Lili perdió sus dos senos y aprendió a vivir con esa ausencia. Hoy confecciona prótesis mamarias artesanales para otras mujeres y convierte su experiencia en una forma de acompañamiento. Su amor ya traspasó fronteras.
En una de las tantas reuniones con sus compañeras, sus hermanas de vida, como ella las llama, Lili les platicó que en esos días, sus días aciagos, ella pasaba frente al espejo sin cabello, sin un seno y luego sin el otro, pasaba frente al espejo y decía “esa soy yo”, sin cabello, sin un seno y luego sin el otro, y entonces se pintaba los labios de rojo y decía “esa soy yo animada, esa soy yo con los labios rojos”.
La escena me la cuenta María Dolores Alonso, Lolis, una de las amigas más cercanas de Lili, hacia las 11:00 de un lunes, sentada a la mesa de una bulliciosa cafetería en un centro comercial.
Lolis y las demás conocidas de Lili se quedarían admiradas.
“Con eso trataba de verse bonita. Es el optimismo. Eso es lo que significó para ella ser optimista. Le costó, le costó, no es de la noche a la mañana”, dice Lolis y ella sabe por qué lo dice.
Varios miércoles atrás Yessica Yudith Álvarez Hernández, trabajadora social del área de Capacitación del Instituto Municipal de las Mujeres en Saltillo, lee para unas 40 féminas la carta que Regina, la hija de Lili, escribió como parte del proceso de postulación de su madre al Premio Municipal de la Mujer el año pasado y en el cual Lili no resultó ganadora.
“Hablar de mi mami es hablar de una mujer que decidió transformar una experiencia difícil en una experiencia de vida, Ella aprendió que el cáncer de mama no solo deja cicatrices físicas, también emocionales. Y en lugar de quedarse en el dolor decidió convertirlo en servicio (...)”.
Lili llora, llora, llora, más tarde dirá que de emoción.
Lili apenas y puede hablar, y es como si sus palabras se ahogaran en un torrente, en una oleada, en un golpe de llanto.
“Gracias, de todo corazón, por venir, por acompañarme. Quiero que esto lo hagan con empatía, con mucho amor. Aunque no las requieran, hay alguien que las necesita. Que cada puntadita... que cada prótesis sea hecha con todo el amor del mundo. Tenía muchas más cosas que decir, pero la verdad... Estoy muy agradecida con todos ustedes, con Dios, que me dan la oportunidad de presentar nuevamente este taller. Aunque sea un pedacito de tela, pero hecho con mucho cariño, con mucho amor. Yo padecí esto y no quiero que ninguna mujer sufra...”, alcanzo a oír que dice Lili y llora.
“¡Vamos Lili!”, irrumpe una voz de mujer en el auditorio con mesas y sillas de la Unidad Administrativa en la municipalidad.
PUNTADAS DE AMOR
Son más de las 10:00 en el Taller Elaboración de Prótesis Artesanales de Mama “PUNTADAS de amor”, obra del optimismo de Liliana Gámez Pérez, Lili, 50 años, dos veces sobreviviente de cáncer de mama, dos veces sometida a una mastectomía.
Después... aplausos, aplausos, aplausos.
Al rato miro a Lili ir y venir de un lado para otro por el auditorio, supervisando, dando instrucciones, entre el grupo de mujeres voluntarias que se afanan en coser, hilo y aguja en mano, las prótesis.
“Tengo que fijarme que cosan bien, para que esa prótesis no nada más se quede en un montoncito de tela, que esté bien hecha para cuando se la entreguemos a la persona que la necesite. Siempre les digo que piensen en algo bonito cuando estén haciendo la prótesis”.
Me dice Lili un atardecer de jueves que ha venido con Sergio Mata García, 58 años, su esposo, para conversar conmigo en un café – librería que está rumbo a la Alameda.
En el café hay música en inglés, chicas, parejas pasando.
Otro día, Yessica Álvarez, la trabajadora social del Instituto de las Mujeres, me contará que durante uno de los talleres impartidos por Lili en una empresa, una señora le preguntó si podía rezar un rosario mientras echaba puntadas sobre la prótesis, Yessica le respondió que sí.
“Se aventó un rosario haciendo la prótesis. Cada puntadita era una intención para la mujer que la iba a recibir”.
