El tajo a cielo abierto de 375 metros de largo, 320 metros de ancho y 64 metros de profundidad que se realizó para rescatar a los 10 mineros atrapados en la mina El Pinabete, sigue sin restaurarse, y las autoridades siguen sin presentar un plan de acción claro para remediar los daños que prevenía la Manifestación de Impacto Ambiental. Activistas y ambientalistas refieren que esta omisión se suma a los más de 180 tajos en la Carbonífera de Coahuila.
- 23 febrero 2026
A más de un año de la localización y rescate del décimo y último minero atrapado en el pozo “El Pinabete”, de Agujita, Coahuila, la Comisión Federal de Electricidad (CFE), responsable del proyecto de búsqueda y recuperación de los trabajadores, no ha iniciado la etapa de restauración ambiental del sitio al que está obligada por ley.
Ante este panorama, habitantes de la región Carbonífera temen que la autoridad no cumpla con su cometido, y el tajo a cielo abierto, que fuera construido para descubrir e ingresar a las galerías siniestradas, se quede sin remediar como tantos otros en esta región.
Imágenes de dron captadas por Semanario durante un recorrido en los alrededores de la obra a principios de diciembre pasado, revelaron cómo los trabajos de relleno del tajo con el material extraído durante la construcción del proyecto, y la reforestación del lugar con especies nativas de flora, aún no han comenzado.
Siendo que estas fueron dos de las principales acciones de reparación ecológica a las que se comprometió la CFE en la Manifestación de Impacto Ambiental, (MIA).
Lo único que se observó fue el desmantelamiento y retiro de los equipos, vehículos e infraestructura colocada, así como maniobras de desalojo del agua del tajo y su descarga al Río Sabinas.
“Va todo como siempre, mira para allá, la parte de Barroterán, terreros por todos lados. Mira a tu alrededor, pueblo que te pares, pueblo que está así. ¿Tú crees que van a arreglar eso?, ¿y tú crees que van a arreglar cuando acaben Pasta de Conchos?, claro que no. Por eso es que es importante que presionen a esas autoridades para que sepan que se les está vigilando. Así se va a quedar, así se va a quedar... Esto es prueba de porqué, otra vez, esta es zona de sacrificio. ¿Igual que Andrés Manuel se llevó El Pinabete, Claudia Sheinbaum lo va a cargar?”, pregunta Cristina Auerbach Benavides, defensora de derechos humanos de los mineros del carbón y representante de la Organización Familia Pasta de Conchos.
EL ABANDONO DEL TAJO
De acuerdo con el estudio en materia de impacto ambiental denominado proyecto “Obras para la búsqueda y recuperación de los mineros atrapados en la Mina El Pinabete”, presentado por la propia Comisión Federal de Electricidad ante la Secretaría de Medio Ambiente y Recursos Naturales (SEMARNAT), se preveía que, una vez concluido el rescate de los cuerpos atrapados en el pozo, arrancaría la etapa de abandono del sitio.
Dicha etapa consistiría en el desmantelamiento de los equipos e infraestructura colocada y el cierre de las excavaciones realizadas, así como la limpieza y acondicionamiento de las superficies ocupadas, acciones cuya duración se estimó en siete meses.
“En lo que respecta a la etapa de abandono, llegado el plazo indicado se presentará, para su validación a la SEMARNAT, el Programa que especificará las obras y/o actividades a desarrollar, respecto al retiro de la infraestructura, limpieza y acondicionamiento del espacio”, se lee en la manifestación de impacto ambiental presentada por la CFE.
Con base en este cálculo, y tomando en cuenta que los restos del último minero se recuperaron desde el 14 de febrero de 2025, en agosto del mismo año la CFE debió haber terminado con las actividades de acondicionamiento y restauración del espacio ocupado, actividades que comprendían: la estabilización de taludes, el relleno de excavaciones y la escarificación de suelos, también la inhabilitación y cierre de los caminos en el sitio del proyecto, el sellado de barrenos y la revegetación.
