a los derechos laborales, despidos injustificados, pero también a la libre manifestación, huelga y protesta de parte de enfermeras y religiosas que ahí trabajaban (Saltillo, 2002). Por pedir ampliación de derechos colectivos en sus contratos, las enfermeras fueron detenidas con un uso desproporcionado de la fuerza pública y ahí estuvimos con el Obispo para exigir explicaciones y pedir su liberación hasta conseguirlo.

El centro empezó a recibir invitaciones de organismos y redes de derechos humanos nacionales para participar en encuentros, capacitaciones, reforzar luchas y realizar investigaciones, entre ellos están el Observatorio Ciudadano Nacional del Feminicidio (OCNF) y la Red Todos los Derechos para Todas y Todos (TDT). Se sumaron temas como la tortura y sobrepoblación en centros de detención, faltas al debido proceso y los feminicidios. Todavía se hablaba de “ser voz de los sin voz”, frase de Monseñor Romero -hoy santo-, se denunciaba la presencia militar en comunidades y abusos de autoridad. Fue necesario hacer algunas contrataciones de medio tiempo y tiempo completo, además de solicitar voluntariados locales e internacionales, además de dar de alta al centro para que las y los jóvenes hicieran servicio social. Esas jóvenes abogadas llegaban desde temprano con pan dulce y kleenex para que todas las personas que se acercaban fueran atendidas, escuchadas y salieran, o con alguna solución o cargando menos pesares.

El que Raúl Vera constituyera legalmente el centro Fray Juan de Larios como una AC (Saltillo, 2004) le permitió al centro sistematizar jurídicamente todas las quejas que se recibían.

$!El relator de la CIDH, Felipe Gonzalez, visitó la casa del migrante en compañía del obispo Raúl Vera y el padre Pedro Pantoja

Desde el nacimiento del OCNF se estableció un vínculo a través del cual el centro de derechos humanos, y específicamente de tres matrimonios voluntarios, se documentaba la violencia feminicida en Coahuila y lo compartían con la red que pretendía monitorear a nivel nacional tanto los casos como la impartición de justicia que había en cada uno. Los feminicidios sucedían por todo el estado y cuando después de viajar a los lugares de los hechos, tenían el informe, lo hacían llegar al OCNF y nos reuníamos por la noche en la casa de alguien del equipo, para que nos presentaran los casos. Junto con otros centros de derechos humanos, se tenían reuniones en Ciudad Juárez, para conocer las investigaciones de la extrema violencia que estaban sufriendo las mujeres, previo a la sentencia del Campo Algodonero (CIDH, 2009).

LA DEFENSA DE LOS TRABAJADORES

La denuncia de las precarias e inhumanas condiciones de trabajo de los mineros del carbón en el estado, la complicidad de las autoridades estatales y federales, el sindicato minero, la Secretaría del Trabajo, y los dueños y administradores de las empresas mineras -no sólo de Grupo México-, activó la promoción y denuncia del centro de derechos humanos, reforzando la pluralidad de temas y derechos a defender en Coahuila.

Hubo varios accidentes con fatalidades masivas en la zona carbonífera que se registraron y acompañaron como la explosión en La Morita (San Juan de Sabinas, 2001) donde 12 mineros perdieron la vida, o la inundación en La Espuelita (Muzquiz, 2002) en cuyo pozo murieron 13 trabajadores, o la tragedia de Pasta de Conchos (San Juan de Sabinas, 2006) que sepultó a 65 mineros del carbón. Este último incidente hizo que un equipo entero se organizara y Cristina Auerbach como laboralista, se especializara como defensora en el tema y apostara a vivir en la región para provocar un cambio en el destino de muerte al que se sometía a la población, por una oportunidad de vida digna.

Entrevistada para esta crónica histórica, Cristina Auerbach, defensora de los derechos de los mineros e integrante de la Organización Familia Pasta de Conchos, refiere que Raúl Vera siempre fue “increíblemente generoso y bondadoso”, porque siempre trató con mucho cariño a las víctimas. “Siempre les animaba”, menciona.

