Nostalgia de los espacios vacíos

Opinión
/ 18 junio 2023
true

“Y es que allá el tiempo es muy largo”.- Juan Rulfo.

La acción de habitar se refiere a la manera en que nos relacionamos con el mundo y con el espacio. A este último se le confieren diversos adjetivos como sideral, físico, pero pienso que todos, al menos en nuestra realidad física como es la ciudad, deberían ser espacios habitables.

Un sustantivo es -según los expertos- aquel tipo de palabras cuyo significado determina la realidad. Los sustantivos nombran todas las cosas: personas, objetos, sensaciones, sentimientos; la habitabilidad es un sustantivo que se le adjudica a un lugar que cumple con ciertas características físicas, espaciales o incluso legales y normativas que lo hacen un sitio digno en donde cualquier persona puede estar. Pero un lugar también tiene o no estas características, porque también se convierte en adjetivo al ser o convertirse en un sitio habitable.

Dice Pallasmaa que el habitante se sitúa en el espacio y el espacio se sitúa en la conciencia del habitante. Pero ¿qué pasa cuando el espacio se vacía? Hace unos días leía sobre el significado de la palabra kenopsia, cuya etimología proviene del griego y está compuesto a su vez por dos palabras: kénosis que significa vaciamiento y opsis que significa observar. El Diccionario de Oscuras Tristezas de John Koenig define esta palabra como una atmósfera inquietante de un lugar vacío que solía estar lleno de personas, pero que al momento de mirarlo se encuentra abandonado y tranquilo. Para que este estado suceda en nosotros, el espacio tiene que hacernos sentir nostalgia.

$!Vivienda abandonada sobre la calle de Pérez Treviño, en el Centro Histórico.

Cuando habitamos un espacio durante un no muy largo periodo de tiempo, le imprimimos nuestras costumbres, nos apropiamos de él: pensemos en una habitación de hotel, en la que estaremos un par de noches, colocamos nuestras cosas de cierta manera, en cierto lugar que tiene algo de particular -como particulares somos los individuos- a pesar de ser espacios genéricos. Cuando por el contrario nos cambiamos de residencia, nuestros nuevos espacios se graban con nuestros gustos, costumbres creencias, hábitos, cotidianidades, incluso las palabras que utilizamos; los abrazos a nuestros seres queridos se quedan en esa atmósfera a manera de memorias, de recuerdos. Pero no solamente los espacios privados, también los públicos; caminamos, vivimos y habitamos una ciudad en sus aceras, en sus plazas, jardines, calles, estas tienen impresas en sus atmósferas, en sus materiales o en sus paredes nuestra conciencia colectiva, nuestra forma de ver y ser, en fin, de habitar una ciudad. Esta ciudad que está compuesta por edificios públicos o privados que nacen, permanecen, se vuelven históricos y en los centros fundacionales de dichas ciudades mutan y se convierten para utilizarse en otra cosa, en el mejor de los casos. ¿Cuántos edificios, viviendas, se han convertido en lugares vacíos llenos de nostalgia, que antes eran lugares donde se construían memorias? lugares que hoy se vuelven oquedades en el espacio. Kenopsias personales y colectivas. Porque son sitios que son susceptibles de nostalgia, de recuerdos. Santiago Ramírez afirma que el mexicano se mueve en un territorio inhóspito, en un suelo prestado: “abonos que le brindan un anhelo de seguridad mensual con fraccionadores disolutos” y agrega que a pesar de esto, siente que su territorio es de él, porque la apropiación de los espacios y la identidad que se refleja en ellos forma parte de nuestra historia y de la forma de habitar.

Al caminar la ciudad y en específico el Centro Histórico, se pueden encontrar muchos ejemplos que remiten a esta emoción de la que se habla; casas abandonadas con aberturas que nos permiten asomarnos al interior y que aunque no las hayamos habitado, es posible pensar que cada muro guardaba un color, cada espacio un olor, cada mesita una fotografía, o el bodegón que le gustaba a la abuela, casas y edificios vacíos en la calle de Bravo, Juárez, Victoria, Allende, Pérez Treviño, Colón o Ramos Arizpe por mencionar algunas. Esquinas convertidas en lugares genéricos que se vinieron abajo a causa del descuido, del abandono o por razones comerciales ¿cuántos lugares se suman a esta sensación de nostalgia al verlos vacíos, no solamente de personas sino de espacios habitables, todos los días en nuestra ciudad? Estimado lector, cuando visita el Centro Histórico ¿qué lugares despiertan esta emoción antes innombrable que se mezcla con la nostalgia y que ahora le llaman kenopsia?

Arquitecta por la Universidad de Monterrey. Cursó la maestría en Arquitectura con especialidad en diseño y tecnología ambiental en la Facultad de Arquitectura de la Universidad Autónoma de Coahuila, donde fue becaria del CONACYT y enfoca su investigación para la obtención del grado a los usos, aplicaciones y adaptaciones de la arquitectura vernácula a las nuevas demandas de la época actual. Es profesora investigadora con perfil PRODEP y coordinadora de posgrado en la Escuela de Artes Plásticas Prof. Rubén Herrera de la UA de C. Forma parte de la Academia de investigación, es miembro del comité de reforma curricular de ambas carreras, miembro del comité de la Maestría en Arte y Diseño, así como del Núcleo académico Básico del mismo programa, miembro del cuerpo académico “Expresión visual” de la licenciatura en Diseño Gráfico. Coordina la plataforma In Signia, sitio dedicado al estudio, promoción y preservación del patrimonio y los símbolos que conforman la identidad en su ciudad natal. Becaria del Programa de Estímulo a la Creación y Desarrollo Artístico (PECDA) Coahuila en el año 2012 en el área de patrimonio y como creadora con trayectoria en 2021, coordinadora del libro Umbrales. El centro de Saltillo. Visiones desde la transdisciplina, donde además colabora con un capítulo, ganadora del premio de periodismo cultural Armando Fuentes Aguirre “Catón” emisión número 23 en categoría Prensa.

Formó parte del equipo de diseño del prototipo de vivienda sustentable propuesto por el CINVESTAV. Autora del capítulo “Apropiarse el territorio” en “Dimensiones del Espacio” libro editado por la UAdeC. Colaboradora en diversas revistas de divulgación a nivel nacional y regional como la Gazeta del Archivo Municipal de Saltillo. Es analista, gestora y asesora en temas de reglamentación urbana. Estudiante de Doctorado en Arquitectura y Urbanismo en la Facultad de Arquitectura de la misma universidad en donde desarrolla proyectos de investigación relacionados con el patrimonio, los imaginarios y emblemas simbólicos.

NUESTRO CONTENIDO PREMIUM