El Quijote I, 17

Don Quijote y Sancho Panza, así como sus respectivas bestias, el caballo Rocinante y rucio el asno, pasan la noche en una venta. Así se conocían en España, como “ventas”, en la época de Cervantes, los establecimientos que brindaban a los viajeros en los caminos no sólo hospedaje y comida para ellos sino también corral y pastura para sus animales.

Al abandonar la venta, que don Quijote cree que es un castillo, el ventero exige el pago de los servicios prestados. Don Quijote se niega a cubrirlo. Argumenta que ello iría en contravención “a la orden de los caballeros andantes, de los cuales sé cierto, sin que hasta ahora haya leído cosa en contrario, que jamás pagaron posada ni otra cosa en venta donde estuviesen, porque se les debe de fuero y de derecho cualquier buen acogimiento que se les hiciere, en pago del insufrible trabajo que padecen”.

Sale pues de la venta don Quijote, pero queda Sancho retenido y también se niega a pagar. Argumenta al efecto las mismas razones de su amo.

Para mala suerte de Sancho se encontraban en la venta otros clientes que hicieron causa común con el ventero.

Se trataba de “gente alegre, bien intencionada, maleante y juguetona, los cuales, casi como instigados y movidos de un mismo espíritu, se llegaron a Sancho, y apeándole del asno, uno de ellos entró por la manta de la cama del huésped, y, echándolo en ella, alzaron los ojos y vieron que el techo era algo más bajo de lo que habían menester para su obra, y determinaron salirse al corral, que tenía por límite el cielo; y allí, puesto Sancho en mitad de la manta, comenzaron a levantarlo en alto, y a holgarse con él, COMO CON PERRO POR CARNESTOLENDAS”.

Carnestolendas se llamaba al carnaval. Y como perro por carnestolendas alude a una muy antigua diversión, usual durante las fiestas de carnaval, consistente en colocar a un perro sobre una manta resistente sujetada en sus extremos por dos o más personas, que a un mismo tiempo le imprimían fuerte tirón hacia arriba, para que el animal volara por los aires y luego cayera sobre la manta; repetían la operación en numerosas ocasiones.

En la literatura española esta forma de entretenimiento, conocida como “mantear” perros por carnestolendas, es mencionada en las novelas picarescas “Guzmán de Alfarache” de Mateo Alemán y “Marcos de Obregón” de Vicente Espinel.

Hoy, que es martes de carnaval, se ha considerado oportuno mencionar este dicho y la causa que le dio origen.

@jagarciavilla