Tras los pasos del antipoeta
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El poeta, ensayista, narrador y profesor de la UNAM, Hernán Lavín Cerda, quien es chileno por nacimiento, gran conocedor de la literatura de su patria y cercano a Parra, rememora la vida y la obra del autor de Poemas y antipoemas, Versos de salón, Manifiesto y Artefactos.
México, DF. Hernán Lavín Cerda reconoce que el nuevo Premio Cervantes 2011 es uno de los seis grandes poetas chilenos del siglo XX: Pablo de Rokha, Gabriela Mistral, Pablo Neruda y Vicente Huidobro, Nicanor Parra y Gonzalo Rojas, en ese orden de aparición en el mundo.
Recuerda los afanes de la generación de Nicanor Parra y de las generaciones posteriores por desligarse de la figura de Pablo Neruda, tanto que una de las preguntas centrales de las generaciones posteriores al Premio Nobel de Literatura 1973 era "¿qué hacemos con Neruda?, ¿cómo le hacemos para podernos desprender de este gran monstruo de la literatura española, particularmente en el campo de la poesía?; el reto no era fácil", comenta el escritor.
El poeta y profesor que vive en México desde 1973, producto del exilio político, dice que alrededor de Pablo Neruda había un sinfín de "neruditas" que no sólo lo admiraban sino que además aspiraban a escribir como él y que aunque Nicanor Parra acudía a una que otra de las tertulias que se organizaban en casa de Neruda, comenzó a ejercitar una poesía con otro tono.
Cuando Pablo Neruda escuchó sus poemas, le dijo: "Mira, estos textos que tú has leído son otra cosa; tengo la impresión que si sigues por este camino algo importante va a pasar para la literatura y en particular para la poesía", al menos así dice Hernán Lavín Cerda que le contó Nicanor Parra la anécdota.
Lo cierto es que Nicanor Parra comenzó a hacer otro tipo de poesía, influida por el mundo que descubría, por la poesía de otros poetas, entre ellos los de la Generación Beat. Escribía poesía mientras seguía con sus estudios y luego con sus clases de matemáticas y física.
Con todo, nunca hubo un rompimiento de Parra con Neruda, más bien hubo influencias. Tras la aparición de Poemas y antipoemas, Pablo Neruda escribió Extravagario, una suerte de poemario muy distintos a su poesía tradicional y más cercana al tono de Nicanor.
Esos vasos comunicantes también los teje con otros poetas como Jaime Sabines, quien es también un impulsor de la antipoesía.
"Nicanor demuestra que hay que atreverse a atreverse pero con conocimiento del oficio. Hay que conocer del oficio y luego emprender una aventura y recorrer el mundo", señala Lavín Cerda al hablar de la relación de Parra con los jóvenes y su influjo en la literatura hispanoamericana.
Se forja una figura
La poesía de Nicanor Parra delínea nuevos ejes: incorporó distintos hablantes, abrió el espectro de los temas, logró reunir el habla culta y la popular; su poesía es prolífica en personajes, abundan en sus poemas el Yo y el Nosotros, que suelen ser contradictorios; afirman y niegan, afirman y dudan; contaminó su poesía de prosa al grado de meter historias y anécdotas que, al ser leídas, parecen un pequeño relato de pocas líneas.
"Nicanor es irónico, humorístico, es una especie de clown, como un payaso que nos hace tan bien. Nicanor nunca se calló hacia adentro, él era de una familia muy humilde, el papá era profesor de primaria y la madre era costurera, hacía trajes a la medida por encargo.
"Nicanor dice que aprendió a leer en las paredes de su casa que estaban forradas con periódicos", cuenta Hernán Lavín Cerda.
Nicanor Parte fue parte de una familia humilde pero muy notable: ahí está Violeta, el tío Roberto y sus sobrinos Isabel y Angel que trabajan el folclor de Chile.
Tal vez por todo eso él conserva la vena popular, el chiste, los supuestos exabruptos, la mala crianza, lo pícaro, el doble sentido, todo eso lo ha incorporado a su poesía.
"Él hace muchos aforismos, dichos de una sola línea o dos o tres líneas, esas frases que ha incorporado a su propia escultura", dice Hernán Lavín Cerda y rememora sus obras de arte, esos artefactos que han estado en museos como parte de exposiciones, entre ellas la titulada Parra. Artefactos visuales, conformada por más de 300 piezas.
El poeta chileno-mexicano dice que todo eso está vivo en Nicanor Parra y esto lo hace un hombre muy vital, pues abrió nuevas visiones y temáticas que no entraban tanto en la poesía lírica tradicional, como la recuperación del habla popular, y con ello confirmó que también se puede escribir como se habla.
"Parra escribe todo a mano, en estos cuadernos que acá en México llamamos profesionales; siempre está con un lapicito y un cuadernito. Durante una platica ,si algo llama su atención, se detiene y, como es un histrión, un actor, de repente dice: `¡momento!', y saca su lápiz y anota en su cuaderno. Dice que ya tiene kilos de cuadernos con frases, anotaciones que van a ser poemas o que quedan en aforismos", comenta Lavín Cerda.
A este poeta que recuerda a su maestro que radica en Chile, el mismo que mañana, por cuestiones de salud, no estará en España recibiendo el Premio Cervantes, le parece que Nicanor Parra no ha perdido al niño que todos llevamos dentro ni su capacidad de asombro.
Hoy Hernán Lavín Cerda no es tan categórico como en el pasado: "Nicanor Parra es una figura fundamental, sin duda, pero no es la única; hay que abrir un poco más el abanico, ha tenido un reconocimiento internacional, eso lo ha proyectado, pero no me gustaría que sigamos diciendo que es el Poeta Mayor, ahora prefiero decir que es uno de los maestros, además porque la vida le ha permitido ser muy longevo".