La Casa Santa Marta, residencia de los participantes del cónclave

Circulo de Oro 2021
/ 11 marzo 2013

Durante siglos, los papas han sido elegidos en cónclaves y la asamblea de cardenales se reúne en la Capilla Sixtina desde 1878.

Roma, Italia.- La Casa Santa Marta será a partir del próximo martes la residencia de los participantes del cónclave.

Se trata de una moderna hospedería mandada construir por Juan Pablo II dentro de los muros del Vaticano, concretamente en las proximidades de la Puerta de la Campana, a la izquierda de la fachada de la Basílica de San Pedro.

Gracias a ella quedaron atrás las condiciones espartanas en las que tenían que vivir los purpurados durante la asamblea electiva secreta, durmiendo en catres o camas de campaña en fríos pasillos vaticanos. El primer cónclave para el que fue usada fue el de 2005, en el que salió elegido Benedicto XVI.

El edificio de fachada y paredes claras con tonos pastel fue inaugurado en 1996. Sobre la puerta principal, de apertura automática, está grabado el nombre de Juan Pablo II.

Dispone de cinco pisos, con 106 suites, 22 habitaciones individuales y un apartamento, y normalmente suelen residir en ella invitados del Vaticano, algunos sacerdotes que trabajan en la Secretaría de Estado, así como obispos y cardenales retirados.

Todas las habitaciones son amplias y disponen de una cama grande, cómodas y un armario de manera negra, así como minibar y baño. Además, la casa dispone de un gran comedor y una capilla.

La residencia tiene todas las comodidades de un hotel, excepto televisores, radios y teléfonos, retirados en vista de que los cardenales no tienen permitido ningún tipo de comunicación exterior durante la reunión en la que elegirán al próximo líder católico.

Los cardenales podrán instalarse en la residencia en la misma mañana del martes. Antes de tomar posesión de los aposentos pontificios, el nuevo papa vivirá en Santa Marta durante las primeras semanas, en un apartamento destinado a huéspedes especiales y que se encuentra clausurado de cara a la elección.

Los cónclaves más espectaculares 

Durante siglos, los papas han sido elegidos en cónclaves y la asamblea de cardenales se reúne en la Capilla Sixtina desde 1878. A continuación, algunos de los cónclaves más destacados:

- El primer cónclave: La elección de Celestino IV en 1241 por un grupo de cardenales a puerta cerrada en Roma es considerado oficialmente el primer cónclave papal. Pero según otras fuentes, la ciudad italiana de Perugia, en el centro del país, albergó el primer cónclave en 1216, cuando los cardenales se encerraron en un lugar lejano por miedo a ser atacados por la población. Entonces eligieron a Honorio III.

- El cónclave más largo: Comenzó en 1268 en la ciudad de Viterbo, a unos 100 kilómetros al noroeste de Roma, y duró dos años, nueve meses y dos días. Aunque les redujeron drásticamente la comida, los cardenales no lograban ponerse de acuerdo en un candidato. Y sólo cuando se les quitó el tejado de la sala de reuniones para dejar que les cayera la lluvia otoñal los cardenales se decidieron, en septiembre de 1271, por Gregorio X.

El último cónclave particularmente largo tuvo lugar en 1831, en el que fue elegido Gregorio XVI tras 50 días.

- El cónclave más corto: El papa Julio II fue elegido el 1 de noviembre de 1503 en Roma en cuestión de unas horas, sin que se conozca el tiempo exacto. Se cree que los sobornos ayudaron a acelerar el proceso. El siguiente cónclave más rápido fue el de Pío XII, después de 20 horas en 1939, seguido del de Benedicto XVI en 2005 tras sólo 26 horas de debate en la Capilla Sixtina.

- El cónclave más dramático: En un cónclave en 1314 en la ciudad de Carpentras, en el sur de Francia, los cardenales fueron obligados a huir para salvar sus vidas cuando las impacientes masas incendiaron la sede de las deliberaciones, el palacio episcopal de la ciudad. La reunión se celebró después en 1316 en un monasterio dominico de Lyon. Tras 40 días, el 7 de agosto de 1316, fue elegido Juan XXII.

Fumata blanca, fumata negra: ¿Cómo se vota en el cónclave? 

El voto durante el cónclave se desarrolla en tres fases, descritas detalladamente en la constitución apostólica "Universis Dominici Gregis", promulgada por Juan Pablo II en 1996:

PRIMERA FASE, la preliminar: Entre los presentes se sortean públicamente diversos encargos: tres asistentes electorales o escrutadores, tres "infirmarii", encargados de ir a la Casa Santa Marta a recoger el voto de los cardenales enfermos, y tres revisarios. Los cardenales elegidos por sorteo duran en su cargo una sesión de votaciones, de mañana o tarde.

Dos ceremoniarios pontificios reparten entre los electores dos o tres papeletas blancas rectangulares en cuya mitad superior aparecen impresas las palabras "Eligo in Summum Pontificem" ("Elijo como Sumo Pontífice"). Cada elector escribe en una de las papeletas el nombre de su candidato, modificando para ello su caligrafía a fin de que no se reconozca su letra.

Durante el momento de la votación no podrá estar en la Capilla Sixtina nadie que no sea un cardenal elector. El encargado de vigilarlo es el vicecamarlengo, el cardenal español Santos Abril.

SEGUNDA FASE, la de votación: Cada elector, siguiendo un orden de rango entre los cardenales, lleva la papeleta al altar con la mano levantada, pronuncia el juramento (de haber votado a aquel que según la voluntad de Dios debe salir elegido) e introduce la papeleta en la urna colocada sobre el altar.

En el caso de los cardenales enfermos que guardan cama y no pueden por ello acudir a la Capilla Sixtina, los "infirmarii" se ocupan de ir a la Casa Santa Marta a recoger los votos, que son introducidos luego en la urna, según estrictas reglas, por los escrutadores.

Las papeletas en la urna son mezcladas y contadas. Si el número de papeletas no concuerda con el número de electores, se inicia inmediatamente una nueva ronda electoral. Si la cifra concuerda, se procede a un recuento público. Después, las papeletas se perforan y son atadas entre ellas con un hilo.

TERCERA FASE, la final: Se daa conocer el resultado de la votación, controlado por los revisores. Si la elección no ha tenido éxito, las papeletas se queman mezcladas con pez, lo que produce un humo negro que, a través de la chimenea, anuncia al mundo exterior que todavía no se eligió al nuevo pontífice.

Si se elige al nuevo papa, las papeletas se queman sin ningún aditivo, lo que produce un humo blanco.



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