“Ya se le dijo a la CFE, ‘no has hecho nada y la gente ya empieza a protestar’, y dijo ‘nombre, denos chance es que vamos retrasados’”, confió a Semanario una fuente cercana a la Procuraduría Federal de Protección al Ambiente, (PROFEPA).
Hasta ahora el tajo a cielo abierto, cuya dimensión es de 375 metros de largo, 320 metros de ancho y 64 metros de profundidad, sigue en el sitio del siniestro donde el 3 de agosto de 2022 murieron ahogados 10 carboneros.
Y hasta ahora sigue en el sitio el terrero o montículo de tierra de mina, producto de la excavación del tajo, y que, según datos de la CFE, tiene un volumen de 5.3 millones de toneladas de tierra y roca.
“Ojalá las autoridades tengan a bien hacer lo que tienen que hacer, aplicar los reglamentos y los que falten crearlos, porque no es un juego, es la naturaleza, el deterioro de la madre tierra, que es lo que ellos están haciendo”, urge Alejandro Múzquiz Gutiérrez, ambientalista de la Carbonífera con una trayectoria de más de 40 años.
SIN PLAN DE REMEDIACIÓN
Semanario solicitó a la CFE vía transparencia, (folio 330007725001088), copia del plan completo de remediación del sitio El Pinabete, con calendario, costos y avances.
Al respecto la Gerencia de Estudios de Ingeniería Civil de dicha dependencia, manifestó que los trabajos que desarrolla corresponden a obras para el proyecto de rescate y que este no se encuadra dentro del sector minero y, por tanto, a la Ley de Minería, puesto que no se está explotando mineral.
En consecuencia y “por la misma naturaleza del proyecto, no ha sido solicitado a la CFE un plan de remediación por ninguna autoridad competente”.
No obstante que dentro del estudio en materia de impacto ambiental denominado proyecto “Obras para la búsqueda y recuperación de los mineros atrapados en la Mina El Pinabete”, presentado por la CFE a la SEMARNAT el 19 de mayo de 2023, y el cual quedó registrado con la clave de proyecto 05CO2023M0023, la Comisión propuso una serie de medidas de compensación o reparación ambiental del sitio.
Y no obstante que el 13 de octubre de 2023, tras determinar que el proyecto era ambientalmente viable, la SEMARNAT resolvió autorizar, con la condición de que la CFE presentara un programa de restauración ecológica del sitio, mismo que tendría que cumplir y dar seguimiento.
“El proyecto es ambientalmente viable, siempre y cuando se aplique, en tiempo y forma, la estrategia de medidas preventivas, de mitigación y de compensación. La promovente deberá llevar a cabo un Programa de Abandono que deberá contener la información técnica, entre otras, sobre las actividades que se desarrollarán para llevar a cabo un proceso de restauración ecológica en los sitios donde queda inserto el proyecto”, se ordena en el documento.
Este medio pidió entonces a la SEMARNAT, (folio 340026700080125), duplicado del programa de restauración de El Pinabete presentado por la CFE y analizado, evaluado, dictaminado y autorizado por la primera, así como un informe sobre su estatus.
Sobre el particular esta Secretaría respondió que no cuenta con ningún tipo de información, documento, trámite o expresión documental, que se relacione con el pozo carbonero en cuestión.
Esto pese a que, como ya se dijo, en la autorización de la MIA la SEMARNAT exigió a la CFE presentar la propuesta de un Programa de Desmantelamiento y Restauración del Sitio, la cual debía llevar a cabo al terminar la vida útil de las obras y actividades del proyecto, es decir, luego del rescate de los mineros.
El programa, se lee en la versión pública de la resolución, tendría que abarcar las acciones de desmantelamiento de la infraestructura, compensación de los sitios que resultaron afectados; así como de reforestación con especies nativas o endémicas, entre otras medidas.
“Se promoverá la restauración de las zonas afectadas a sus condiciones originales, antes de su ocupación. Se compensará con una reforestación en igual proporción a la removida”, advierte el documento.
El programa establecería los plazos, actividades, técnicas, costes, etcétera, previstos para garantizar la restauración de los sitios afectados.
