Oscar Castro, indigencia llena de poesía
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Castro, apodado el "poeta de la calle", dejó de ser noticia roja, como comentó en un reciente festival de poesía. "Ahora pocos me admiran, sin barba ni bolsas mugrientas al hombro (...) Dejé de ser fantasía".
San José, Costa Rica.- Hace un año, un hombre solitario, mugriento, que olía a humo, drogas y alcohol, dejó de recorrer las calles de San José, donde estuvo sumergido en el submundo de la indigencia. Oscar Federico Castro decidió, con mucho esfuerzo y el apoyo de algunos amigos, "volver a la vida", como él mismo lo confiesa, para encontrar la felicidad y dejar atrás horas de lágrimas, miedo y soledad en las noches bañadas de lluvias, viento y frío.
Castro, apodado el "poeta de la calle", dejó de ser noticia roja, como comentó en un reciente festival de poesía. "Ahora pocos me admiran, sin barba ni bolsas mugrientas al hombro (...) Dejé de ser fantasía", espetaba mirando a su antiguo hogar: cuartuchos destartalados, moscas sobre su rostro y miradas despreciables de la gente.
Vivió seis años en la indigencia, golpeado por la muerte, en un incendio no esclarecido aún, de su colectivo de amigos ecologistas. Lo perdió todo: su primer libro, su diploma de sociólogo obtenido en la ahora desaparecida Unión Soviética a finales de los años 80, a su familia y a su pueblo, Paraíso, una pequeña comunidad ubicada al oriente de San José.
"Angel en vuelo cannabis", "Indigente", "Planos y formas" forman parte del volúmen de más de 300 poemas que el "hombre de la calle" escribió mientras se vió sumergido en la inmundicia. En el primero relata su propia experiencia de amor imposible con una joven drogadicta sumergida en el "bajo mundo" de San José, donde cientos de indigentes sobreviven cada día, unos impulsados por la pobreza, otros por amores perdidos, y algunos por la desesperanza.
Militante de una izquierda costarricense ya vencida, ex-asesor de la Asamblea Legislativa, defensor del ambiente, de los pobres sin techo, pescador, errante, Oscar Castro deslumbrada en recitales de poesía con sus escritos, llenos de dolor, de amargura, de existencialismo y miedo.
Cinco o seis veces intentó de "dejar las las calles", como él mismo confiesa, sin alcanzar su objetivo. "Necesitaba oportunidades, afecto, apoyo, el mundo de la indigencia es muy difícil y complejo, te atrapa la droga barata, la limosna hipócrita, el miedo de retornar", confiesa el poeta, seguidor de Jorge Debrado, ícono de la poesía costarricense, pero también de Lorca, Neruda o Tolstoi.
Ahora, Castro, quien representó hace muchos años a jóvenes latinoamericanos amantes de la poesía en "Casa de las Américas", en Cuba, trata de reagrupar a sus amigos del "Círculo de Poetas de Paraíso", del cual fue fundador en los años 90.
"Espero no volver a las calles", cuenta. "Hice política, fui el pilar del nuevo alcalde de mi pueblo, me involucré en un proyecto de vivienda para los pobres...". Ahora está aprendiendo a tocar la guitarra. "Es parte de mi lucha sin fin", explica el poeta, ahora afeitado, con unos kilos de más, después de participar en un recital de poesía.