Durante esos días me sorprenderé de saber que las prótesis artesanales mamarias elaboradas por voluntarios en “PUNTADAS de amor”, el taller de Lili, son donadas a mujeres de bajos recursos que han padecido la pérdida de uno o los dos senos, a consecuencia del cáncer de mama.
“Espero que esta prótesis sea un pequeño recordatorio de que no estás sola en este camino. Te deseo mucha fuerza, esperanza y días llenos de luz (...). Espero que te sea de ayuda (...)”.
“Hola bonita, me imagino lo que sientes, pero aquí te mando una prótesis hecha con mucho amor”.
“No sé coser, pero se hace con todo el amor. Que Dios te bendiga siempre y jamás pierdas la fe. Jehová siempre está contigo. Con cariño, Paloma”.
Leo los mensajes que unas voluntarias del taller escribieron en la tarjeta de dedicatoria que acompaña a las prótesis, empacadas en una bolsa de celofán, como si fuera un regalo.
“Cuando terminan de hacer la prótesis yo les dejo una tarjetita. Usted escribe algo para la persona, le dedica la prótesis, un mensaje de amor”, dirá Lili.
DEL SHOCK A LA SONRISA
Lili es así: de estatura mediana, delgada, cabello lacio, oscuro, aperlada tez, lleva antiparras, una cadena con una L dorada colgando del cuello, los labios pintados de rojo intenso, tiene una voz meliflua, suavecita, bajita y una sonrisa perdurable.
Mientras la sigo algunas semanas para contar su historia me pregunto, ¿cómo una persona a la que le han amputado los senos puede todavía ser capaz de sonreír?
Cuando a Lili le diagnosticaron cáncer fue el shock, por la incertidumbre de no conocer la enfermedad.
Se le vino el mundo encima de pensar en todo lo nuevo a lo que se iba a enfrentar.
La explicación del médico sobre los tratamientos no lo entendió, creyó que le estaba hablando en otro idioma.
Cuando por fin asimiló lo del tratamiento y le dijeron que muy probablemente perdería el cabello, fue otro golpe bajo para ella.
“Eso es parte de nuestra vanidad como mujeres, es nuestra apariencia física”, dice.
Pero cuando le anunciaron que parte del proceso era quitarle el seno, mediante la mastectomía, fue para ella algo muy doloroso e impactante.
“Pensar que después del cabello, el desgaste de nuestro cuerpo, el vernos ojerosas, demacradas y con una cirugía dónde vamos a vernos sin un seno, nos deprime, nos hace tocar fondo. Ahí es donde descubrimos que solo tenemos dos opciones: sumirnos en la depresión y dejarnos caer, o levantarnos y sacar fuerzas de donde sea, hacerle frente a la situación y tratar de salir lo más fuertes que podamos, empoderarnos ante la enfermedad y mentalizar que sólo tengo esta opción: sí puedo, soy fuerte y no me rindo...”.
Me dice Lili un domingo por la noche que mensajeamos, después que no tuve el valor para preguntarle personalmente lo que significó para ella que le diagnosticaran cáncer de mama dos veces, y le dijeran que le quitarían los senos, primero uno, luego el otro.
Lili, quien tenía 35 años cuando le detectaron cáncer por primera vez, se habría decidido por la segunda opción.
“Sí puedo, soy fuerte y no me rindo”.
Era 2013.
Jamás pensó que se iba a morir.
EL CÁNCER CON MÁS DIAGNÓSTICOS
A la 1:00 de la tarde de un martes, en su consultorio de la Avenida Universidad, Guillermo Cázares Urbina, ginecólogo con subespecialidad en oncología ginecológica y máster en patología mamaria y senología, me dice que el cáncer de mama es la lesión con más diagnósticos en México, por encima del cáncer de próstata, de colón y todos los cánceres.
Se puede presentar en mujeres desde los 17 hasta los 93 años.
La más joven que le ha tocado atender tenía 16 años.
“Una jovencita de Parras, un caso muy triste. No, no era mamá. Afortunadamente nos fue muy bien con ella, seguramente debe estar sin ningún problema”.
La mayor proporción de casos se ubica entre los 35 y 65 años.
Y cada año se diagnostican en este país unas 36 mil mujeres con cáncer de seno.