Recuerda que antes de la tragedia de Pasta de Conchos había muchas personas en la Pastoral Laboral y a cada uno saludaba por mano. “Saludó a las 100 gentes que estaban ahí. Es alguien que da tiempo a todos, que sonríe con todos. Siempre sonriendo”, comenta Auerbach.

Para Cristina Auerbach, don Raúl fue “heroico” durante muchos años porque los otros obispos lo dejaron solo. “Lo trataron como la escoria de la iglesia”, considera.

La razón es que el obispo siempre estuvo del lado de las familias de Pasta de Conchos para que no pararan, para que continuaran con la demanda de rescate.

Auerbach menciona que cuando dividen la diócesis y Raúl Vera se queda en Saltillo y se crea la diócesis de Piedras Negras de la que depende la región Carbonífera, el recién nombrado obispo pasaba casa por casa a las familias para decirles que no lucharan, que no pelearan.

“Les llevó a cada familia una imagen de un minero dorado que les encanta en la región, que se estuvieran en paz para que ellos estuvieran en paz, como si las familias fueran los culpables del no descanso de ellos”, critica Auerbach.

Para Auerbach, a 20 años de Pasta de Conchos y después de haberse recuperado un montón de restos de los mineros, “don Raúl tenía razón de estar con nosotros”, dice.

La industria maquiladora de exportación estaba fuertemente arraigada y en el año 2002 se le consolidaba a Coahuila como un estado de industria automotriz y metalúrgica. Hubo muchas huelgas, en una de tantas, trabajadores de Monclova caminaron a Saltillo para manifestarse frente al gobernador, por lo que de la Plaza de Armas a la Catedral, el obispo y las integrantes del centro acogíamos las demandas laborales y apoyábamos la gestión de quienes acampaban. Esto se hizo en repetidas ocasiones, así que los grandes consorcios coahuilenses se empezaron a poner nerviosos, pienso que eso fue por la presencia del CEREAL en Saltillo. El Centro de Reflexión y Acción Laboral (CEREAL) es una obra social de los Jesuitas de México dedicada a defender y apoyar derechos humanos laborales y organizaciones de trabajadores, maquilas e industrias. El centro de derechos humanos les pidió asesoría legal y talleres sobre derechos laborales a partir de las condiciones de trabajo que se denunciaban al centro en diferentes regiones del estado.

La reacción de Grupo Industrial Saltillo fue sensacional con el financiamiento y publicación de un folleto titulado “El Fin y los Medios” (Saltillo, 2002) distribuido entre empresarios en el que en varios capítulos desarrollaron temas con los que criticaban el actuar del Obispo Vera y el centro de derechos humanos argumentando que nuestro trabajo se utilizaba para fines de agitación social y política de corte comunista, en lugar de organizar a la comunidad a través del rezo del rosario o algo más tradicional. Se le acusaba al Obispo de ahuyentar la inversión extranjera y politizar las relaciones laborales obrero-patronales por lo que la estabilidad económica y la paz social dependían de la promoción en derechos humanos. Ahí nos dimos cuenta que trabajar en la ciudad era necesario.

$!Una cualidad de la lucha por los derechos humanos de Fray Raúl Vera ha sido en territorio, fuera de los templos.

HISTÓRICA DENUNCIA

Una histórica denuncia se realizó desde el centro por la violencia ejercida por elementos del Ejército Mexicano en contra de 14 mujeres (Castaños, 2006).

Los militares bebían en lugar de cuidar boletas electorales; se revistieron y fueron por refuerzos, estaban más que molestos; la institución les protegió gracias al fuero militar y a que la violación sexual en él no es un delito, sin embargo, así como los hizo volar lo más lejos de Coahuila, así los tuvo que regresar para ser sentenciados por el fuero civil en lo que fuera el primer caso de violencia sexual en América Latina, en la que se condenaba a integrantes del ejército.

