Especial/ Según el último reporte de la Secretaría de Salud en Baja California hasta el 24 de diciembre se registró un 81.54% de ocupación hospitalaria,
Médicos que piden ya no llevarles pacientes y hospitales que retienen camillas de ambulancias

Tijuana.— “¡Cinco-bravo, cinco-bravo!” se escucha en la frecuencia: un hombre recibió un disparo en la pierna. Paramédicos llegan, lo atienden y estabilizan la herida. No hay centros médicos cercanos, ninguno que lo reciba, están saturados o son reconvertidos para solo COVID-19. Terminan por enviarlo a una clínica -al otro extremo de la ciudad- para lograr una radiografía, luego la instrucción es enviarlo a otro hospital con cirujano disponible: en Playas de Rosarito, otro municipio.
 
Los socorristas esperan a recibir una instrucción del Centro Regulador de Urgencias Médicas (CRUM), un proyecto que nació durante la pandemia para canalizar a los pacientes de emergencia con mayor agilidad y eficiencia, el problema, dice el coordinador de Cruz Roja Tijuana, Juan Carlos Méndez es que a pesar del esfuerzo simplemente no hay personal ni infraestructura suficiente.

Mientras el joven herido con la bala en el pie espera junto a los paramédicos el reloj ya marcó al menos una media hora, uno de los oficiales que escribe su parte de hechos le pregunta a una de las jóvenes de la ambulancia si sabe a dónde lo llevaran, nadie sabe, todos sin poder hacer mucho esperan una instrucción desde el otro lado del auricular.
 
El policía interrumpe el silencio y lanza una sola frase “A Rosarito, (Hospital General de Playas de Rosarito)… a todos los están mandando pa’lla”.
 
Diciembre ha sido el peor mes durante la pandemia, aún no termina y ya rompió el récord en llamados de urgencia relacionados con problemas respiratorios, además de aquellos que tienen que ver con incidentes de alto impacto. Tan solo entre el 1 y 22 de diciembre  fueron 654 llamadas a la central de Cruz Roja en Tijuana por enfermedades respiratorias.

Con apenas 12 ambulancias en activo, a veces solo 10, los paramédicos recorren la ciudad para recoger pacientes y trasladarlos a los hospitales, pero entre la crisis sanitaria de Covid 19, los hospitales también atienden una serie de urgencias en una de las ciudades más violetas del país: Tijuana, que hasta noviembre registró 1 mil 839 asesinatos. 

En una ocasión Evenlyn espero tres horas para que le asignaran un hospital y recibiera al paciente que trasladaba, era un herido de bala. Iba inconsciente, no primero la enviaron a uno, ahí le dijeron que no, que primero debía conformarles que no tenía Covid, en medio de la urgencia le pedían que fuera por una radiografía. Fue a un segundo y a un tercero, tampoco los dejaron entrar hasta en un intento más.
 
“Así se nos han muerto, si ha pasado”, recuerda la joven socorrista, “es uno de los sentimientos más tristes porque no puedes hacer nada y te cierran las puertas, hasta con candado o seguro, pero simplemente no te dejan pasar”.

De nuevo en la radio, se un escucha a un socorrista desde el otro lado del auricular, su voz se rompe entre el enojo y desesperación, estacionado en uno de los hospitales reconvertidos y que concentran la recepción de pacientes con el virus, uno de los médicos en turno se niega a recibir al hombre que aún está sobre la camilla dentro de la ambulancia de Cruz Roja.
 
"¿Qué hago?”, le pregunta a su supervisora, “no lo reciben, me dicen que lo lleve a otro, que aquí ya no”. Una llamada a directivos soluciona el problema pero mientras ese paciente con falta de oxígeno, tuvo que esperar casi una hora para recibir atención de urgencia.

Juan Carlos Méndez, coordinador de la Cruz Roja en la ciudad, explica que la hora en promedio para que se les asigne un hospital es de 44 minutos, pero hubo otros tiempos cuando alcanzaron prácticamente las dos horas y con los pacientes a bordo sin que los reciban hasta tres horas y media. Pero el problema crece, durante la segunda ola del virus, los hospitales se quedan sin camas y se quedan con las camillas de las ambulancias.

“Quedarse con ellas es como darse un balazo en el pie”, dice Juan Carlos, “a quien más afecta es a la comunidad porque si una ambulancia se queda sin cama es una unidad que no puedo usar, nos hemos quedado hasta con 10 para una guardia… El tiempo máximo para recuperar una camilla fue el 11 de diciembre con una espera de 26 horas y 10 min en el Hospital General de Tijuana”.
 
El secretario de Salud en Baja California, Alonso Pérez Rico, reconoció que desde los hospitales optaron por quedarse con las camillas de las ambulancias cuando les falta el equipo a ellos y por seguridad de los pacientes que deben permanecer acostados, como en el caso, dijo, de aquellos que presentan disnea.

“Este es precisamente el reto de urgencias… cuando los servicios empiezan a saturar, no hay camillas suficientes para mover pacientes de una camilla de traslado a una camilla de urgencias”, lamentó el funcionario estatal.
 
Según el último reporte de la Secretaría de Salud en Baja California hasta el 24 de diciembre se registró un 81.54% de ocupación hospitalaria, una cifra que obliga al sistema de salud a ampliar su capacidad para poder garantizar la atención. Ese número equivale a 134 camas y 104 ventiladores disponibles para todo el estado.