Javier Cárdenas Silva
Es un asunto sumamente anacrónico. Tan anacrónico que no solamente ya a nadie le interesa, sino que la mayoría lo desconoce, y a todos, tanto conservadores como liberales, clérigos y políticos, católicos y librepensadores come-curas no les importa ni un comino.

Es un asunto por el que en nuestro país hubo guerras civiles y conflictos políticos, divisiones acérrimas en la sociedad y en las familias, polémicas interminables, ideologías que se satanizaban mutuamente.
Es un asunto sumamente anacrónico. Tan anacrónico que no solamente ya a nadie le interesa, sino que la mayoría lo desconoce, y a todos, tanto conservadores como liberales, clérigos y políticos, católicos y librepensadores come-curas no les importa ni un comino.

Es un asunto por el que en nuestro país hubo guerras civiles y conflictos políticos, divisiones acérrimas en la sociedad y en las familias, polémicas interminables, ideologías que se satanizaban mutuamente.

Desde 1857 hasta el sexenio de Salinas de Gortari el asunto de las leyes de Reforma y sus aplicaciones civiles, religiosas, educativas, económicas y políticas dividió a los mexicanos. La radicalidad de las posiciones ideológicas a favor y en contra de las Leyes de Reforma crearon dos sociedades mexicanas una laica y otra religiosa tan fanatizadas con su ideología ( y con su poder político y económico) que consideraban traidores a la patria a los que militaban bajo la bandera contraria.

A lo largo de las décadas, sobre todo después de los 50 se fue diluyendo esta estéril beligerancia (y surgió la mejor época de la nación). El asunto de la amenaza del comunismo que afectaba los intereses tanto de los políticos ricos liberales como de los empresarios conservadores, facilitó la convivencia (y conveniencia) pacífica y sus alianzas oligárquicas.

Los epítetos de liberal y conservador ya no se usan en el lenguaje cotidiano (religioso o político) ni hay a quien aplicarlos. Ni los panistas son conservadores, ni los priístas liberales... ni los perredistas son comunistas.

Entonces ¿qué son? ¿Qué hay que conservar en este país?... ¿de qué nos debemos de liberar?... ¿qué socialismo debemos de promover? Estos son los temas que se discuten más por el poder partidista que para beneficio colectivo de todos los ciudadanos.

A pesar de las diferencias políticas y económicas que sufrimos los ciudadanos, todos estamos de acuerdo en que no podemos tirar a la basura la cultura que hemos amasado con nuestra historia y mucho es lo que debemos de conservar, estamos de acuerdo en que debemos ser liberales y liberarnos de leyes y costumbres que esclavizan la libertad y el desarrollo, estamos de acuerdo en que las oportunidades y los recursos deben estar al servicio de todos y no de unos cuantos. La Constitución de 1917 con todas sus infinitas adiciones, correcciones, interpretaciones, enmiendas, y reformas es una síntesis de este acuerdo nacional.

Entonces ¿porqué estamos en una guerra civil que nos abruma con sus crímenes, su inseguridad y su deterioro social y educativo?

Este 5 de febrero comprobamos que una Constitución no es una herramienta milagrosa que construye la paz y prosperidad de manera automática y que la tragedia social que quiso remediar sigue siendo un asunto tan trágico como entonces. Hoy igual que entonces se requiere construir (además de leyes constitucionales) una madurez ciudadana colectiva que pueda construir la unión de todos los mexicanos.