El centro de derechos humanos que hizo su propia investigación y acompañaba a las víctimas, se opuso a la reconstrucción de hechos realizada por la Fiscalía del Estado de Coahuila en el mismo lugar de los hechos y a la media noche, con la presencia de las víctimas y los agresores, algo que la Belém do Pará y la CEDAW como estándares internacionales prohibía, por lo que convocamos a periodistas y feministas de los estados vecinos a mostrar apoyo a las mujeres víctimas, y se presionó para que se emitiera una recomendación de la Comisión Nacional de Derechos Humanos (CNDH 37/2007), cuando antes no justificaba los crímenes del ejército y llegaba a ser un real contrapeso institucional.

La exigencia de justicia llegaba con hostigamientos y las oficinas del centro sufrieron un allanamiento y ataque (Saltillo, 2007) por parte de varones encapuchados que sometieron a Mariana Villarreal, una de las abogadas, a quien dejaron encerrada en el baño. La mañana siguiente, Gabriela recuerda que a pesar de que todos los expedientes estaban en el piso, creen que no robaron información sensible. Vulneraron la seguridad en el espacio de trabajo destinado a la defensa, fue un acto de intimidación y hostigamiento, así como de obstaculización del derecho a defender derechos, y como siempre pasa con ataques a defensoras, de manera oficial no se investigó ni se identificó a ningún responsable.

Organizaciones internacionales como Amnistía Internacional emitieron acciones urgentes para que se dejara de amenazar al equipo de activistas del Fray Juan de Larios y se solicitaba una fiscalía especializada para atender personas defensoras. Era tan evidente que éramos víctimas de escuchas telefónicas que al paso del tiempo las personas del equipo adoptamos claves de comunicación incluso en los radios de nextel que se usaban, y no pocas veces eso hacía que nos preocupáramos más.

Lo recuerda Mónica Barrantes, voluntaria Tica que estuvo un año de voluntaria extranjera en el centro:

“Nos estábamos defendiendo y tratando de hacer una red de apoyo entre ONGs para alerta temprana por si algo nos pasaba”.

Mónica también sufrió hostigamientos durante su estancia en México, por su vínculo laboral con migrantes y jóvenes de barrio que la asustaban, que apostaban que no iba a durar en este trabajo, que pateaban la puerta de donde vivía amenazándola de muerte, advirtiendo que no se metiera con las maras; también observó que había personas infiltradas en espacios que debieran ser seguros para trabajar la defensa de derechos humanos. Mónica fue a dar al hospital por gastritis y el médico le dijo entonces que ella “no servía para esto, pues se necesitaba un corazón de piedra”, recuerda en entrevista telefónica.

“Pero no le hice caso, por suerte, y seguí yendo a Casa del Migrante todos los miércoles, aunque lloraba sola al llegar a casa, como cuando escuché a una muchacha de 13 años que me contó que fue violada por 7 hombres. Y yo pensaba que no había futuro para la humanidad”.

$!La defensa de las personas migrantes fue una de las primeras banderas que levantó el obispo Raúl Vera, que a la postre derivó en la creación de la Casa del Migrante.

UN ACCIDENTE QUE MOVILIZÓ AL CENTRO

Un aparente accidente vial permitió que una vez más el centro de derechos humanos se desplazara a otra región del estado, pues un choque ya con fatales consecuencias entre un tráiler y una pick up con personas en la caja, terminó en una tragedia que dejó sin vida a aproximadamente 100 personas (Nadadores, 2007).

El tráiler llevaba 25 toneladas de nitrato de amonio (ácido nítrico y amoniaco) que se calentó tras el accidente, se incendió y detonó con una onda expansiva de 10 kilómetros a la redonda, dejando un cráter de 20 metros de diámetros y 5 de profundidad. El centro visitó a las víctimas que saturaron los hospitales y clínicas de la región centro de Coahuila que tenían esquirlas en su cuerpo, estallamiento de vísceras, o el cuerpo hecho pedazos, y por días enteros, también se visitó a las familias del ejido Celemania para levantar un reporte. Encontrar las casas y vehículos que habían tronado, los relatos y partes de cuerpos humanos en la zona, era increíbles. Las afectaciones de oídos y vías respiratorias por el gas esparcido, es algo que no se olvida fácilmente. Las gestiones para que hubiera vigilancia en el sector de comunicaciones y transportes, y el cumplimiento de leyes que impiden transportar ciertos químicos en una misma caja, fueron labor de las integrantes del centro y sus voluntarios.

