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El Museo Rubén Herrera ofreció una charla a sus visitantes, exponiendo la historia y detalles de la Catrina y de su autor, José Guadalupe Posada

El maestro, artista y grabador, Salvador Aldape, fue el encargado de dar esta exposición. Conocedor de la obra de Posada, mostró a los presentes los orígenes de La Catrina además de dar una pequeña demostración del proceso de grabado, imprimiendo varias copias de un linóleo con una réplica del original, sobre hojas de papel china naranja y morado, que posteriormente regaló entre el público.

Haciendo un pícaro énfasis en las tragedias del artista y las ironías de su vida Aldape remarcó la importancia del artista y su técnica.

José Guadalupe Posada, nació el 2 de febrero de 1852, comenzó trabajando para la publicación “El Jicote”, de su natal Aguascalientes, con caricaturas de crítica política y en el taller de litografía (técnica que utiliza piedra, mármol generalmente, para crear los diseños e imprimirlos) de Trinidad Pedroza.

Ambos abrieron, después, una imprenta de publicidad que posteriormente Posada le compró a Pedroza. Ésta se hallaba en León, Guanajuato y ahí hizo su vida durante un tiempo. En ésta época trabajó para varios periódicos, entre ellos “La Gacetilla”, “Pueblo Coáticoa” y “La Educación”.

El 19 de junio de 1888, relata Aldape, León sufrió una fuerte inundación en la cual perdió a su esposa, su hijo y el taller. Entonces se movió a Ciudad de México donde pasó unos años difíciles hasta que finalmente pudo abrir un nuevo taller. Así, Posada retomó su trabajo enfocado siempre hacia la crítica política y, en aquel momento, antiporfirista.

Fue durante este tiempo, alrededor de 1910, que creó su obra más famosa, “La Catrina”.

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El maestro expositor mostró la moda europea de las mujeres en aquella época y a través de estas imágenes él comenzó a explicar el concepto detrás de la imágen de “La Calavera Garbancera”.

De un modo parecido al actual, los europeos de entonces se deslindaban del “indio que comía frijoles” consumiendo garbanzos en su lugar. Por ello a estos se les llamaba “garbanceros”.

Posada usó este concepto del garbancero y lo aplicó de un modo parecido al de “malinchista”. Las mujeres mexicanas buscaban parecerse a las europeas, alejándose lo más que pudieran de sus raíces y por ello decoró su calavera con un sombrero de ala ancha y lleno de flores, tan europeo.

Sin embargo, el remate de ésta crítica estaba en el esqueleto mismo. Como titulo de la nota original de la cual esta imagen era parte, se leía: “Las que hoy son empolvadas garbanceras, pararán en deformes calaveras”. En palabras del maestro Aldape: “No hay mayor democracia que en el panteón, muertos todos somos iguales”. Así, José Guadalupe Posada quería mostrar la vanalidad de estos deseos superficiales por querer parecer diferentes.

En el primer párrafo del texto de esta nota decía:

“Hay hermosas garbanceras,/ de corsé y alto tacón;/ pero han de ser calaveras,/ calaveras del montón”.

Esto fue mencionado en la conferencia debido a que Posada, una vez fallecido y al no tener quien reclamara sus restos, terminó en una fosa común. Una “calavera del montón”. A pesar de ello, en vida gozó de cierta popularidad y gracias a los esfuerzos de artistas como Diego Rivera, quien pintó el resto del cuerpo de la Catrina, ataviada con vestidos de época y bufandas exóticas, es que hoy no sólo ésta creación es recordada, también las miles de obras que hay guardadas en más de un museo, biblioteca y colección del país.