“Lo más importante era el relleno y la reforestación con especies nativas. Y sí, esto va a llevar mucho tiempo, la restauración de ese lugar no es cualquier cosa, es un área grande, muy grande”, puntualiza José Antonio Dávila Paulin, director de la Comisión Nacional de Áreas Naturales Protegidas (CONANP), Cuenca Sabinas.
PROFEPA RESERVA INFORMACIÓN
Por su parte, la PROFEPA contestó sobre el requerimiento de información sobre los avances del programa de remediación de El Pinabete, (folio 330024425000610), que el 28 de noviembre de 2023 realizó visita de inspección al sitio, con el objeto de verificar los términos y condiciones relativos al proyecto “Obras para la búsqueda y recuperación de los mineros atrapados en la Mina El Pinabete”, procedimiento registrado bajo el expediente número PFPA/12.2/2C.27.5/0068-23, mismo que se encuentra en desahogo, sin que se haya emitido Resolución administrativa por su condición jurídica.
De tal manera que “se puede clasificar como reservado, debido a que el procedimiento referido se encuentra en proceso de substanciación, por lo tanto aún no ha causado estado”.
“SEMARNAT y la PROFEPA son las responsables de obligar a que se haga la remediación”, señala Cristina Auerbach.
Por último, desde noviembre pasado Semanario solicitó a las áreas de comunicación social tanto de la CFE como de la SEMARNAT, su gestión para la realización de entrevistas con directivos de ambas dependencias, a fin de que aclararan el retraso en el comienzo de las obras de remediación en el sitio de El Pinabete.
No obstante, hasta el cierre de esta edición no hubo respuesta.
“Están muy herméticos”, comenta Dávila Paulin de la CONANP.
UNA HERIDA MÁS
El pasivo ambiental que quedó tras la tragedia de la mina El Pinabete, ha despertado la desconfianza y la incertidumbre de miembros de organizaciones sociales y ecologistas, lo mismo que de conservacionistas independientes en la Carbonífera, sobre la restauración del sitio.
“Es que no nada más ese se ha quedado, se han quedado muchos. Hay muchas áreas mineras que no las restauraron. Ojalá y fuera el único. Es un desorden, es un vil desorden. De alguna forma el sistema está acostumbrado a hacer las cosas mal
“El empresario minero no tiene porqué. Cuando se va a abrir un pozo, en los documentos de factibilidad, de uso de suelo y todo, viene el compromiso de restauración. Si yo no hago mi plan de restauración el sistema me debe de exigir que cumpla. Muy pocas veces se ha visto, pero mientras el sistema lo permita...”, subraya el ambientalista Alejandro Múzquiz.
Dávila Paulín dice que el origen de esta omisión estriba en la falta de supervisión por parte de las autoridades ambientales en los centros de trabajo, una vez que concluyen las obras.
“Y ahí quedó el tajo con todas las afectaciones”.
Según una estimación preliminar hecha por la CONANP, se sabe que en la región de Sabinas, San Juan de Sabinas, Múzquiz, Juárez y Progreso, existen alrededor de 180 tajos, esos boquetes negruzcos abiertos como bocas en la tierra, consecuencia de la actividad minera en esta parte de Coahuila.
“En el 180 ya le paramos de contar, pero ha de haber unos 200 tajos”, dice José Antonio Dávila.
UN PROBLEMA QUE DAÑA EL ACUÍFERO
Los tajos han ocasionado graves alteraciones al medio entorno de la región, sobre todo en lo que se refiere al agua, ya que tales excavaciones, construidas para la extracción de carbón mineral, contribuyen a desviar o a interrumpir la circulación de corrientes subterráneas que abastecen los ríos y presas de la zona y más allá.
“Nosotros aquí en Juárez tenemos el problema de que ya la presa ‘Don Martín’ se está secando, ¿y a qué se debe eso?, a muchas cosas. Mira, principalmente que se ha venido tapando el cauce normal del Río Sabinas, hecho por la mano de Dios, por la naturaleza”, lamenta Sergio Kobel Romania, ambientalista independiente.
