Sobreviviendo. Don Samuel no tiene de otra más que salir a buscar para comer; a sus 77 años trabaja de bolero y como muchos, “vive al día”. | Foto: MARCO MEDINA
Pese a que la prioridad es proteger a los ancianos, don Samuel se ve en la necesidad de salir a trabajar... aunque a veces no saca ni para un refresco

Mientras los tres niveles de Gobierno recomiendan que la gente no debe salir de su casa para frenar el contagio y transmisión del coronavirus, hay personas que sobreviven al día trabajando en la vía pública. Para ellos no hay de otra: “de aquí saca uno p’a comer, y los que están atrás de uno también”, dice don Samuel Rodríguez Mata mientras bolea un par de botas en el andador Padre Flores, en el Centro Histórico de Saltillo.

Al inicio de la contingencia sanitaria la gente salía a la calle como si fueran vacaciones adelantadas, pero a medida que los contagios aumentaron en el país y en Coahuila, bajó el número de personas en el centro, donde Samuel, un señor de 77 años, trabaja boleando calzado.

“No hay más que echarle ganas, ya si nos toca, pos ni modo, pero por lo pronto hay que seguir adelante con esto porque está canijo”, explica sin dejar de cepillar una bota café. Puede ser el único trabajo que haga hoy. Con menos personas en la calle, su trabajo es incierto.

“No hay una cifra segura, a veces hay, a veces no hay, a veces se lleva una boleadita o dos”, dice. 

Como todos los días, de lunes a domingo, Samuel atiende su changarro de 08:30 a 15:00 horas, aunque la falta de clientes le ha pegado duro al bolsillo.

La cuarentena tiene algo de clasista: se ensaña con los que menos tienen y los que trabajan en el sector informal de la economía. Y no son pocos: más de 31 millones de mexicanos laboran en la informalidad y representan el 56.2 por ciento de la población ocupada en el país, según la más reciente Encuesta Nacional de Ocupación y Empleo (ENOE) del INEGI.

Y aunque Samuel quisiera “guardarse”, como recomiendan las autoridades, ¿de dónde percibiría un ingreso para sobrevivir un mes de cuarentena? ¿Y qué le ha dicho el sindicato al que pertenecen los boleros de la ciudad? Nada. ¿Y el Ayuntamiento? Nada ¿Y algún plan de parte del Gobierno Estatal o Federal? Samuel lo ignora. Y la verdad es que tampoco hay una respuesta clara.

“Ya en otra parte no quisieron darme trabajo que por la edad. Hay que aguantar vara por un lado y otro”, dice. Sonríe y empieza a bolear un par de zapatos negros. “Con lo que caiga, con eso”, agrega.

Terminará pronto su jornada de trabajo. No sabe cuánto dinero pueda llevar a casa con su esposa. Lo más seguro es que, como casi todas las tardes, reciba la visita de uno de sus 5 hijos con alguno de sus 12 nietos, pese a la restricción sanitaria de evitar salir de casa, sobre todo las personas mayores de 65 años y personas con enfermedades respiratorias, diabetes e hipertensión.

Más que difícil

Don Samuel Rodríguez tiene 77 años.

Se dedica a bolear zapatos.

Su lugar de trabajo se ubica en el pasaje peatonal de Padre Flores.

Llega a las 08:30 y se va a las 15:00 horas.

Hay días en que solo atiende a un cliente.

La boleada cuesta 20 pesos.

Tiene 5 hijos y 12 nietos.