ESMIRNA BARRERA
A pesar de la adversidad hay personas que terminan siendo exitosas

Hay momentos que la vida nos traza una parte aguas en el camino para buscar creativamente otros rumbos, obteniendo lo mejor de lo peor a fin de vivir dignamente.

Ciertamente, nada de lo humano nos es ajeno, todo nos pertenece y, por tanto, de tiempo en tiempo, los reveses y las tormentas arriban al mismísimo puerto de nuestros personales ámbitos como lo sigue haciendo, ya por espacio de un año, la terrible pandemia que ha oscurecido al mundo.

Sin embargo, existen innumerables testimonios de personas que, ante los más terribles adversidades, no solo salieron adelante sino que, adicionalmente, dejaron un legado al mundo.

Me refiero a esas personas normales que poseen extraordinarias actitudes ante las tribulaciones de la existencia; a esos seres humanos que, de alguna manera, aprendieron que la única crisis amenazadora es la tragedia de no querer luchar para superarla. Personas que se apoyaron en la adversidad para catapultarse hacia las alturas, que supieron transformar creativamente su penosa y angustiante realidad al orientar su vida hacia excelsos valores. Personas que, paradójicamente, gracias a la experiencia sufrida, se transformaron en personas indomables. Espléndidas.

En este contexto, el espíritu humano sigue siendo un inmenso misterio.

CONTRA TODO PRONÓSTICO

Pensemos, por ejemplo,  en  personas a las que nadie les auguraba un provenir exitoso: Einstein y Edison  (ambos considerados los “tontos” del salón),  Abraham Lincoln (fracaso tras fracaso hasta llegar a ser presidente), los Beatles (que les dijeron que su música no tendría éxito), Walt Disney (despedido), J.K. Rowling (nadie se atrevía a publicar la novela de Harry Potter), Michael Jordan (que le dijeron que nunca sería un buen jugador de básquet), Tony Menéndez (a falta de brazos toca la guitarra con los sus pies y ha inspirado a millones de personas).

Pensemos también hoy, por ejemplo, en los médicos, enfermeras, camilleros, etc. que son las otras víctimas que no se han dejado vencer por la pandemia, a pesar de la ineficacia del gobierno federal y la desgracia de pertenecer a una sociedad indisciplinada, pero que todos ellos, estoicamente, siguen -sí, claro,  ya muy  exhaustos- al pie del cañón dando literalmente sus vidas; irónicamente, cuidando a esos inconscientes, o a los que su insolidaridad contagió.

Por otro lado, igualmente existen personas  sobresalientes que, a pesar de sus limitaciones físicas, destacan en sus actividades profesionales, laborables, deportivas y artísticas. Personas que, siendo sordas o ciegas, escuchan y ven más que aquéllos que oímos y vemos. Seres humanos impedidos en su movilidad, pero que vuelan y avanzan más que aquéllos que tenemos pies para caminar y manos para hacer.

PARADOJA

“El fracaso es, en sí mismo, una fuente de conflicto, y el conflicto es inspiración para cualquier creador. Si no hay conflicto no hay obra” y tal es el caso de Mario Renato Capecchi,  Premio Nobel  de  Medicina y Fisiología  del 2007, a quien todo le fue adverso.

Mario nace en Verona en 1941, en plena guerra mundial. Su padre muere en un acto de servicio. Su madre Lucía se traslada, junto con Mario, a los Alpes Tiroleses. Cuando el niño tenía tres años y medio, la Gestapo se lleva a su madre al campo de concentración de Dachau, quedando el pequeño al cuidado de unos granjeros.

Luego, Mario, con sólo 4 años, queda abandonado a su suerte en la calle.

En sus propias palabras: “mis recuerdos de esos años, son vívidos, pero sin continuidad; son como fotografías. Algunas son brutales, sin descripción, otras son más agradables”… “Recuerdo que siempre tenía hambre. Al final me internaron en un hospital en el sur de Verona donde luché contra la  fiebre que me provocó la malnutrición,  estuve desnudo en una cama, durante un año”.