Denuncia que se permitió sacar materiales y hacer tajos en el centro del río. “El desorden ya está hecho”, recalca. Y enumera otros tajos que se volvieron un problema ambiental, entre los que destaca El Pinabete, el de Pueblo Nuevo, los de Sabinas, al lado del puente, los que están ocultos.
“Han ido acarreando un problema grande en el río. Ya acabaron con los veneros, con las corrientes fluviales, ya no hay nada, ¿y qué es lo que puedes hacer tú?, se ríen de ti. Metes una denuncia y se ríen.
“Todos los tajos tienen muchísima agua. La presa no tiene agua, quiere decir que ya se azolvó el río, el agua ya no corre, cae a los tajos que tienen hasta 30, 40 o 50 metros de hondo. Ahorita tendrá la presa algunos tres o cuatro metros de profundidad, allá casi pegado a la cortina”, reclama Kobel Romania.
La interrupción o desvío de esos flujos en el subsuelo ha provocado el afloramiento de agua en los tajos, su posterior inundación y, lo que es peor, su evaporación.
“Cuando hay agua en un tajo es porque la profundidad llegó hasta el manto freático, entonces sale el agua. Algunos dicen ‘no, no, si no pasa nada’. Claro que pasa porque esa agua, en lugar de estar subterránea, ahora está aquí, es una ventana al cielo, entonces se está evaporando, se está perdiendo esa agua hacia la atmósfera. Claro, entra al ciclo del agua, como nos lo enseñaron en la primaria. Todos los tajos que existen en la región, que les sale agua, esa agua subterránea debería, en algún momento, salir en el río, en algún lugar, en algún ojito. Como le cortas ahí al río subterráneo pues sí va a afectar en algún momento”, evidencia el director de la CONANP, Cuenca Sabinas.
Se trata, ahonda, de una alteración del ciclo del agua, lo que genera un impacto.
“Habría que medir toda la superficie del agua que está expuesta a la atmósfera y cuánta se está evaporando. Si ustedes ahorita ven el flujo del agua en el Río Sabinas está bajo, no está en sus mejores condiciones y eso que es invierno. En verano que hay mucha mayor evaporación y temperatura el nivel baja todavía mucho más. Sí tiene un impacto”, insiste Dávila Paulin.
UNA TIERRA SIN IMPORTANCIA
La manifestación de impacto ambiental presentada por la CFE para el proyecto de búsqueda y recuperación de los restos de los mineros de El Pinabete, prevenía sobre una alteración del flujo actual ya que los trabajos afectarían a las masas de agua subterránea.
“Dichas actividades pueden generar huecos y fracturas, así como el aumento de la permeabilidad (...)”.
Omar Navarro Ballesteros, integrante de la Organización Familia Pasta de Conchos, dice que los tajos de la región son el reflejo, la metáfora desafortunada de una sociedad que, como la tierra, ha sido lastimada, dañada, manipulada por el empresario minero.
“Que no le importa esa destrucción, eso negro, esos huecos, esas heridas, no nada más de la tierra, sino de los mineros, de sus esposas, de sus hijos, de sus amigos. Así como están de lastimadas las tierras, están las familias”.
Aun y cuando el tajo se haya construido para la búsqueda y recuperación de los 10 mineros atrapados y muertos en la inundación del pozo El Pinabete, el hecho de que hasta ahora no haya habido restauración, dice Navarro, significa que se sigue viendo a esta tierra como algo sin importancia.
“Fue muy importante el rescate de los mineros, eso es innegable, fue una noticia, un gran trabajo, pero el mensaje que les estamos dando a las nuevas generaciones es de que estas tierras nada más sirven para maltratarlas, para herirlas”.
Sobre lo que motivó la construcción del tajo, el proyecto “Obras para la búsqueda y recuperación de los mineros atrapados en la Mina El Pinabete”, dice que en virtud de que, por efecto de la intercomunicación subterránea existente en el pozo con otras minas abandonadas en la periferia resultó imposible extraer la totalidad del agua que permitiera a los rescatistas descender al interior, el entonces presidente de México Andrés Manuel López Obrador, instruyó a la CFE a construir un tajo a cielo abierto que la posibilitara para arribar hasta el sitio donde se presumía se encontraban atrapados los cuerpos de los 10 carboneros que no alcanzaron a escapar cuando comenzó la inundación.
