Jerusalén, tierra bendita

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Circulo de Oro 2021
/ 18 noviembre 2013

Esta urbe es sagrada para tres de las religiones más importantes del planeta, razón por la cual hay interminables e históricos desacuerdos

México.- Los más de 5 mil años de historia de Jerusalén están marcados por idas, vueltas y conflictos político-religiosos sin fin. Resumir la prolífica historia de la disputada Jerusalén no es tarea fácil.

La ciudad fue construida, derribada y reconstruida tantas veces como pueblos la dominaron en cada momento histórico. Y los vestigios de cada uno de esos pueblos han quedado superpuestos como las capas de una cebolla.

Jerusalén, sin duda, se ha construido sobre sí misma a lo largo de milenios y la ciudad actual está varios metros elevada sobre los cimientos más antiguos. Y se puede leer mucho sobre el tema, pero sólo se termina de captar la dimensión de los eternos conflictos pisando Tierra Santa, caminando y sintiéndola. Por ello, Jerusalén es un destino único para vivir los contrastes entre Oriente y Occidente; entre lo antiguo y lo moderno.

La capital de Israel es la ciudad más grande y poblada del país y se ubica en los montes de Judea, entre el mar Mediterráneo y la ribera norte del mar Muerto. La moderna Jerusalén se divide en un Oeste judío, próspero y moderno y en un Este árabe y menos desarrollado. Entre ambos opuestos está la mítica Ciudad Vieja protegida por murallas de piedra caliza del siglo XVI.

Esta compacta meca turística tiene todas las atracciones esparcidas en menos de un kilómetro cuadrado y tres son emblemáticas para las religiones monoteístas más grandes del mundo: el Santo Sepulcro, la Cúpula de la Roca y el Muro de los Lamentos. Los barrios de la Ciudad Vieja tienen el nombre de las comunidades que los habitaron: árabes, judíos, cristianos y armenios. Caminar en sus laberínticas callejuelas es como un viaje en el tiempo. En pocos metros, se va del ajetreado zoco árabe a un jardín armenio.

La mezcla sorprende y en una misma tienda hay crucifijos, jamsas, kipás y menorás. Recorrerla de noche es aún más especial. Negocios cerrados, calma y faroles amarillos le dan un toque mágico.

Seguramente el primer lugar que veas será el Monte del Templo. Esta colina natural fue soporte del gran Templo Judío en tiempos bíblicos y, según el Corán, fue desde esta loma que Mahoma subió al cielo tras su Viaje Nocturno desde La Meca. Además, el monte figura en la Biblia como el sitio donde Abraham ofreció a su hijo Isaac en sacrificio. Al llegar el Islam en el siglo VII, se levantó la octogonal y dorada Cúpula de la Roca.

El bello edificio domina el perfil de la Ciudad Vieja y es uno de los sitios representativos de Jerusalén. En el mismo monte, con cúpula plateada, está la Mezquita de Al Aqsa, la más antigua de Israel. Todos los monumentos están en un jardín lleno de olivos añejos que, en invierno son cosechados extendiendo telas bajo sus copas para recoger rugosas aceitunas negras mientras otras tantas son cosechadas a mano para ser llevadas a la almazara.

Al histórico Muro de los Lamentos (HaKotel), al pie del Monte del Templo, acuden a orar judíos de todo el mundo. Lo que se ve es lo quequeda del muro de contención del Segundo Templo que construyó Herodes en el 30 a.C. y que los romanos destruyeron en el año 70.

Siguiendo la costumbre judía ortodoxa (el lugar es técnicamente una sinagoga), el muro está dividido en zonas para hombres y mujeres. El clima que se vive es intenso. Cuesta encontrar un hueco para tocar el agrietado muro lleno de papelitos con mensajes, sueños y deseos. Una a una, pasan mujeres que apoyan su cabeza contra la pared. Muchas en silencio, algunas rezando y otras sollozando. Y también se ven jóvenes con uniforme, que cumplen sus dos años de servicio militar (tres en el caso de los hombres).

El turismo religioso hace furor con peregrinos de todo el mundo que recorren la Vía Dolorosa, mientras uno lleva una cruz alquilada a cuestas. Por este vía crucis se cree que Cristo llevó la cruz hacia el Monte del Calvario donde hoy está el Santo Sepulcro y hay 14 estaciones con hechos ocurridos al mesías en el recorrido. Si bien en todo Jerusalén se respira el poder de la fe, ver una misa en el Santo Sepulcro eriza la piel hasta al menos devoto.

El emplazamiento lo eligió la Reina Helena -madre de Constantino el Grande- en el siglo IV indicando que allí Cristo murió en la cruz y luego resucitó. Dentro, una pequeña escalera lleva a la Capilla del Gólgota y las últimas tres estaciones. El sepulcro está en el centro de la iglesia y señala el lugar en el que Jesús fue enterrado y resucitó.

Fuera de la Ciudad Vieja, está el mítico Monte de los Olivos, escenario de muchos eventos bíblicos importantes y poblado de olivos.

Es otro de los sitios más sagrados de Tierra Santa donde, según la Biblia, Jesús solía hacer sus oraciones y donde lo arrestaron. Y en el Libro de Zacarías es el sitio donde Dios, al fin de los tiempos, redimirá a los muertos.

Por ello, los judíos siempre han sido enterrados aquí y hay un cementerio con 150 mil tumbas desde tiempos bíblicos. Monte y tumbas fueron dañados con la ocupación de Jordania entre 1948 y 1967. Recién con la reunificación de la ciudad en 1967, los israelíes repatriaron lápidas y garantizaron la libertad de culto y el respeto a los lugares sagrados de todas las religiones.

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