CAMBIOS EN LA DEFENSA

Mariana Villarreal, abogada, era quien se sentaba con las familias y estaba al frente de las Ruedas de Prensa de los primeros casos de personas desaparecidas que se atendieron; casos como el de La Barca, Jalisco, en donde las corporaciones de seguridad actuaban de manera coludida con grupos delictivos, también se comenzaron a acompañar desde Saltillo, justo antes de que se formara FUUNDEC, Fuerzas Unidas por Nuestros Desaparecidos en Coahuila (Saltillo, 2009) con familias de 25 personas que habían desaparecido en Coahuila y que eran originarias de Saltillo, Parras y Torreón, así como de Nuevo León, Jalisco y Estado de México.

También en estos años todavía con la línea del Consejo Directivo y de Víctor Blanco como integrante, se comenzó a abordar un tema delicado con una investigación sobre las infancias que comenzaban a trabajar en temas de narcotráfico, detectando que los chicos estaban trabajando como halcones para observar los movimientos de otros jóvenes más grandes, de 13 o 14 años. Esto lo recuerda Silvia Canto, quien agrega que la investigación se realizaba tanto en un salón de la curia como en la Casa Purcell que le habían donado a la diócesis, o en domicilios particulares de personas que colaboraban en el centro.

Los asuntos laborales que el centro de derechos humanos acompañó incluyen la huelga de los obreros textiles de la fábrica de mezclilla La Estrella (Parras de la Fuente, 2011), que fundada en 1899, integraba en su último año como maquila a 400 trabajadores que no aceptaron que se declararan rotos los contratos individuales ni se extinguiera el contrato colectivo de trabajo. Como parte del acompañamiento y litigio se apoyó a Manuel Fuentes como experto laboralista quien asumió la defensa de los compañeros. Pero antes de que estallara la huelga, algunos líderes de FLESA fueron privados de su libertad y fue el centro de derechos humanos quienes, a solicitud de sus familias y trabajadores, visitamos y entrevistamos a los compañeros que estaban como presos políticos en el CERESO varonil Saltillo.

Para el año 2011 con la llegada de Blanca Martínez como nueva directora, el equipo de trabajo se retiró o fue despedido, se canceló el programa semanal de radio “Humanos y Derechos”, se cancelaron las asesorías y atención a la gente, así como los talleres en el penal y con los Grafitos.

La presencia de la directora se fortaleció en los espacios y redes nacionales que el centro tenía, se atendieron algunos asuntos que tenían que ver con la seguridad y vida en ejidos, accidentes en minas y pozos de carbón, asuntos laborales en general, pero casi en su totalidad, el trabajo del centro se dedicó a gestiones, leyes y búsquedas. Pocas veces se volvió a citar al Consejo Directivo.

$!Los Grafitos en la Casa del Migrante. Raúl Vera fue enviado a Coahuila donde comenzó a desarrollar estrategias de defensa para migrantes, obreros, mineros y la comunidad LGBTI.

La figura del obispo Vera siguió muy presente. Pasó más de una década y aunque los vínculos con las organizaciones que nacieron junto con el centro se mantienen, las maneras de trabajar y defender derechos se han ido especializando y haciendo única cada una de ellas.

Para la activista Cristina Auerbach, una de las principales cualidades de don Raúl que lo hizo mantenerse vigente en las luchas por tantos años, fue su ternura y cariño.

“Es una persona tierna y cariñosa. Siempre te palmea la mejilla. Es algo muy de Raúl. Muy cariñoso con las familias, con las víctimas. Y tiene un gran sentido del humor a pesar de todo. Sus mejores fotos es estar riendo a carcajadas y eso siempre hace bien en procesos tan dolorosos, tan injustos, tan miserables como Pasta de Conchos”.