Tan solo en 2024 la Secretaría de Salud de Coahuila reportó 764 nuevos casos de cáncer de mama.
Esta enfermedad se mantiene como la primera causa de muerte por tumores malignos en el estado, registrándose 244 defunciones al cierre de 2024.
“Es tremendo”, dice el doctor Cázares.
Su origen es multifactorial: la herencia, la obesidad, el tabaquismo, principalmente.
El médico explica así el cáncer: unas células enfermas que se resisten a morir, en un proceso natural del cuerpo llamado apoptosis celular, algo así como un suicidio programado, e insisten en perpetuarse, multiplicarse y desparramarse por el organismo, hasta destruirlo, si no se actúa a tiempo.
“Es un crecimiento que puede ser rápido, porque hay cánceres un poquito más agresivos que los otros, y hay tumores que son un poquito menos agresivos, pero a fin de cuentas todo se llama cáncer”.
Entre más temprano se haga el diagnóstico y tratamiento de cáncer de mama, habrá mucho mejor sobrevida.
“Entre más tarde se haga el diagnóstico... el tumor es tan malo que suelta, por el torrente sanguíneo, por el torrente linfático, células que van a dar y se atoran en otro lado: pulmón, huesos, cerebro, riñón, el otro seno”.
-¿Cuándo ustedes prescriben una mastectomía?
-Depende de cada paciente. Cuando, por ejemplo, es un tumor grande, la mama pequeña, o que no vamos a dejar una mama completamente cosmética, o que no hay el acceso a la radioterapia o a la quimioterapia fácilmente, entonces sí se prefiere una mastectomía.
-¿Y qué es lo que dejan después de la cirugía?
-La piel, se queda el músculo y se queda, inclusive, un poquito de tejido celular subcutáneo. Se quita exclusivamente la glándula, lo que es el tejido mamario. Queda igual que un hombre, queda el músculo, el pectoral mayor, las costillas y todo lo demás.
Lili tenía dos hijos, un adolescente de 12 años, Sergio Eduardo, una nena de nueve, Regina, y tres preguntas: ¿cómo voy a salir de aquí?, ¿cómo lo tengo qué enfrentar?, ¿qué tengo que hacer?
“Me dijo el doctor: ‘con esa actitud que empiezas, ten por seguro que ya llevamos un buen avance’. Cuando me dijo eso, entendí... Dijo ‘el cáncer es muy de llevar a la gente a la depresión, entonces, ¿qué es lo contrario a la depresión?, tener una actitud positiva, estar bien’, y dijo el doctor ‘el 75 por ciento para curar el cáncer es una actitud positiva, el 25 son los tratamientos’, le dije ‘si el 75 lo tengo ya, ¿entonces qué tengo que hacer...?’”.
Regina Lilián Mata Gámez, 22 años, licenciada en administración de recursos humanos, la hija de Lili, cuenta por WhatsApp, en plena jornada de trabajo, cómo vivió esa etapa:
“Sé que mi mamá estaba pasando por algo difícil. Como niña no entendía la magnitud, pero sí sentía la preocupación y todo lo que estaba pasando alrededor de nosotros como familia. Lo que sí sé es que ella de alguna manera intentó protegerme de la parte más dura de todo eso. Yo podía notar que algo estaba pasando, pero creo que entre ella y mi papá hicieron todo lo posible para que siguiera siendo una niña y no cargara con preocupaciones que a mí no me correspondían. Y ahora que ya estoy grande valoro mucho que ambos hayan hecho eso de cuidarme y de protegerme”.
“SOY FUERTE Y NO ME RINDO”
Mediodía de otro lunes en el Instituto Municipal de las Mujeres.
Sobre un módulo de oficina, adaptado como taller de costura, Lili está cortando las telas con las que hará los moldes para las prótesis.
Más tarde, detrás de un escritorio, en un cubículo, Lili confiesa que claro que la tumbaban las quimioterapias, que claro que se sentía fatal con las radioterapias, que claro que la pasó horrible cuando se le cayó el cabello y que claro que peor cuando fue mastectomizada, pero estaba viva, tenía por quién ver.
“Y eran mis hijos, mi esposo, mis papás, mis hermanos que siempre estuvieron ahí, que fueron una red de apoyo muy grande para mí”.
Y lo superó...
