El pasado miércoles, 6 de los 11 magistrados del Tribunal Supremo de Brasil votaron a favor de que el expresidente de ese país, Luis Inácio Lula da Silva, tenga que purgar de inmediato la sentencia que meses atrás le había impuesto un tribunal de Porto Alegre, en donde se le condenaba a 12 años de prisión por haber participado en actos de corrupción, y aunque todavía puede impugnar la sentencia del tribunal de Porto Alegre, es claro que el resultado le será desfavorable.

Este hecho descarrila por completo la intención de Lula de presentarse, de nueva cuenta, a la elección presidencial que se celebrará en octubre de este año, a pesar de que todas las encuestas lo muestran como favorito para ganar la primera ronda, con amplia ventaja sobre sus más cercanos competidores. Dicho de otra manera, una vez fuera el favorito, todo puede pasar en las elecciones presidenciales de Brasil de este año.

Por el nivel de corrupción que se ha observado en las últimas dos décadas en Brasil, misma que se ha develado a través de procesos judiciales, es muy probable que efectivamente Lula haya incurrido en los actos de corrupción de los que es acusado, o bien haya cometido otros. Sin embargo, tampoco podemos obviar el hecho que haya cientos de políticos corruptos que han sido acusados en los últimos años, de actos igual o más graves que los de Lula, y sus procesos han ido más lentos, por lo que no se puede descartar que su encarcelamiento sea una jugada política para sacarlo de la competencia, a él y a su partido.

El Partido de los Trabajadores, donde milita Lula y la expresidenta Dilma Rousseff, está en un embrollo frente a esta jugada judicial, porque literalmente se han quedado sin candidatos a la presidencia después de haber sido el partido más importante entre 2003 y 2016, años en los que gobernaron Brasil. Esto lo confirman las mismas encuestas que le dan la victoria a Lula, ya que cuando se pone como candidato al exalcalde de Sao Paulo, Fernando Haddad, o al exgobernador de Bahía, Jaques Wagner, estos apenas llegan al 4 por ciento, cuando Lula tenía una media del 35 por ciento. En resumen, si el PT no postula a Lula no tiene oportunidad alguna. 

En cambio, muchos partidos y candidatos se verían beneficiados con el encarcelamiento de Lula, comenzando con el diputado de derecha, Jair Bolsonaro, que estaría al frente de las encuestas en ausencia de Lula, también incrementa sus posibilidades el otro representante de la derecha, Geraldo Alckmin, actual gobernador de Sao Paulo, así como la ecologista Marina Silva y el candidato socialdemócrata Ciro Gómez. 

De hecho, en un escenario tan adverso como el que enfrentan los militantes del Partido de los Trabajadores, sería sensato que pensaran en la posibilidad de sumarse a la campaña de Silva o de Gómez, para no dividir el voto de centro izquierda e impedir que dos candidatos de la derecha sean los que disputen la segunda ronda de las elecciones presidenciales, dejando fuera a los candidatos con los que tienen mayor cercanía ideológica. 

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