A la luz de los pobres resultados de la delegación mexicana en los juegos olímpicos de Río de Janeiro, es claro que el deporte de alto nivel en nuestro País pasa por uno de sus peores momentos, lo cual obliga a replantear la política de promoción al deporte que se sigue en México si lo que se busca es ser competitivo a nivel internacional.

Para que las políticas deportivas funcionen, se deben establecer parámetros que reduzcan la discrecionalidad de las autoridades en materia deportiva, y para ello, se tiene que desarrollar un entramado de reglas que dirijan los recursos hacía los deportistas a partir de estándares objetivos, que impidan un trato preferencial por parte de los funcionarios públicos. 

En dicho contexto, creo que es necesario que exista un esquema de administración que contemple al menos los siguientes elementos:

1.- Reducción de gastos burocráticos y operativos. El mayor porcentaje del presupuesto deportivo se queda en las oficinas administrativas. Hay sueldos muy altos y demasiados intermediarios antes de llegar a los atletas. Por ende, la meta debe ser que la Conade, el COM y las Federaciones, no puedan tener en conjunto un presupuesto operativo mayor al 10% de lo que se destina al deporte. 

2.- El gasto burocrático se puede reducir de manera considerable si establecemos reglas claras para la entrega de apoyos deportivos, por ejemplo, se pueden diseñar varios niveles de apoyos, en un primer nivel podríamos colocar a los atletas que han logrado una medalla en los últimos cuatro años en evento de alto nivel, como los Juegos Olímpicos, Campeonatos Mundiales o Juegos Panamericanos, en un segundo escalón se pueden colocar a los atletas que se clasificaron a dichos eventos pero que no lograron medalla, como tercer nivel cabrían  los atletas que estén dentro de las clasificaciones mundiales entre los mejores 100 del mundo, en un cuarto escalón todos los que se hayan clasificado a competencias nacionales de primer nivel y así de manera subsecuente. 

De tal forma que los apoyos que recibe el atleta vayan en función de sus resultados y no dependan de la relación de la Conade con su Federación, de las conexiones que tenga el deportista o de las preferencias de los funcionarios.

3.- La entrega de apoyos no se deben limitar a los deportistas, sino que deben ser extensivos a entrenadores, médicos, centros deportivos o federaciones que están formando a los mejores atletas. Incluso se puede pensar en mecanismos de distribución de presupuesto por resultados, es decir, que las federaciones cuyos atletas obtengan mejores lugares en las justas deportivas reciban más dinero.

4.- Debe haber mecanismos reguladores de evaluación para medir el desempeño de las autoridades deportivas, es inaudito que los deportistas en las Olimpiadas no tengan siquiera el uniforme de su talla o que algunos deportistas no sean inscritos en competencias a las cuales clasificaron por errores administrativos de los funcionarios.

5.- Se debe involucrar en mayor medida a las universidades y al sector privado en el fomento al deporte.

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