Después de tres años, cuando se suponía que la enfermedad había desaparecido, ocho quimioterapias y 25 radioterapias de por medio, durante 12 meses, una mastectomía, a Lili le volvió el cáncer de seno.
“Muchas personas me decían, ‘si ya conoces el camino pues... ya va a ser más fácil’, y yo les decía ‘es que no fue nada fácil pasar por ese camino, pero lo voy a intentar’”.
Que lo iba intentar, dijo Lili.
“La segunda vez, se va a oír fríamente, pero le dije a ella ‘ya conocemos el camino, vamos a darle pa’ delante, esta es una gripa que va a salir’”, platica Sergio, el marido de Lili.
Lili tenía entonces 40 años.
Y el camino que se abría ante su mente sería más largo y tortuoso de lo que ella esperaba: 49 quimioterapias, 30 radioterapias, más de cien vacunas, muchos estudios, cirugías, la amputación de su otro seno.
Total: como dos años y medio de tratamientos.
“Fue más largo porque ya tenía metástasis”, me cuenta.
De vuelta a nuestra charla en el café – librería le digo a Lili que quiero saber si en aquellos días solía mirarse al espejo, contesta que sí.
“Es un golpe muy difícil para todos, te impacta como mujer. Los senos, el cabello, es algo que caracteriza a la mujer. Te sientes insegura al verte sin un seno, pero cuando tienes la confianza en ti misma, primero, y, aparte, la confianza que me daba mi esposo, lo único que te queda decir es ‘pues no tendré un seno o no tendré los dos senos, pero estoy viva, pero tengo salud, pero tengo un compañero de vida, mi esposo que siempre está conmigo y que me da esa seguridad’. Ya no lo vi tanto como que me falta, sino al contrario, se convierte esa parte física que te falta en algo o en alguien que tienes”.
Sergio Mata, el esposo de Lili, dirá simplemente que supieron sobrellevar el proceso.
“¿Triste?, sí, claro que sí, porque no deja de ser una enfermedad de cuidado, pero nunca estuvimos tan agobiados. Siempre le dije a ella, ‘a este matrimonio, a este hogar, llegamos dos y estamos dos y vamos a estar dos’”.
Yessica Álvarez, la trabajadora social del Instituto Municipal de las Mujeres, me contará que a lo largo de estos años ha visto casos de personas que, además de estar pasando por esta enfermedad o recién diagnosticadas, terminan solas, sin su pareja.
“La pareja sentimental se va, las cambia por otra, como ellas dicen, las quieren despojar de la casa, no le dan la pensión de los hijos, les quitan el servicio médico...”.
-¿Qué piensa de Lili?, interrogo a Yessica.
-Yo admiro mucho a Lili. Su historia de vida es sorprendente, todo lo que Lili vivió, todo lo que pasó y luego volverlo a vivir. Muchas veces nada más pensamos en nosotros. Nos está pasando la situación y pensamos nada más en nosotros, pero ella no, ella quiso que todo esto se expandiera, que llegara a más mujeres, que las demás mujeres tuvieran una prótesis. Transformó el dolor en acciones de amor para mujeres que estaban en la misma situación, para sus hermanas de vida, como ella les llama.
Después de la segunda mastectomía, Lili se había decidido de nueva cuenta por su segunda opción: levantarse, sacar fuerzas de dónde fuera, hacerle frente a la situación, empoderarse ante su enfermedad.
“Sí puedo, soy fuerte y no me rindo”.
MUJERES VALIENTES
Tan pronto como se levantó de su convalecencia, Lili se inscribió como voluntaria en las filas de Reto Coahuila A.C., un grupo que promueve la salud integral de la mujer diagnosticada con cáncer mamario.
“Son mujeres muy valientes, son personas que tienen una alta capacidad de amor, una alta capacidad de recuperación. Eso se llama resiliencia. Ella se pudo haber deprimido, pero manejó bien su duelo y empezó a hacer cosas que se llaman resolución. Obviamente le duele haber pasado por esta etapa de su vida, la doble mastectomía, que fue algo, seguramente, muy severo, pero ella hizo cosas...”, expone el ginecólogo Guillermo Cázares.
Aún después de ser doble sobreviviente de cáncer, Lili dice que la palabra “guerrera” es una palabra fuerte para ella.