Luego de que se diera la recuperación de los restos del último minero, en febrero de 2025, la CFE difundió en un comunicado que, hasta esa fecha, y desde inicio de los trabajos, se habían extraído seis mil 227 millones de litros de agua mediante bombeo continuo.
En un reportaje publicado por Semanario a finales de julio del año pasado, sobrevivientes de aquel siniestro contaron que el agua que inundó el pozo tras el derrumbe era agua negra, y cómo las minas de la región se han convertido en verdaderas cloacas.
A lo largo del estudio de 190 páginas se destaca en varias ocasiones la contaminación asociada a la presencia de escurrimientos de aguas negras o grises, provocados por falta de infraestructura de drenaje en la zona.
“Estamos asentados sobre una laguna de miércoles”, dice un integrante del Consejo Ecológico de Participación Ciudadana, (CEPACI), de Sabinas, quien pide el anonimato por razones de seguridad.
Para el desarrollo de las obras o actividades del proyecto se delimitó una superficie de 73.49 hectáreas, que involucraban un terreno propiedad de la Mina El Pinabete y otros espacios particulares, federales y municipales.
El estudio describía dicha área como un entorno alterado por la presencia y desarrollo de labores productivas, entre ellas la minería, la ganadería extensiva y la agricultura. Siendo la extracción de carbón mineral, mediante pocitos o tiros verticales, la labor que mayor presión ejerce en el ambiente con el retiro de la vegetación, la generación de polvos fugitivos, ruido y la contaminación del agua y suelo, principalmente.
El mismo estudio consignó que hasta mediados de 2023, según la Secretaría de Economía, existían en el área 40 concesiones vigentes para la explotación y posible explotación minera, situación que invariablemente constituye un elemento más de perturbación para los diferentes componentes ambientales involucrados y, hay quienes aseguran que, además, para los sociales.
“Que cada vez que entrega CFE contratos diga que es para generar desarrollo, es demagogia. ¿Cómo vas a generar desarrollo si estás entregando contratos por dos años?, o sea, ¿vas a generar desarrollo en dos años?, no han generado en 30 años. Este modelo no genera desarrollo, genera hambre en los pueblos. Este tonto del Tony Flores, al que no le dieron contratos, quejándose. Tuvo contratos por tres mil millones, tres mil millones, ¿cuánto generó de desarrollo eso? No fue para arreglar una escuela, no fue para regalar computadoras a las escuelas, no fue para que tuvieran biblioteca. No, fue para dar despensas de 100 pesos, ese fue su desarrollo.
“La extracción de carbón, así como la hacen, ni siquiera es que genere empleos, es que necesitan la mano de obra para que el modelo funcione. No son generadores de empleo son contratadores de mano de obra a la que luego desechan enferma, lastimada de pulmones, rodillas, espalda. Es cuestión de tiempo para que haya muertes en las minas, ya habían parado, ah no otra vez vuelta a contratos, pero solo para pozos y cuevas, ya no quedan ni siquiera minas medianas, sólo pozos y cuevas y las muertes son en pozos y cuevas”, reclama Cristina Auerbach.
LOS IMPACTOS AMBIENTALES
Sobre la superficie del proyecto se realizaría la excavación a cielo abierto usando explosivos y medios mecánicos, se habilitarían escombreras, un bordo de protección, un desarenador, un sistema de extracción y conducción de agua proveniente del socavón, caminos de acceso, rampas de construcción, patios de maniobras, zonas de almacén y oficina, líneas eléctricas, barrenos, casetas de vigilancia y equipos de emergencia.