En 1945, al terminar la guerra, Lucía es liberada. Mario, de 9 años, había sobrevivido, pero su madre no sabía dónde encontrarlo y, en todo caso, cómo reconocerlo. Finalmente, después de 18  angustiosos meses de búsqueda, Lucía encuentra a su hijo.

Ambos emigran a la casa de su hermano quien radicaba en Filadelfia. Luego, a los 13 años, Mario sin saber leer, ni escribir, ni hablar inglés empieza la escuela. Lo hizo todo a la vez en una edad en la que los psicólogos considerarían imposible. Terminó los estudios de primaria y secundaria en tiempo record.  Posteriormente, concluyó la licenciatura y el doctorado en la universidad de Harvard.

En el año 2007, obtuvo el premio Nobel de medicina por sus hallazgos en investigación genética sobre el cáncer.

VIDA INSPIRADORA

Indudablemente, la historia de Mario pareciera una novela de ciencia ficción, pero es cierta: contra toda adversidad y a pesar del abandono y la miseria, este hombre ahora trasciende en la historia.  Su estimulante vida es  una clara demostración de lo que una persona puede llegar a ser cuando desarrolla su capacidad de resistir, enfrentar la adversidad y el sufrimiento con un inquebrantable espíritu de  vida y superación.

ESCUELA DE LA CALLE

Dice Mario: “en la calle aprendí a confiar en mí. Yo estaba sólo. Creo que mi trabajo de hoy como científico está vinculado a esa etapa. Mi mente era mi entrenamiento. Todo el tiempo desarrollaba planes que  luego tenía que cumplir. La ciencia de la calle fue mi primer paso. Siempre he pensado que lo que  aprendí entonces con aquellos ladronzuelos, me sirvió después como investigador. Una cierta  intuición del provenir. Hay que tener planes, ideas proyectos y luego actuar en esa dirección. Y desear mucho.

LA ALQUIMIA

Es evidente que el abandono y la falta de hogar en su infancia no contaminaron su vida, sino que, por el contrario, fue un aprendizaje permanente de autonomía y voluntad que ciertamente le sirvió posteriormente.

Mario se distinguió por un enérgico espíritu y las ganas para sobrevivir ante la calamidad. De no haber sido así seguramente hubiese fallecido.

La fuerza de la mente y espíritu, así como el deseo intenso de alcanzar objetivos claros,  representa una de las más poderosas  energías que, por mucho,  sobrepasa las leyes naturales y determina una poderosa resistencia a situaciones desfavorables.

Cuando una persona se victimiza, se lamenta o entra en un proceso de autocomplacencia empieza la gran tragedia, y es entonces, cuando se pierde el sentido del rumbo, se empieza a morir pues las razones de la existencia previamente fallecieron.

Sin lugar a dudas, la esperanza el entusiasmo y la persistencia representan la alquimia requerida para pasar del dolor a la paz, del sufrimiento a la alegría, de la angustia a la creatividad y eso solo se obtiene del Absoluto.

PACIENCIA

“Yo les enseño a mis alumnos a ser pacientes -dice Mario-, les digo que en vez de pasar tanto tiempo pensando en algo, es mucho mejor, ir y hacerlo. No hay que darle tanta vuelta. Hay que empezar por algo. Pero para eso hay que tener un plan. Una idea de hacia dónde uno quiere ir… Y desearlo mucho.

Ahora hay una sensación de que la gratificación tiene que ser inmediata, pero la gratificación es algo que lleva mucho tiempo, esfuerzo, dedicación y paciencia”.

La gratitud y la paciencia son dos de las grandes virtudes, hoy extraviadas, que urge rescatar. No por nada “a la vida le resta el espacio de una grieta para renacer”; pero para eso, primero hay vivir en gratitud, tener paciencia y la esperanza para descubrir los milagros quela vida todos los días nos regala. En memoria de mi abuelo Pilo.