“Nos dicen que somos guerreras, no somos guerreras, para mí no, porque yo no vine a este mundo a pelear con nadie. Me tocó pasar estos procesos y con la mejor actitud los pasé... Guerrera es una palabra muy fuerte, a esta vida me tocó venir a vivir un proceso. No me tocó uno, me tocaron dos”.
Cynthia Molano Serna, subdirectora de Prevención y Sensibilización Social del Instituto de las Mujeres, pinta a Lili como una sobreviviente valiente.
“Una mujer que viene de corazón, viene todas las horas, ni siquiera está en nómina. Es una mujer que ama su causa y ama ayudar y es un gran apoyo para nosotros”.
La misión de Lili dentro de Reto Coahuila era visitar el área de quimioterapia del Centro Oncológico, en Saltillo, donde el grupo tiene oficina, con el fin de difundir los servicios de la asociación, así como orientar a las pacientes sobre los procesos que tendrían que llevar en su batalla contra la enfermedad.
“Agradecida siempre con Grupo Reto, ellas fueron las que me ayudaron a empoderarme y a enfrentar, con todos los kilos, la enfermedad, a salir adelante, a ser doblemente sobreviviente de cáncer... Ahí nos ayudan con terapias individuales, grupales, una convivencia muy padre que... Todas platicamos de nuestros procesos.
“Solamente otra persona que está pasando el proceso nos entiende, sabe cómo realmente nos sentimos. Muchas decíamos ‘no me puedo ni levantar, no me puedo ni mover’, pero veíamos a nuestros hijos, a nuestros esposos y decíamos, ‘claro que estoy muy bien, ahorita me levanto’, pero sí se sienten muchas ganas de llorar, estoy enojada, no quiero ni que me hablen”.
LA VIDA EN EL TALLER
La historia del Taller Elaboración de Prótesis Artesanales de Mama “PUNTADAS de amor”, es así:
Era octubre y a las voluntarias de Grupo Reto les pidieron organizar en el Oncológico una actividad para conmemorar “El Mes de Sensibilización sobre el Cáncer de Mama”, mes del cumpleaños de Lili, Lili cumple años el 29 de octubre.
Lili tuvo entonces la idea de armar una suerte de curso o clase intensiva, con el fin de enseñar, primero a sobrevivientes, luego a voluntarios, cómo hacer una prótesis de seno artesanal.
Que estaba bien, le dijeron en el Grupo.
“Al ser yo sobreviviente, y al ver a las mujeres que estaban llegando mastectomizadas y necesitaban de una prótesis, porque una prótesis es muy importante para una mujer... Quieras que no somos mujeres, la vanidad. Al principio empecé rellenando mi brasier con un par de calcetines de mi esposo, pero no era tan factible, ya que de repente ya traía yo un calcetín por acá...”.
María Dolores Alonso, Lolis, se hizo amiga de Lili en una de sus visitas al área de quimioterapia del Oncológico.
Era un salón muy grande con sillones y en los sillones había pacientes que se pasaban cuatro o cinco horas sentadas, conectadas a una manguera, tomando su tratamiento.
“Lili siempre fue muy inquieta, hizo comunidad en el grupo que estaba recibiendo el tratamiento. Dijo ‘el día que sea el taller de prótesis, allá las espero’, y allá fueron todas ellas, se juntó todo un salón, bonito. No nomás fueron las muchachas, las señoras, sino los muchachos enfermeros fueron y agarraron la aguja y el hilo y ya empezaron... Eso fue muy motivante para todos”, dice Lolis, también sobreviviente de cáncer de seno.
Lili recuerda que las primeras prótesis que se elaboraron estaban rellenas con semillas de linaza, tenían una vida útil de apenas tres semanas, olían mal y no se podían lavar.
-Sabía coser, ¿no?, le pregunto.
-Mi abuelita me enseñó a coser en máquina, me enseñó a tejer, pero así como tal, coser, coser, no, pero pues uno ya con las necesidades propias del hogar tiene que aprender a zurcir el calcetín, a levantar bastillas, a pegar un botón...
Otro día en el Instituto de las Mujeres, donde a Lili le han adecuado, por orden del alcalde Javier Díaz González y de Linda Vanessa Fernández Tonone, la directora de la dependencia, una suerte de taller de corte y confección, me muestra su creación de prótesis:
Es un símil de seno acolchado y suave, que a la postre ha resultado en comodidad y durabilidad para las pacientes.
