Mi humor es una postura literaria, no un ingrediente: Antonio Ortuño
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Ortuño dice que a veces se habla de la creación con un halo casi místico, como si fueran profetas o monjes, cuando en realidad tienen la misma propensión a la traición y al arribismo que pueden tener los papeleros o los revolvedores de cemento.
México, D.F..- Días después de que la revista británica Granta lo diera a conocer como uno de los mejores escritores jóvenes en lengua española, Antonio Ortuño apuntalaba que a él lo que realmente le interesa es la "burla íntima" más que la denuncia social.
Él escribe sobre la frustración del ser humano y su incapacidad para integrarse en una sociedad alienante: "Mi humor es una postura literaria. Como decía Ibargüengoitia: no es un ingrediente para un guiso, sino una manera de ver el lenguaje, las situaciones y a las personas".
Desde esa misma conciencia, el narrador nacido en Guadalajara, Jalisco, en 1976, ha escrito la tercera de sus novelas: Anima (Mondadori), una especie de declaración de vida del Gato Vera, un utilero llegado a cineasta de culto que Ortuño convierte en narrador de los bajos fondos de la creación; un personaje que narra los egos, deslealtades, arribismos, ambiciones, aspiraciones y traiciones del "mundillo" de creadores de cine.
Ortuño dice que a veces se habla de la creación con un halo casi místico, como si fueran profetas o monjes, cuando en realidad tienen la misma propensión a la traición y al arribismo que pueden tener los papeleros o los revolvedores de cemento.
"La idea en esta novela era hablar de la creación y del mundillo, ahondando en esos aspectos cotidianos de los bajos fondos de la creación, de los codazos, las grillas y los empujones o las patadas debajo de la mesa; a diferencia de mis otros libros en los que generalmente me situé sólo en los aspectos más deplorables de los personajes, aquí aparecen más entremezclados; lo requería la historia".
El Universal: ¿Los escritores se conciben obreros de la creación?
Antonio Ortuño: Hay quien nace patrón y puede pasar 20 años dándole vuelta a cuatro cuentos acedos y dos ensayos matangas, pero en términos generales todos en esto estamos arando, en el mejor de los casos logras hacer una obra que se sostenga.
El Universal: En "Recursos humanos" te adentraste en el mundo de los oficinistas, aquí hay un escenario más creativo, pero no deja de ser decadente.
Antonio Ortuño: Es que antes que nada me interesa el lenguaje y las personas que habitan ese lenguaje en los textos, y yo me asumo como un escritor satírico que crea estos escenarios de conflicto y trata de dotarlos del decorado que merece, que como decía Jorge Ibargüengoitia, tiene que ser sugestivo, eso es lo que trato de construir, organismos vivos. Mi aspiración es construir, a través de las palabras y con la creación, personajes y una suerte de pequeño mundito donde la gente sepa que puede habitarlo un rato y alarmarse y entretenerse.
El Universal: ¿Creaste un mundo con discípulos y padres intelectuales?
Antonio Ortuño: Es un mundo que además es proclive a tener gurús y pupilos, hay gente que hace carrera de pupilo y pasa todo su vida siendo "el pupilo de...", "el influenciado por...". También hay quien nace para oráculo y lo es toda su vida y oráculo se muere. Son propensiones, las mismas leyes de poder que rigen todas las relaciones también operan en la creación artística y en la relación entre las personas.
Esta novela no es solamente esa sátira de la creación sino también un libro sobre la amistad y su pérdida, discurre por estos pasajes de humor y de sátira y a la vez trágicos.
El Universal: ¿Por eso la muerte es punto de partida de la historia?
Antonio Ortuño: El disparador fue la muerte de un amigo muy cercano e importante, de ahí el big bang por la muerte de el Animal Romo y a partir de allí se enganchan todos los recuerdos del narrador, del Gato Vera. Por medio del narrador traté de hacer un autoescarnio de esta figura del joven creador exitoso y la joven promesa, creo que formalmente la sátira funciona de esa manera, te subes al ring y asumes que la mayor parte del cuero te lo tienes que tragar tú; es un libro escrito en contra mía y en contra de todo el que tenga que pasar por estos caminos.
El Universal: ¿Necesitabas un narrador que contara desde muy dentro?
