Fotos: Cortesía.
La serie fue producida en Saltillo en agosto del año pasado y a partir de esta semana estará en exhibición en el Instituto Cultural de México en Francia. Cuenta con textos poéticos de Claudia Luna y curaduría de olgaMargarita Dávila

El territorio coahuilense está repleto de vestigios del pasado, de la vida que precedió a la actual; fósiles de criaturas ahora extintas e incluso organismos que desde hace millones de años aún rondan estos parajes.

Los ciclos de vida, muerte, extinción y renovación están presentes en la geografía del estado e, inspirados en este fenómeno, los artistas Avelina y Alejandro Fuentes Quezada desarrollaron la exposición colectiva “Extinción Continua”, producida en su mayoría en Saltillo y que desde esta semana se exhibe en el Instituto Cultural de México en Francia.

La muestra reúne obras previas de ambos creadores, que ahora conjugan sus exploraciones los procesos de génesis y morfogénesis, en el caso de Avelina —con piezas como Sonobe y Quintessence— y las representaciones en el espacio tridimensional físico y virtual, como sucede con el trabajo de Alejandro —como su escultura monumental y de realidad virtual Murmullos desde el vacío o las obras Pod II e Interferencia Espacial V—.

Pero aunque dialogan bajo este mismo discurso son las esculturas de la serie Radiozoas las que, producidas en Coahuila a finales del verano del 2020, reúnen la visión de los hermanos y su interés en la adaptación de los microorganismos encontrados en las cuencas de Cuatrociénegas, especímenes que han sobrevivido sin mayor mutación durante al menos 70 millones de años.

Las piezas están basadas en específico en las formas de las radiolarias, y fueron creadas con restos de moldes cerámicos, utilizados en el proceso de vaciado a la cera pérdida para esculturas de bronce en el taller familiar. Esto, bajo la misma línea conceptual, continúa alude a los y mencionados ciclos de extinción y adaptación.

“Era una forma ambigua que nos gustaba porque hace eco a los corales, un ejemplo muy claro de esta extinción, se hacen blancos al morir. Nos gustaba también por la relación con estos desechos, nos gusta desde un punto de vista estructural, y porque es un elemento marino que hace eco en el hecho de que Coahuila era un mar hace millones de años y por su similitud con la estructura de los virus”, explicó Avelina en una entrevista con VANGUARDIA publicada el 18 de agosto del 2020.

Además también crearon otras obras con poliestireno y el mismo material cerámico para el bronce a la cera perdida, de nuevo como una forma de reutilizar lo que originalmente es parte del proceso, un desecho solamente, pero que en esta ocasión tiene la ventaja extra de que facilita el modelado de estas estructuras microscópicas.

“Lo interesante de esta técnica es que nos permite hacer cosas que la cerámica no nos permite. Son estructuras demasiado complejas para tener estabilidad al modelarlas. El barro es suave y no se mantendría y esta técnica nos permite hacer cosas que no podríamos hacer de otra manera”, agregó.

La exposición cuenta con la curaduría de olgaMargarita Dávila, así como textos de la poeta Claudia Luna Fuentes, en específico fragmentos de sus poemarios Ruido de hormigas, (Gatsby Ediciones, México, 2005) y Carne para las flores, (Aullido Libros, España, 2010) que la acompañan.

Con esta muestra Avelina —quien radica en París— y Alejandro extienden su presencia internacional, luego de haber expuesto de manera individual tanto en México como Estados Unidos, Bélgica y Canadá.