Fotos: Vanguardia/Marco Medina
La nieve cubrió la colonia Morelos Quinto Sector y sus habitantes salieron de sus modestas viviendas a disfrutar el fenómeno natural

TEXTO: ROXANA ROMERO/FOTO Y VIDEO: MARCO MEDINA

Desde hace 20 años que no nevaba en Saltillo como hace un par de días. Los meteorólogos lo pronosticaron: entre el jueves y viernes la ciudad se vestiría de blanco. Y así fue. El 8 de diciembre y con 4 grados bajo cero, las familias salieron de sus casas, jugaron a aventarse bolas de nieve, hicieron monos y se tomaron la foto del recuerdo, la que probablemente enseñarán a sus hijos en unos 10, 15 ó 20 años más.

En la colonia Morelos Quinto Sector —el área de los tejabanes—  el frío no dejó dormir a quienes desde hace más de 10 años buscan que el Gobierno les done un pedazo de terreno para construir sus casas; pero esa mañana, la desvelada no importó, todos madrugaron y salieron a correr por las calles a las faldas de la Sierra de Zapalinamé.

Convivencia. Los habitantes de la colonia Morelos Quinto Sector combaten el frío con intenso calor humano; una fogata es el punto de reunión.

La capa de nieve en el piso era alta, unos 10 centímetros. Mi compañero fotógrafo y yo tuvimos que dejar el carro en la zona de las “casas bonitas” y caminar hasta las que están construidas con madera, lámina, hule y algunos cartones.

Caminamos unos cinco minutos, estábamos por llegar y el olor a humo comenzó a percibirse. En esa colonia no tienen calefacción y de alguna forma deben calentar los cuerpos: con fogatas. Los vecinos nos miraban, aunque ya están acostumbrados a que vayan los de los medios a tomarles fotos, éramos los extraños del lugar donde ya todos se conocen.

Unión. En el sector de los tejabanes también fue “día de fiesta” luego de la nevada.

Las cumbias resonaban en la zona y alegraban la mañana. Era mediodía y los niños todavía jugaban con la nieve que empezó a caer durante la madrugada. Las señoras “echaban el chal” alrededor del fuego y compartían el champurrado que una de ellas hizo.

María Santos era una de esas vecinas que afuera de su casa, adornada con un mono y un pino de nieve con taparroscas de colores que sustituían a las esferas, recordaban la última vez que nevó así de fuerte.

Criticaban que Manolo Jiménez, el nuevo alcalde, no llevó suficientes suéteres, gorros y cobijas. Platicaban cómo les fue con el frío durante la madrugada y planeaban cómo evitarlo la noche siguiente con más cobijas.

Inconsciencia. Los animales sienten el frío igual que los humanos.

DONDE LA ESPERANZA NO MUERE

El fotógrafo y yo caminamos hasta la última cuadra de los tejabanes, los que todavía se identifican con lotes y manzanas. Los niños seguían afuera, pero dejaron la nieve y destruyeron sus monos. Quisieron intentar hacerlo otra vez, pero sin guantes sienten que las manos se les congelan.

Seguimos el camino y las fogatas seguían encendidas. Los niños estaban alrededor de una y los hombres, los mayores, estaban en otra. Las cumbias todavía sonaban, la gente seguía afuera y el humo del fuego todavía se veía en el aire.

Los adultos con fogatas y los niños correteando, todos combatían el frío y pasaban el rato de la mejor manera y siempre con buen ánimo.

SIN FRONTERAS
La nevada se disfrutó por igual en toda la ciudad; lo mismo en sectores de “casas bonitas” que en lugares donde abundan tejabanes. La nieve es del mismo color.

RESTRICCIÓN

Querían prender fogatas adentro de sus tejabanes, pero Protección Civil les ha recomendado que no lo hagan, podrían morir intoxicados. Descartaron esa opción.

Soledad. José Luis vive solo en un tejabán de la colonia Morelos Quinto Sector desde hace 13 años.
Tengo seis hijos, Cuando me quedo sin dinero, de los seis, solo tres responden y a veces me mandan un aliviane”.
José Luis Obregón

Don José Luis, o cómo luchar contra la pobreza sin miedos

 

Este licenciado en Metalurgia, con notables desventajas de salud y económicas, no se deja vencer.

Caminando por la colonia Morelos Quinto Sector la estampa se repetía: señoras afuera de su casa platicando, niños jugando con nieve, uno que otro quitando nieve del techo de su jacal y otros más tomándose fotos.

José Luis Obregón era la excepción. El hombre de 67 años estaba adentro de su cuarto de unos cuatro por cuatro que está a punto de colapsar.