A priori Lili se dio a la tarea de investigar, durante meses, sobre las telas y los rellenos más adecuados para la prótesis.
Y se encontró con unos lienzos sedosos y resistentes, unas bolitas de polipropileno, que son como gel, y una especie de borra, como la que se utiliza para rellenar almohadas.
“La primera vez yo fui quien le consiguió parte del material con el que empezó a hacer las pruebas, y se dio cuenta que traía mejor calidad que otros”, relata Sergio Mata, el esposo de Lili.
De la combinación de las telas y el relleno nació su prótesis artesanal.
“Claro, me costó porque eran pedacitos de tela, de plástico, era buscar la manera de encontrar el material adecuado para sacar, primero, el molde, después el cómo quedaba con las costuras, no todas las costuras quedaban o no todas me empataban las piezas, tuve que estar ahí buscándole. Empecé a sacar mis propios diseños, mis propios prototipos...”.
Después de realizar varias pruebas, pruebas caseras como meter la prótesis al microondas, a la lavadora, a la secadora, al congelador, Lili obtuvo un nuevo desarrollo de prótesis que, a diferencia de otras, permitía a las mujeres dormir, nadar, bañarse con ella puesta.
Una prótesis perfectamente lavable, moldeable, liviana y, lo mejor de todo, que su ciclo de vida ha llegado a ser de entre tres y cuatro años.
“No absorbe humedad, no forma hongos, es lavable, seca rápido, la pueden lavar en la lavadora, a mano, secarla al sol”, abunda Lili.
“Muchas personas ya no se podían meter a la alberca por cuestión de autoestima. La de silicón no la pueden mojar, la de alpiste y la de linaza tampoco. Les está dando mucho gusto que esta sí la pueden mojar”, dirá Yessica.
LAS BENEFICIARIAS
Lourdes Orta Ramírez, 62 años, sobreviviente de cáncer mamario, es una de las beneficiarias de la prótesis de Lili.
Conoció a Lili en el Instituto de la Mujer, donde labora desde hace 17 años.
Un día de camino al trabajo olvidó en casa su prótesis de silicón.
“Le comenté a Lili, ‘qué crees que se me olvidó la prótesis’, dijo ‘¿a poco?’, le dije ‘sí’, dijo, ‘ahorita lo arreglamos’, y empezó a hacerla, le dio luego, luego, aquí mismo. Dice ‘ten, aquí está la prótesis’, con la bolsita y el mensaje también de PUNTADAS de amor”.
-¿Y cómo se ha sentido?
-Muy bien. Esta se puede amoldar. Si siente uno que está muy arriba la podemos bajar un poquito. La de silicón no, aunque es manejable. Yo uso la prótesis por estética, pero no pienso que ay no tengo nada o tengo que tener algo... Eso se va manejando poco a poco.
Recuerda que al principio, luego de su operación, no quiso verse al espejo.
“Pero al día siguiente tuve que verme porque ya fue el primer baño después de la cirugía. Sí impacta, dices ‘no pos cómo voy a quedarme sin el seno’, Luego, conscientemente, se hace uno a la idea de que ya no va a estar...”.
Su hija, quien durante todo el proceso fue su psicóloga y enfermera, y su esposo, que la acompañó siempre, la ayudaron, narra Lourdes, y no llora.
“Sígale buscando y ahorita empiezan las de cocodrilo”, bromea.
LA NECESIDAD DE SEGURIDAD
Es un jueves a las 11:00, día de terapia emocional en el departamento de Atención a Pacientes con Cáncer, (APAC), del DIF en Ramos Arizpe, y Evelin Valentina Carreón Armendáriz, 24 años, psicología humanista, me está hablando del por qué es tan importante, física como emocionalmente, para la mujer, el uso de prótesis de seno.
“En la parte física ellas nos comentan que al momento de retirar un pecho se siente un desequilibrio en su cuerpo, un desbalance. Si solamente se tiene un pecho el peso de ellas se carga a un lado, sienten que les falta una parte. En la parte física es buscar un equilibrio.