LA RENUNCIA

Don Raúl ha colocado su renuncia al Centro de Derechos Humanos Fray Juan de Larios, el 5 de septiembre del 2026 a 26 años de su llegada a Coahuila. Él lamenta que se le utilice para firmar documentos y no se le haga parte como Fundador y Presidente acerca de trabajos o reuniones que llevan a cabo, además de que el Consejo Directivo es nulo. Hay una nueva manera de trabajar, una directora que tiene 7 meses en el cargo, un equipo nuevo y nuevos retos. En su carta de despedida, él afirma que su presencia o ausencia no alterará la lucha por la justicia en un centro que él fundó y espera que sigan trabajando de manera honesta, reiterando que la sociedad requiere de su trabajo.

Cristina Auerbach lamenta la renuncia del obispo del Centro Fray Juan de Larios.

“No sé lo que pasó. Lamento que su salida haya sido con una carta, con ese contenido. No sé qué pasó que perdieron la comunicación. De cualquier manera, es lamentable que alguien que fue tan importante para ese centro, presente una renuncia de esta manera. Lo lamento por ambas partes”.

Para Noé Ruiz Malacara, el estandarte y la bandera de Raúl Vera tiene mucho para dar.

Dice que escuchar la noticia de la renuncia fue “impactante”, pero considera que, aunque deja una parte importante, para bien o para mal se tiene que reforzar.

A pesar de esa certeza con la se ha expresado y su apasionante lucha por los derechos humanos que le mantienen vital, es urgente y necesario que el trabajo continúe en medio de la sociedad coahuilense. Pero también ha habido reacciones, entre nostalgias, molestias y angustias de parte de quienes fueron parte del proceso de construcción social y legal de la defensa de justicia del Fray Juan.

La primera reacción de Dora Roblero, actual directora del centro Fray Bartolomé de las Casas, Chiapas al enterarse de la renuncia de Fray Raúl al centro, fue preguntar: “¿Cómo está Jtatic con la renuncia?”. Inmediatamente después se inquietó por el futuro del Fray Juan argumentando: “No es nada fácil su continuidad; me preocupa la situación, sería una pena que el centro cerrara... Quizás toca una refundación pues hay mucha necesidad ahí y la prioridad de quienes estén en el centro debe ser absolutamente la defensa de los derechos humanos”.

Silvia Canto, quien fue directora por 4 años, cercana más de una década al centro y quien recordó la creación de la Red Oasis en Coahuila durante la primera década del centro, menciona que la red estaba integrada por personas luchadoras y comprometidas por todo el estado, y hoy se cuestiona sobre la posible reacción del equipo de trabajo del Fray Juan:

“Me imagino que si la gente trabajaba por los derechos humanos, a pesar de la renuncia de una figura importante, la gente permanecerá participando. Me cuestionaría por las personas del consejo que estuvieran por el tema de derechos humanos y no siguiendo a una persona. Será una criba muy positiva tanto para el centro como para don Raúl, pues el centro de derechos humanos, siempre se puede renovar”.

El actual director de la Red Todos los Derechos para Todas y Todos (TDT), Víctor Hugo López refiere que la renuncia de Raúl Vera es una pérdida y un retroceso: “No sé los detalles de la vida interna del centro Fray Juan ahora. Con Blanca Martínez teníamos conversaciones tripartitas con Don Raúl y todo parecía marchar bien. No integrar o no reconocer a Don Raúl en las tareas del centro es un grave error”.

Carlos Llamas, quien estuvo cerca en los inicios del Fray Juan y siguió trabajando en la prevención del VIH, infecciones de transmisión sexual (ITS) y defensa de derechos de la comunidad gay con la asociación Jóvenes Prevenidos, piensa que es un momento que invita a reflexionar y cuestionarnos:

“¿Cómo estamos construyendo y cuidando el movimiento de derechos humanos en México?, pues éste necesita instituciones fuertes, pero también coherentes con los principios que se defienden. Si exigimos al Estado transparencia, rendición de cuentas, respeto a las víctimas, participación y democracia, es lo que debe imperar al interior de nuestras organizaciones. Creo que la decisión del Obispo a renunciar no significa el final de una lucha, al contrario, puede convertirse en una oportunidad para revisar, aprender y fortalecer el camino”.