-Venimos del periódico VANGUARDIA, queremos platicar con usted - le dije.

Un minuto después salió un hombre canoso y grande por la parte trasera. Temblaba. Lo único que cubría sus pies eran unos calcetones blancos, usaba unas sandalias negras. No puede ponerse zapatos desde el 2004, cuando un accidente de auto le destrozó la tibia de su pierna izquierda. También tuvo fractura de cadera y de costillas, por eso ya no puede trabajar.

Adentro del cuarto, donde vive solo desde hace 13 años y que está lleno de plantas que quería cubrir del frío, contó que su casa se está cayendo, que no tiene gas, tampoco luz y mucho menos drenaje.

Los vecinos de esta colonia periférica, ponen su mejor esfuerzo para mantener habitables sus espacios.

CON FORMACIÓN PROFESIONAL

Es licenciado en Ciencias de la Metalurgia y durante su juventud viajó, viajó mucho. Estuvo a punto de terminar una maestría mientras trabajaba en una empresa que después cerraron. Se quedó sin maestría y sin trabajo. Empezó como taxista.

“Sufrí un accidente en Lázaro Cárdenas, Michoacán. 
Andaba trabajando como taxista, traía una combi muy vieja y me quedé sin frenos cuatro veces. Las primeras tres la libré, pero a la cuarta me salí del camino, la quise controlar y choqué. Me destrocé mi pierna izquierda, ahorita tengo una úlcera, casi no tengo talón… me fracturé la cadera, las costillas y me quedé sin dientes”, recordó.

Siempre mantuvo sus manos en un puño para calentarlas un poco, todavía temblaba, pero siguió contando. Es originario del ejido las Esperanzas, de Múzquiz y llegó a Saltillo porque lo operaron en la Clínica 2 del IMSS y decidió quedarse a vivir en la ciudad.

De su trabajo le quedó el servicio médico y una pensión mensual de 2 mil 200 pesos. Con eso debe comprar comida y lo necesario para sobrevivir.

De vez en cuando sale a caminar al centro y llega a algunos negocios donde le dan caldo de res o de pollo. Esa semana sólo había comido tres días, e hizo memoria: los demás días no comió porque tuvo que esperar a que llegaran los del municipio para que firmara unos papeles sobre la reubicación que tienen planeada.

“Tengo seis hijos, Cuando me quedo sin dinero, de los seis, solo tres responden y a veces me mandan un aliviane”, dijo.

Contó que tienen planeado reubicar a algunas familias, pero no están de acuerdo. Les han dicho que los mandarán a Mirasierra o a Loma Linda, pero creen que son colonias peligrosas y prefieren quedarse en la Morelos.

MÚSICO E INNOVADOR

Le gusta la guitarra, aunque esta mañana tenía ganas de tocar, no pudo porque tenía los dedos entumidos y las grietas que se le hacen en las yemas por el frío le dolían. Prefirió mostrar los cubos con fotografías que su tío le enseñó a hacer y que ahora vende en 100 pesos a los chavos que quieren darle un detalle a sus novias.

Después de que explicó cómo los hace con la computadora, platicó que su ropa la lava con el invento de su hijo: la Elvilab.

A uno de sus hijos, el más chico y que vivió con él un tiempo, un día se le ocurrió poner agua en una tina, echarle jabón, la ropa y con un palo revolver fuerte. Así es como lava su ropa.

La plática terminó con una muestra de los cubos que hace para los enamorados: en un papel imprime algunas frases y fotografías, hace unos cuantos dobleces. Por un orificio le sopla y se forma el cubo. Entonces se despidió.

SEGURIDAD
DE los 13 años que tiene viviendo en la Morelos,a don josé Luis solo le han robado una vez. Y fue porque tuvo que regresar a Michoacán durante un año porque su exesposa estaba a punto de fallecer.

LOS DATOS
De acuerdo con el último reporte de Coneval, en la entidad 49 mil 700 personas viven en pobreza extrema.

Según el Instituto Nacional de Geografía y Estadística (Inegi) vive en la pobreza extrema aquella persona que tiene tres o más carencias, de seis posibles, dentro del Índice de Privación Social y que, además, se encuentra por debajo de la línea de bienestar mínimo.

El número de personas que vive en Coahuila en situación de pobreza es de 745 mil 900.

Pese a las cifras de población vulnerable, Coahuila se ubica entre los cinco estados de México menos afectados por la pobreza de acuerdo con las mediciones del Coneval.

Para sostenerse, don José Luis vende unos “cubos para enamorados” que él mismo produce.

2,200 pesos de pensión mensual con eso debe comprar comida y lo necesario para sobrevivir.