Cannes, Francia.- El hasta ahora guionista Charlie Kaufman había levantado mucha expectación por su debut como director con "Synecdoche, New York", una película que presentó hoy en Cannes y que es tan original como han sido siempre sus guiones, pero aún más complicada, confusa y bastante deprimente.
Kaufman es el celebrado guionista de dos historias que ya han pasado a engrosar lo que se denomina "películas de culto": "Being John Malkovich" y "Eternal Sunshine of the Spotless Mind", por lo que su paso a la dirección era muy esperado.

Presentada hoy en la competición oficial del Festival de Cannes, la impronunciable "Synecdoche, New York" tuvo hoy una buena cogida en su primer pase aunque lo cierto es que el comentario general era de incomprensión a gran parte de la trama.

Un, como siempre, impecable Philip Seymour Hoffman, es el protagonista e interpreta a Caden Cotard, un director de teatro al que abandona su mujer (Catherine Keener), que está obsesionado por su trabajo y rodeado de personajes un tanto surrealistas, empezando por él mismo.

Con una narración en la que se mezclan realidad, sueños, pensamientos y todo tipo de cosas, el resultado es más bien confuso, especialmente cuando la obra de teatro que el protagonista empieza a montar es un reflejo de la realidad, que se va adaptando a los acontecimientos.

En ese punto se duplican los personajes, lo que en algunos momentos hace difícil seguir el hilo de la narración, como ocurre con el papel de Hazel, interpretado en la película por Samantha Morton y en el teatro dentro del filme por Emily Watson.

Morton indicó en la rueda de prensa posterior a la proyección que incluso en el plató de rodaje había personas del equipo que las confundían.

Toda esa confusión se produce en un ambiente absolutamente depresivo que es el estado permanente en el que se encuentra el personaje de Hoffman.

Aunque más bien fallido, es un filme interesante y original en su estructura y planteamiento. Pero da vueltas sobre la misma idea desde el principio hasta el final.

Kaufman explicó que cada vez que escribe una historia lo hace sobre lo que está pensando en ese momento y que en este caso las ideas de partida eran "la vida, la enfermedad y el envejecer".

"No escribo películas de un género particular. Intento hacer justamente lo contrario", dijo Kaufman, que también aseguró que con esta historia no ha querido "mandar ningún mensaje sobre nada".

El director reconoció que la historia es "ambigua", algo buscado, por lo que hubiera sido "un error por mi parte presentar las cosas claras".