Carlos piensa que las instituciones pueden cambiar, los liderazgos retirarse y los caminos transformarse, pero la dignidad humana y la búsqueda de justicia deben permanecer.

Cristina Auerbach lamenta que, en esta iglesia, al final, no se sea capaz de conversar, de dialogar, de zanjar las diferencias. “Al final es un mal testimonio y lo lamento”, dice.

Quien estuvo en el trance de década en el centro (2004-2010) Mariana Villarreal menciona sobre la renuncia de don Raúl: “En esta vida ser agradecidas es fundamental. Agradezco la formación y sobre todo la oportunidad; me di cuenta cómo las organizaciones daban apoyo por el hecho de que don Raúl era parte del centro de derechos humanos. Todo el trabajo que hizo fue lo que llevó al centro a ser lo que es. Su credibilidad es vital”.

María de la Luz Estrada defensora feminista y experta en el estudio de la violencia de género e integrante del OCNF reconoce el trabajo y la lucha por los derechos humanos que ha hecho de manera muy integral Raúl Vera en Coahuila y otras regiones:

“Para nosotras es muy importante el papel que ha jugado Monseñor Vera porque siempre ha sido un respaldo para nuestras causas de luchas sociales diversas, siempre nos hemos sentido apoyadas por ustedes”. Con cierta nostalgia muestra su angustia: “Es preocupante lo que dice en su carta renuncia porque es importante su trabajo, experiencia, y mirada estratégica y política, sentimos que hay muy pocos con el nivel que él tiene y se tiene que analizar”.

El presidente de la asociación San Aelredo, Noé Ruiz Malacara, refiere que una enseñanza del obispo Vera es de que las cosas poco a poco se van a ir logrando.

“No podemos llegar y sólo hacer un escándalo. Sino es pensar las acciones. Eso lo ha recalcado. Decía ‘vamos a pensar qué vamos a hacer para que en un futuro las nuevas generaciones no pasen lo que ustedes pasaron’. Fue el mejor consejo: ir planeando las cosas para que se puedan disfrutar de los derechos”.

$!El Centro de Derechos Humanos Fray Juan de Larios fue parte importante en la creación de FUUNDEC y la lucha por las personas desaparecidas.

REFLEXIÓN

Confío en que haya sido buen momento de entregar la estafeta. Lastimosamente no fue una salida digna y no merecía sentirse desplazado, pero ello da pauta a revisar lo que sucede al interior de los centros de derechos humanos de cualquier rincón del país, y me alegra escuchar que las redes nacionales se sientan interpeladas por la palabra de Raúl Vera, por él y por la lucha de derechos humanos.

Hacer una crónica histórica de los primeros años de búsqueda de justicia en Coahuila junto con Raúl Vera, aunque no absoluta -porque no tengo ni buena memoria ni tantos contactos que hicieron que este texto se tejiera-, ha servido para recordarle lo que ha hecho y las aventuras a las que sobrevivimos. Además de que le ha llenado de energía. Estuve en las reuniones de los miércoles cuando se formaba el centro, y en muchos intentos por integrar procesos de articulación en Coahuila. Unos años exiliada me hicieron ver y trabajar desde otros espacios, desde los cuales sigo caminando con don Raúl, quien no se ha deslindado de todo su trabajo. Por suerte seguimos con él desde Casa La Comuna y muchas trincheras más que tienen que ver con la escucha, los cuidados, el intercambio de saberes, la defensa del territorio, la violencia feminicida, los talleres de escritura y formación, con los que nos sigue cuestionando y apoyando. Pero, sobre todo, contamos con su presencia y acompañamiento, porque no creo que algún día deje de pensar en las víctimas de un sistema económico cruel o la manera de liberarlas de ciertos yugos, o que de pronto se desinterese por la violencia que viven las y los migrantes o las víctimas de desapariciones o de sistemas políticos opresores en Colombia o Palestina.

Hay que recordar que para DonRa “No hay otra manera” de hacer las cosas y esa es la escuela llena de pasión que nos ha legado.