El estudio prevenía como resultado de tales actividades, 16 impactos ambientales acumulativos o residuales adversos:
1. Alteración de la calidad del aire por gases y/o partículas.
2. Alteración de la condición y cantidad del hábitat disponible.
3. Alteración de la velocidad y cantidad de agua infiltrada.
4. Alteración de las propiedades físicas o extracción de suelo.
5. Alteración de las propiedades físicas y extracción de roca.
6. Cambio en la circulación del agua subterránea.
7. Cambio en la superficie natural.
8. Cambio en los elementos del paisaje.
9. Incremento del nivel acústico ambiental.
10. Modificación de la superficie vegetal. 11. Modificación del consumo de agua local.
12. Modificación del nivel del terreno.
13. Riesgo de accidentes.
14. Riesgo de afectación y desplazamiento de fauna.
15. Riesgo de contaminación del agua.
16. Variación en la representatividad de la fauna.
Al inicio del proyecto, en la etapa de preparación del sitio, se habrían realizado trabajos de retiro de vegetación y ahuyentamiento de fauna.
Respecto de los animales del lugar, generalmente anfibios, reptiles y pequeños mamíferos, el documento advertía que “la intervención del hábitat pudiera desincentivar la presencia de fauna, lo que se traduce en una modificación en su abundancia, particularmente en los frentes de trabajo”.
“Se ha hecho ver como que la región es monte y no hay nada, cuando en realidad hay fauna, hay mucha fauna silvestre que también está siendo afectada por este tipo de minería, y sobre todo plantas medicinales que eran de uso popular, de nuestros abuelos, y ahorita hay un total desapego. Se nos hace creer que es un desierto, que no hay nada, que está todo seco, que es árido, que vale más que haya minas a que no haya nada...”, comenta Omar Navarro Ballesteros.
La MIA resaltaba además la incidencia del proyecto en una fracción del Río Sabinas, denominado sitio RAMSAR número 1769 y catalogado como una de las más importantes de Coahuila, por su riqueza ecosistémica.
A finales de agosto de 2022 diversos sectores de la Carbonífera denunciaron la contaminación de este afluente con las aguas extraídas de las galerías de El Pinabete, fenómeno que se manifestó por el color naranja de las aguas.
Un análisis microbiológico de la descarga de agua de la mina, realizado por Marcela Rubí De León Fuentes, especialista en hidrología y medio ambiente, reveló concentraciones de hierro que superaban ampliamente los valores recomendados por la Organización Mundial de la Salud para el agua potable, así como un contenido elevado de magnesio.
De León Fuentes detalló que si bien la NOM-001-SEMARNAT-2021 no define límites claros para estos elementos en cuerpos naturales como los ríos, la presencia de estos materiales en cantidades elevadas supone un riesgo potencial para la vida acuática y la salud humana, si el agua se utiliza con fines recreativos o para el contacto humano.
Y concluyó que el contenido elevado de hierro y magnesio estaba relacionado, probablemente, con la coloración rojiza u ocre del agua observada en el sitio del estudio, ya que la acumulación del hierro altera su química.
Sergio Kobel Romania, ambientalista independiente, prevé que de no restaurarse el sitio de El Pinabete habrá otros riesgos para la Carbonífera.
“El daño va a ser para Agujita, la Región Carbonífera y la Presa ‘Don Martín’, porque quieras o no el tajo está muy grande y está cerquita del río. En una creciente, en una avenida como la de 2010, va a arrastrar ese terrero y más. Deberían exigirles que taparan todo el mugrero, que lo taparan, ¿cómo le van a dejar un peligro a la región?, porque es un peligro, pero tú les dices y te juzgan tonto. No pos cómo...”.
Al respecto la evaluación del impacto ambiental presentada por la CFE pronosticó una “alta probabilidad de inundación” en el área del Proyecto en caso de lluvias extremas, avenida de ríos o desbordamiento de cuerpos de agua.
ECHARSE LA BOLITA
Además de los costos ambientales que representará el proyecto de la CFE para la región, hasta finales de junio del 2025, el gobierno federal había desembolsado ya en las labores de rescate de los mineros, según respuesta a una solicitud de información, mil 495 millones 712 mil cuatro pesos y 43 centavos, con cargo al pueblo.
