La inteligencia emocional ayuda en el trabajo
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"Las personas con mucha inteligencia emocional tienen mayor éxito en lo laboral si a la vez también tienen deseos de ascender", indica Blickle.
Bonn, Alemania.- Reconocer los propios sentimientos y los de los demás ayuda tanto en la vida privada como en la laboral. Porque saber identificar las propias emociones ayuda a controlarlas, lo que es especialmente importante en el caso de personas con cargos de responsabilidad en el trabajo.
Los niños tienen ya un sentimiento de empatía innato: cuando otro niño se hace daño y llora, a menudo los demás también lloran. Pero según en qué ambiente se críen, puede ocurrir que los pequeños no aprendan a convivir con estos sentimientos, afirma Anja von Kanitz, especialista en técnicas de comunicación y escritora.
Cuando son adultos, ocurre entonces que no pueden expresar sus sentimientos, reconocerlos o actuar ante los de los demás. "Pero la inteligencia emocional se puede entrenar", señala Gerhard Blickle, profesor de la Universidad de Bonn.
Lo primero que hay que hacer es tener una idea de la inteligencia emocional que cada uno posee. Los sentimientos son señales de procesos corporales, afirma Von Kanitz. Estos cambios físicos provocan en diferentes personas sentimientos de distinta intensidad. Algunos reconocen el proceso apenas comienza, mientras que otros perciben su enojo solo cuando su puño golpea la mesa.
Para medir la propia inteligencia emocional basta con hacerse un autotest, "no se necesita obligatoriamente alguien más".
Las preguntas de esos test buscan establecer si la persona por lo general es consciente de cómo se siente o bien si no presta atención a sus emociones. También es importante saber si se mantiene el control cuando se está enojado o si al contrario la persona suele decir cosas de las que después se arrepiente.
En estos cuestionarios también se indaga si el individuo es sensible a lo que le ocurre a los demás o no.
Si se establece que la persona no está abierta a sus sentimientos, significa que la inteligencia emocional está poco desarrollada, explica Von Kanitz. El proceso es similar a hacer deporte: Cuando se empieza a hacer jogging, no se puede hacer mucho el primer día. "Pero eso no quiere decir que no se pueda correr más lejos". El entrenamiento lo es todo en la inteligencia emocional.
Para mejorarla, hay que escuchar más hacia el interior, aconseja la experta. Cuando se hace algo hay que preguntarse qué tal se siente uno. "Entrenar la toma de conciencia hacia adentro es un primer escalón". Porque aquel que es sensible a sus propios sentimientos, puede reconocer los de los otros. "Si yo no los veo en mí misma, es casi imposible percibirlos en los demás".
También es una práctica física, porque las reacciones del cuerpo son importantes. Hay que preguntarse siempre de cuánta energía se dispone y si al hacer algo se disfruta o se siente rechazo. Solo cuando se consigue experimentar esto se puede transformar el día a día.
Blickle también da algunos consejos prácticos. Recomienda leer libros e historias que obliguen a ponerse en el lugar de otros, o incluso participar en un grupo de teatro amateur.
Conocer los propios sentimientos ayuda en el trabajo. "Las personas con mucha inteligencia emocional tienen mayor éxito en lo laboral si a la vez también tienen deseos de ascender", indica Blickle.
Por eso, los jefes deben entrenar su inteligencia emocional. "Si quiero dirigir un equipo, se trata de una tarea compleja. Porque tengo que ganarme a la gente", dice Von Kanitz. Para hacer bien este trabajo hay que tener sensibilidad hacia los otros. Los buenos jefes no solo siguen sus objetivos de forma ciega, sino que instan a los demás a sumarse al proyecto.
Cuando no se tiene una "antena" para comunicarse con los demás, es una tarea difícil. "Eso pone en peligro la propia carrera".
Pero para cualquier trabajador es positivo reconocer las propias emociones. "De ese modo uno no se encuentra en manos de los demás", afirma Von Kanitz. Quien aprovecha sus propios sentimientos como señal de alarma, sufre menos acoso laboral y sale menos quemado de las situaciones, asegura la experta en comunicación Ingryt Paterok.
Quien se conoce a sí mismo y se acepta con todos sus defectos, añade, puede ponerse mejores metas y límites y genera un mayor respeto en los demás.