Tradición. La reina y el Dios Baco encabezan el tradicional desfile que incluye charros, a la banda de trombón y clarinete, a las niñas escaramuzas y las vendimiadoras. Foto: Héctor García
Los parrenses salen de sus casas y reciben el fruto de manos de las vendimiadoras

Parras de la Fuente, o “Parrís”, como dicen algunos de sus habitantes en tono picaresco, ha adoptado algunas de las antiguas mitologías europeas, luego de ver que su suelo es rico en frutos que los emperadores del viejo continente tanto gozaban, pero ahí lo han mezclado con tintes mexicas y su reforzada identidad norteña.

Al siguiente día de las danzas, muy temprano, los trasnochados protagonistas del festival reaparecen ahora sobre la Plaza de Armas para desfilar por las empedradas calles y las casitas de colores que adornan al pueblo y parecen sacadas de un cuento de aldea.

Este desfile paraliza al pueblo entero, los parrenses salen de sus casas para saludar a los charros, a la banda de trombón y clarinete, a las niñas escaramuzas, la reina, el Dios Baco y las vendimiadoras.

Es normal, durante el desfile, recibir las uvas como un regalo de la cosecha, pero también de lo que se logra con ella; por eso decenas de familias se abalanzan sobre las muestras gratis de Cabernet Suavignon que degustan niños y adultos al mismo tiempo, sin ningún exceso.

La representación que desemboca en el desfile de La Vendimia alude a la mitología romana, y en Parras se recrea el ritual de los tiempos en que la reina Iris o Isis, acompaña al Dios Baco, rey del éxtasis, que ahogado en alcohol y con una copa de dos litros de vino en la mano al lugar en el que se iniciará la molienda o el pisado de uvas en compañía de sus doncellas. Las vendimiadoras, o cosechadoras de la pisca, con sus típicos vestidos blancos y pañoletas de colores, se encargan de recolectar y después depositar en una barrica, las uvas como parte del inicio al proceso artesanal con el que se obtiene el vino. En la leyenda, se dice que durante este proceso debía haber música todo el tiempo que relajara a los privilegiados trabajadores que procesan el vino frente a los emperadores con arpas y violines, pero en el caso de México los ritmos de la danza tlaxcalteca son los que se llevan la sonoridad del ritual con los tambores de don Salomé.

Para los parrenses, la recreación de esta mitología es sin igual y desde hace 68 años se realiza así como hoy la conocemos. 

 



 

Uvas. La Molienda culmina en el atrio de la capilla de la hacienda San Lorenzo. Foto: Hector García

LA REINA MARA
La madre de la reina de este año dice sentirse orgullosa de que el fruto que cosechó en su hija, Mara, haya dado resultado. 

A Mara, de 19 años, la adulan este año una canción que se ha vuelto popular en los desfiles y fiestas del pueblo “Que bonita está la reina, la supieron escoger”. Ella fue una de las vendimiadoras desde que era pequeña. Logró lo que tanto anhelaba en su pueblo, y ahora se le ha permitido disfrutar más de los colores y sabores que le brinda, ya que por primera vez se quitó los zapatos para meter sus pies descalzos a la barrica y aplastar la uva Lenoir y representar a la reina Iris, que según ellos, en lugar de aterrizar en Roma, aterrizó en Parras.

El evento de La Molienda, como parte del Festival de La Vendimia, culmina en el atrio de la capilla de la hacienda San Lorenzo después del mediodía al ritmo de la tambora, el clarinete y el trombón, y miles de uvas que vuelan sobre las familias parrenses y foráneas que durante la época abarrotan los hoteles con turistas regiomontanos, saltillenses, monclovenses y texanos en su mayor parte. 

CASA MADERO
Después de terminar la ceremonia, el público que asciende a las 2 mil 500 personas, se abre un espacio en la agenda para aprovechar un día en el campo de la Hacienda San Lorenzo o bien, aprovechar para tomar una visita guiada por uno de los cicerone de la Casa Madero, la primera productora de vino en América y la sexta en el mundo.

A la entrada de la Casa Madero se recibe a los asistentes con una pequeña muestra de una deliciosa gama de vinos, Cabernet Suavignon, Shiraz, Suavignon Blanc o Merlot según sea el gusto. 

Ahí, tras de las enormes puertas de madera, se encuentra Francisco Eduardo Rendón, todo un personaje que habita en el pueblo y es el guía de la empresa, que ahora no sólo vende y produce vinos sino además se ha convertido en un museo que demuestra los procesos y cambios por los que ha pasado la producción de la vitivinicultura.Eduardo o “Lalo” (como le gusta que le digan), empieza contando la historia de cuando los españoles aterrizaron en Coahuila con el asombro del oasis con manantiales que se asentaban sobre sus suelos que tiempo después llamarían Valle de Parras. 

Danzantes. Alrededor de las llamas los matlachines danzan durante varias horas hasta que del fuego se extingue. Foto: Héctor García

Después nos habló sobre los cambios que ha sufrido la viña a lo largo del tiempo. Luego nos explicó el delicado proceso del vino que se lleva a cabo gracias a la uva Lenoir (tipo de uva francés) que se da en los viñedos que roden a la Casa, que tiene 11 procesos distintos para su crianza que viene de los viñedos de los que se encuentra rodeada la Casa Madero. 

Más allá del cansancio y las historias que caen sobre el suelo de las jugosas tierras de Parras, los habitantes y turistas deciden seguir con la fiesta que les promete más color, diversión y por supuesto, una buena resaca.

A LA FERIA
Parras tiene varias fiestas importantes al año, sin embargo, las que más destacan por su florido carácter es La Fiesta de la Vendimia y a continuación realizan sin rangos de tiempo La Feria de la Uva y el Vino.

La Feria del Vino y la Uva se hospeda a las afueras del pueblo y espera a que el ansioso público vaya a descansar a sus casas para recargar pilas y regresar para seguir con el festejo que ya dio algunos grados de alcohol con La Vendimia.

La entrada es gratuita, y esto hace parecer con las calles y establecimientos solos parezca que el pueblo se ha vaciado y que todos han huido. 

Con esto culminan los tres días favoritos para muchos en el pueblo, pero la fiesta sigue para el Pueblo Mágico, habrá diferentes actividades hasta el 21 de agosto, y con eso se pueden aprovechar las diferentes caras, las diversas historias y la cultura de un pueblo que agradece cada año, al pedazo de tierra en que le tocó vivir.