“Y en la parte emocional... Las mujeres somos vanidosas, salir a la calle y que te vean sin un pecho, que te volteen a ver o que te pregunten qué pasó, te señalen... A lo mejor no es igual que tener tu pecho, pero una prótesis artesanal hace que te sientas más segura, cómoda, la autoestima”.
Y es entonces cuando APAC invita a las familias, a los esposos, a tomar terapia.
“Esa parte de aceptación, de sexualidad, del cómo me veías antes, al cómo me ves ahora. Es una parte muy importante para los esposos”.
Guadalupe Cepeda Carrillo, 53 años, una de las 40 mujeres inscritas en el grupo, dirá que a ella no le da vergüenza salir sin prótesis.
Sara Ortiz Vázquez, 70 años, dirá que ella no quería que la vieran cuando le quitaron un seno y la mitad del otro, pero lo superó.
“Si Dios quiso que estuviera así, así voy a estar”, dice.
Sergio Eduardo, el hijo de Lili, 26 años, licenciado en comunicación, le ayudó a Lili con los logotipos y todo lo que tenía que ver con la imagen de la prótesis.
Lili comenzó a llevar su Taller Elaboración de Prótesis Artesanales de Mama “PUNTADAS de amor”, financiado con recursos propios y de su familia, a grupos de mujeres sobrevivientes de cáncer, que carecían de recursos para comprar una prótesis de silicón, después a asociaciones civiles y luego a empresas.
“En el caso de las sobrevivientes se les dice cuál es el procedimiento, empezamos a coser, empezamos a platicar de nuestros casos, de nuestras situaciones, que nos ayudó a unas, que nos ayudó a otras, que nos sacó adelante a una, que nos sacó adelante a otra. Es muy padre”, suelta Lili.
Las prótesis que se confeccionaban en el taller eran donadas a pacientes que habían perdido uno o los dos senos.
EL TALLER QUE TRASPASÓ FRONTERAS
De nuevo en el Taller Elaboración de Prótesis Artesanales de Mama “PUNTADAS de amor”, realizado en el auditorio de la Unidad Administrativa de la Presidencia Municipal, veo entre la multitud de mujeres voluntarias que cosen y rellenan prótesis, a dos hombres, zurciendo.
Uno es ortodoncista, el otro es chofer de transporte rural.
“Me llegó la invitación, como soy de Salud Pública, decidí venir. Fue decisión propia, para aprender, para saber, tener el conocimiento en caso de que se requiera, algún paciente que no tenga los recursos para estar solventando una prótesis, ofrecerle este tipo de soluciones”, dice Jaime Arturo Calzada Martínez, el ortodoncista.
Efraín de León, el operador de transporte rural, dice que asistió por recomendación de Yessica, la trabajadora social.
-Antes había cosido, ¿no?
-Sí, mi ropa.
-¿Y qué tal?
-Pos más o menos, aí le hago la lucha.
Pienso que de no estar acá me hubiera costado trabajo imaginar a dos varones metiendo aguja para sacar la hebra sobre un seno ficticio.
“Que los hombres vayan y se pongan a coser como cualquier... no es fácil de imaginar”, evoco las palabras que me dijo María Dolores Alonso, Lolis, amiga de Lili, la mañana que nos vimos en un café.
Lili me contará que fue gracias a uno de esos talleres donde la mayoría de los voluntarios eran hombres, que su prótesis artesanal y su taller traspasaron fronteras.
Sucedió en octubre de hace dos años en una empresa de Monterrey, dedicada a prestar servicios ambientales, y a donde Lili había sido invitada para impartir su taller.
“En los talleres nosotros ofrecemos donar las prótesis, en caso de que alguna de las personas que esté apoyándonos en realizarlas conozca a una paciente que ha pasado por el proceso de cáncer”.
Al final se acercó un joven ejecutivo, deseaba, dijo, le donara la prótesis para su hermana que había sido mastectomizada.
La sorpresa para Lili fue saber que aquel hombre era un árabe con ascendencia mexicana, y que su hermana, de la misma nacionalidad, vivía en Omán, país situado en la península arábiga.
“Ella estaba pasando por el proceso, la acababan de operar”, narra Lili.
Tiempo después la chica, cuyo nombre es Wergine García, se comunicó con Lili para informarle que su prótesis de “PUNTADAS de Amor”, había sido ampliamente aprobada por sus médicos y familiares.