“¿De quién es el Pinabete y de quién es Pasta de Conchos?, son de particulares, ¿y por qué los cargos son pal pueblo?, ¿y por qué nosotros todo eso, la indemnización de las viudas?, ¿por qué no se ha podido descubrir qué es esa alianza, qué es ese compromiso, ese beneficio? Cada uno elige su trabajo, los riesgos los tienes que pasar, los tienes que enfrentar. Todos enfrentamos los riesgos de nuestros negocios, no nos cobijamos con el gobierno ni nos cobija”, recrimina un integrante del CEPACI de Sabinas, quien prefiere no dar su nombre.
En el listado de concesiones mineras de la Secretaría de Economía federal, al que Semanario tuvo acceso vía escrito libre, aparece como titular del pozo El Pinabete, registrada con el número 221087 y bajo el nombre de Las Conchitas Fracc. Norte, la compañía Minera Río Sabinas S.A. de C.V. de la cual no se especifica nombre de propietarios, socios ni accionistas.
La licencia, cuyo permiso vencía hasta el 18 de noviembre de 2053, fue cancelada el 14 de abril de 2023, nueve meses después de la tragedia.
En el Registro Público de Minería, de la Dirección General de Minas, aparece el nombre de José Ángel Ramírez Ramón, que funge como una de las partes en la concesión, pero del que este medio no consiguió averiguar su total identidad.
No obstante, CIA. Minera El Pinabete, S.A de C.V, es propiedad, según el Registro Público de Comercio de Luis Rafael García-Luna Acuña, detenido por la Fiscalía General de la República (FGR) por su probable responsabilidad en el delito de explotación ilícita de un bien que pertenece a la nación.
Este personaje era socio en una empresa (Transportes y Maquinaria GLAZAM S.A de C.V.) con Régulo Zapata Morales, hijo del exalcalde de Sabinas, Régulo Zapata Jaime y la exalcaldesa Carolina Morales Iribarren, pariente de José Feliciano Díaz Iribarren, actual presidente municipal.
“No sé cómo esté ahí la bronca porque se tapan unos a otros. Hay hasta personajes del gobierno del estado y ha habido diputados involucrados en los tajos, por eso todo el tiempo tapan las cosas. Desgraciadamente ya no hay autoridades que tengan la mano puesta en el corazón, no, ya no. Ellos buscan sobre las ciudades, los pueblos, los campesinos, enriquecerse y seguir desgraciando a la gente de escasos recursos, eso es lo que yo he visto. ¿Cómo está Rosita?, ¿cómo está Cloete?, están sentados en una bomba de tiempo, todo está ‘cueveado’, parte de Sabinas”, se duele Kobel Romania.
Cuando Semanario preguntó a la Secretaría de Economía, por transparencia, (solicitud folio 330025925000509), si estaba enterada de algún plan de remediación del sitio de El Pinabete y sus avances, la dependencia manifestó que la “remediación” es una figura de reciente creación en la nueva Ley de Minería, publicada en el Diario Oficial de la Federación el 8 de mayo de 2023. Razón por la cual, dicha figura no resultaba aplicable ni obligatoria para el titular de la concesión 221087, pues esta fue establecida en la Ley con posterioridad a la cancelación de la referida concesión.
“Mientras las autoridades no hagan algo fuerte para obligar a los empresarios, todos se van a seguir aventando la bolita, cuando en realidad quien termina perjudicada es la misma sociedad, los mineros, los pobladores. Los funcionarios tienen otras prioridades que no es la reconstrucción, la reparación del daño ambiental, pero tampoco la de los mineros”, acusa Omar Navarro.
Tras el hallazgo y recuperación de los restos del último minero atrapado en el fondo del pozo El Pinabete, Laura Velázquez Alzúa, coordinadora nacional de Protección Civil, habló para los medios sobre la continuación de los trabajos correspondientes a la restauración del sitio y la construcción de un memorial, promesas que hasta ahora no se han concretado.
“Los funcionarios te hablan cosas muy bonitas, que ahora vamos a hacer esto, pero la herida no se sana con un memorial, no, no se sana. Ahí tendrían que hacer un trabajo para empezar, de acceso a la justicia, que se encarcele, que se lleve a juicio a los empresarios. Creo que hay muchas cosas más por remediar”, remata Navarro Ballesteros.