Antonio Ortuño: No es un libro que se pudiera narrar en tercera persona, necesitaba un nivel de involucramiento, narrado desde adentro y trata con todos los elementos de fortalecer esa ilusión que es finalmente el tono literario del libro, el narrador está hablando de su vida, no está haciendo una sátira de la creación. Una persona que leyó el libro me dijo que faltaba la parte reflexiva de la creación o la parte mecánica de una filmación; pero no aparece porque no tiene importancia para el libro, realmente es más importante la llamada al banco para ver cómo va el saldo y si ya cayó el cheque o el trago en el bar con el crítico que va a hacer la gran reseña.
El Universal: ¿Es una declaración del narrador?
Antonio Ortuño: Es una relación de hechos desde el punto de vista del personaje pero también desde el punto de vista del autor porque todo libro, lo quiera uno o no, es un manifiesto estético. Así entiendo ahora mismo la narrativa y lo que me interesa de ella.
El Universal: ¿Por qué una historia con una ciudad sin nombre?
Antonio Ortuño: El narrador la omite voluntariamente por el rencor que guarda hacia esa ciudad, porque es la ciudad en la que fracasó miserablemente su mentor y la que tantos problemas le ha dado a él, por eso en lugar del nombre de la ciudad aparece una línea punteada como un insulto continuo. Esa es una diferencia con respecto a mis otras novelas, esta transcurre en México y tiene que ver con los medios culturales y con ciertas instituciones culturales mexicanas, pero no es una novela en clave, no trato de satirizar a nadie con nombre y apellido. En todo caso, contra el único que está escrito el libro es contra mí mismo.
El Universal: ¿Diferente a tus anteriores novelas?
Antonio Ortuño: Es muy diferente a las anteriores, y la que viene poco tiene que ver con esta; uno va cambiando de intereses, hay momentos en que te das cuenta que ya agotaste ciertas herramientas, incluso cierto talante respecto a la escritura y te adentras en otras cosas. Anima fue un viraje de timón.
El Universal: ¿En tu literatura partes de un personaje, una anécdota o de una idea?
Antonio Ortuño: Parto de una suma, se va integrando como un mosaico, una especie de guiso. En este caso, el disparador es un hecho personal, la muerte de un amigo y la necesidad de recobrar cierto mundo anecdótico; pero no es una autobiografía, está escrita directamente contra el modelo de autobiografía, pero saqué de mi vida las cosas que se me ocurrieron, yo no soy el Gato Vera, yo soy todos los personajes del libro, tal como yo. A veces el autor cree que se burla de alguien, en realidad te burlas de ti mismo porque eres todos los personajes.
El Universal: ¿Hay historias para el cine?
Antonio Ortuño: Mis libros son poco cinematográficos porque son muy verbales, están narrados en primera persona y eso complica mucho la vida a un adaptador; además, gran parte de lo que para mí es la tensión literaria de mis libros está en la prosa y el tono del narrador, más que con los hechos abstractos que se van contando y la manera en la que se enlazan. No escribo pensando en el cine ni es una influencia particularmente fuerte en lo que escribo, toda mi vida he leído muchísimo más que el cine que he visto.
El Universal: ¿Lector de tus contemporáneos?
Antonio Ortuño: A muchos de mis contemporáneos les interesan otras formas de creación que no es la novela de largo aliento; creo que, en general, el escritor mexicano promedio no es lector de novelas y muchos terminan escribiéndolas porque hay una exigencia editorial de novelas.
Yo sí soy un lector de novelas, lo que más me entusiasma es tener 400 páginas por delante; no es algo tan compartido con la gente de mi generación, que es muy buena pese a lo que piense Granta, ahí están Yuri Herrera, Guadalupe Nettel, Emiliano Monge, David Miklos, Mariño González y Heriberto Yépez. El único resguardo que tomo es no parecerme a ninguno de ellos.
Cuando escucho que dicen que los nacidos en los 70 y los 80 no han escrito nada interesante, reniego; quizás nadie ha escrito obras maestras aún, pero somos tempranos treintones, tiempo hay. Creo que somos menos estériles que otras camadas.
Las otras obras del autor
* "El buscador de cabezas". Su primera novela publicada en 2006 fue elegida como "Mejor debut en la literatura mexicana"
* "El jardín japonés". También en 2006, España publicó su primer libro de cuentos
* "Recursos humanos". En 2007, finalista del Premio Herralde de Novela
* "La señora rojo". Cuentos publicados en España y México en 2010, del que "Granta" extrajo "Boca pequeña y labios delgados"