“Porque no cualquier cosa aprueban en Arabia Saudita para que las mujeres usen, por la cultura. La vestimenta y todo depende de lo que el esposo o el suegro decidan”.
La paciente solicitaba además la autorización de Lili para replicar su taller en Omán, y usar su prototipo de mama para confeccionarlo allá y donarlo a grupos de mujeres sobrevivientes de cáncer de seno.
Lili dijo que sí.
Tiempo después Lili se encontró en un desayuno con aquella muchacha árabe, que había viajado a Saltillo para conocer los materiales y aprender a confeccionar la prótesis.
“Yo la enseñé, le di algunos tips para elaborar la prótesis”.
Las dudas quedarían resueltas a través de llamadas, videollamadas y mensajes por WhatsApp, de Saltillo para Arabia Saudita, en las madrugadas.
“Le dije adelante, el taller es tuyo”.
Desde entonces en Omán se imparte un taller sobre elaboración de prótesis de seno artesanales que no se llama “PUNTADAS de amor”, sino el “El Taller de Lili”, en homenaje a su creadora.
“Son los alcances de una actividad que Lili empezó y que sigue creciendo y creciendo. Ha sacado lo mejor de ella a raíz de la enfermedad”, declara Lolis.
INICIATIVA BIEN RECIBIDA
Regina, la hija de Lili, platica sobre la carta que le escribió a su madre con motivo de su postulación al Premio Municipal de la Mujer 2025 y que Lili no ganó.
“Me permitió poner en palabras todo lo que siento que nunca le he dicho, todo lo que admiro de ella, y también lo que, durante mucho tiempo, no supe cómo procesar”.
Hace un año que Lili llegó, por instancias de Yessica, al Municipal de las Mujeres, para compartir su proyecto del taller.
La iniciativa fue bien acogida por el alcalde Javier Díaz y Vanessa Fernández, la directora del Instituto, quienes facilitaron el espacio y apoyaron con la compra de los materiales.
“Lili es una mujer voluntaria que ofrece sus servicios voluntariamente y sin interés de nada, más que de ayudar a otras mujeres”, me dice Vanessa una mañana que charlamos en su despacho del Instituto.
Antes Lili, como voluntaria del Grupo Reto, había apoyado al Ayuntamiento dando pláticas, su testimonio de vida, durante el Mes de la Lucha Contra el Cáncer de Mama, hasta que le contó a Yessica lo de su taller y por eso es que ahora está acá.
Es otra mañana en las oficinas del Instituto de las Mujeres, Lili y Yessica parecen muy atareadas, Lili cortando y cosiendo a máquina, Yessica armando los kits con los costureros, las piezas de las prótesis, los rellenos y las tarjetas de dedicatoria.
De pronto la máquina de coser no enciende, Lili dice que se ha puesto nerviosa.
-¿La máquina o usted?
-Las dos... dice Lili y se ríe.
Yessica comenta que les aguarda una jornada de tres días de taller en la empresa Lennox y por eso el apuro.
Días después Lili me contará que fue una misión agotadora, 12 talleres, más de 300 voluntarios, pero que está feliz.
“Todas las mañanas me levanto con mucha energía porque vamos a hacer algo que va a ayudar a las personas a tener su prótesis”.
Mi último día en el Instituto estoy platicando con Iliana Ochoa, 42 años, una psicóloga que hoy ha venido en calidad de voluntaria para elaborar prótesis artesanales de seno.
“No sé, me llamó la atención cuando vi a Lili y a Yessi realizar el proyecto. Dije ‘ah, yo también quiero ser partícipe’, no en la misma magnitud que ellas, pero poner mi granito...”.
Dice IIiana mientras da la puntada final a la prótesis.
-¿Cómo se siente?
-La verdad no me la creo que me haya salido tan bonita...
Epílogo.
Actualmente Liliana Gámez Pérez, Lili, alterna la actividad de sus talleres de elaboración de prótesis de mama artesanales, con sus estudios en línea de licenciada en administración de empresa, sexto cuatrimestre, promedio 9.8, y su faceta de madre y esposa.
A la par trabaja en un nuevo proyecto para hacer de sus talleres algo más dinámico y divertido.
¿Cómo? ¿Qué va a hacer?Ah pues es sorpresa...
