Rosalina Cervantes. La reconocida artista que pone su obra a disposición del público. / ORLANDO SIFUENTES
La artista, ganadora de incontables premios, acondicionará su espacio en la calle de Hidalgo para el talento saltillense

Ubicado en el 274 de la calle de Hidalgo, tan sólo un par de casas antes de llegar a la de Ramos, el estudio de Rosalina Cervantes resguarda obras que representan casi toda su trayectoria, desde esculturas hasta pinturas y dibujos.

Autora de piezas con un particular estilo, que entre lo kitsch utilizan figuras humanas robustas, sin detalles y de bordes definidos, esta artista formada en la Academia de San Carlos está en proceso de limpieza del lugar, de hacer espacio y de reacondicionar las áreas para el proyecto en puerta.

En entrevista para VANGUARDIA, la creadora saltillense nos contó cómo, junto a la también artista y coleccionista Inés de León, planea volver a abrir las puertas de su taller al público y que otros artistas también puedan llegar y utilizar la galería para exponer su trabajo.

Cervantes, quien ha expuesto y ganado premios y menciones honoríficas en lugares como Japón, Chicago, Polonia, España y otros puntos del globo, está enfocando sus esfuerzos en vender principalmente los bocetos, algunos de sus obras premiadas, que por años ha guardado en su estudio.

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Bocetos. Algunos en los que se evidencia el proceso de trabajo, están en venta. / ORLANDO SIFUENTES

“Nosotros para tener algo de dinerito, un colchoncito”, dijo Rosalina sobre la venta de estos bocetos, a lo que Inés agregó que queremos abrir este espacio de Rosalina. Volverlo a abrir, pero ahora como galería”.

“Para que los artistas enseñen su trabajo, sean sus mismos representantes, más o menos es la idea. Faltan exposiciones de artistas locales. Necesitamos un lugar para exhibir nuestro trabajo de manera independiente”, comentó De León.

“Que si bien la Universidad (Autónoma de Coahuila) nos presta espacios para exponer no podemos estar siempre dependiendo de ella”, añadió.

La obra de Rosalina, en general, desde su estilo hasta sus temas, se ancla en sus propias vivencias. La piel amarilla de sus protagonistas es homenaje al color que adoptó la de su abuela, luego de intensas quimioterapias. La elección de colores tan vivaces se subordina a esta decisión.

Las figuras, por su parte, entre el color y la líneas gruesas que delimitan la forma, favorecen la expresividad antes que el rigor en la construcción anatómica, tanto en sus esculturas como en sus pinturas y dibujos, por lo que ante ellas nos encontramos con cuerpos humanos de brazos largos o cortos, rostros claramente en regocijo, en tristeza, en dolor o en éxtasis.

Obra. Pequeñas esculturas que también pueden ser parte de su colección particular. / ORLANDO SIFUENTES

Asimismo, explora temas como la maternidad, que vivió en carne propia y que la marcó, los feminicidios, que tanto calan en la conciencia de muchos, y hasta aspectos como el alcohol, del cual se dice orgullosa consumidora.

Contó que durante sus estudios en la capital del país conoció las historias de varias prostitutas que también la marcaron. Su escultura Jessica está inspirada en la vida de una joven que “acababa de parir, tenía 21 años y no sabía donde estaba su hijo. Le hice una cara de sufrimiento”.

“Sobre lo de la maternidad es porque soy madre y disfruté mucho tenerlos, sobre todo el primero”, aseguró, “Bertha Gruber decía que los artistas no debían casarse, podían tener hijos, pareja, pero no casarse. Fue un problema tremendo cuando me divorcié”.

Y son precisamente estos aspectos los que hay que considerar al momento de adquirir una de las obras y bocetos que actualmente están a la venta en este espacio a precios accesibles.

Pero, hay que reiterar que este es sólo el primer paso para algo más grande. La autora del “Danzón” —pieza ganadora de un premio en Japón hace años y que actualmente se encuentra descuidada en el Parque Venustiano Carranza— apunta a ofrecer en su galería, un espacio para todos.