Les voy a presentar a unos amigos. Éste se llama José Juan Tablada. Es poeta, y es también brillante epigramista. Nada menos anoche hizo una de sus traviesas improvisaciones. Le presentaron a un señor apellidado Vejarano, y él le dijo:

Me disgusta, Vejarano,
tu apellido singular,
pues empiezas por vejar
lo que más se cuida, hermano.

He aquí otro amigo. Se llama Abel Pacheco, pero nadie lo conoce por ese nombre. Se la pasa en su casa todo el día, durmiendo. Pero cuando llega la noche se perfuma y sale a la calle. Por eso le llaman “El Huele de Noche”.

Con nosotros se halla también don Lucio Gutiérrez. Su origen es indio: se parece bastante a don Benito Juárez. Actualmente -estamos en los principios del siglo pasado- ocupa el cargo de Rector de la Universidad de Guadalajara. Los estudiantes le dicen “El Once Pelos”, porque tiene -igual que todos los de su raza- bigote ralo.

Permítanme presentarles ahora al doctor Victorio. Es hombre bueno, bonísimo. De joven se enamoró de una muchacha que se casó con otro. No volvió él a tener novia: guardó fidelidad a su pasado amor. Ella tuvo seis o siete hijos. Luego enviudó. El doctor Victorio dejó pasar el año de luto, y una noche se presentó en casa de su amada acompañado de un sacerdote, y le pidió matrimonio. Ella aceptó, y el doctor Victorio adoptó a sus hijos. De ahí su apodo: “Pedro la hace y Juan la paga”.

Van pasando por la calle unos carruajes. El primero es de un rico ranchero que tiene cuatro hijas. Las cuatro son robustas, por no decir obesas. A este carruaje la gente le ha puesto nombre. Se llama “El morral”, porque en el morral es donde los rancheros llevan sus gordas.

Veamos el segundo carruaje. En él va una familia de pelirrojos: pelirrojo el señor; pelirroja la señora; pelirrojos los hijos y las hijas. A este carruaje se le conoce como “La cerillera”.

¿Y ese otro? Es el carruaje perteneciente a dos muchachos de buena sociedad. Ambos tienen la desgracia de ser sordomudos. La gente llama a su coche “La mudanza”.

Ahí va el último carruaje. Es de otra familia cuyos miembros son todos muy morenos, morenísimos. Este carruaje tiene nombre también: “La cabaña del tío Tom”.

Les presento ahora a mi siguiente amigo. Es pintor, es periodista, es un poco político, es poeta y dramaturgo. Nada más en este último quehacer tuvo éxito. Escribió un drama mexicanista que fue muy celebrado: “Águilas y estrellas”. Este amigo es bajito de estatura y regordete; está orgulloso de su bruna melena ensortijada, que peina con aceite aromático para que brille como las ala de los cuervos; tiene ojos saltones de los que sale una mirada penetrante; es buen conversador e ingenioso autor de picardías. 

Siente veneración por don Francisco I. Madero: cuando el Apóstol lanzó su candidatura nuestro amigo fue de los primeros en sumarse a ella. Por eso sufrió cárcel y persecución. Hablo de Marcelino Dávalos.

Estuvo una vez en Saltillo este señor. Durmió en un mal mesón, y lo acosaron por la noche los zancudos. Sin poder dormir escribió esta cuarteta dedicada al zancudo:

Haz como piojos o chinches,
que tienen educación.
Pícame hasta que te hinches,
¡pero no chifles, cabrón!

Todos estos señores de que he hablado son fantasmas de ayer. El ayer es también un fantasma. Y el hoy mañana lo será.

Armando FUENTES AGUIRRE

‘Catón’, Cronista de la Ciudad
PRESENTE LO TENGO YO