Jesús de León: Las malas compañías, las mejores
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La Librería Julio Torri celebró sus 17 años con la provocadora charla de uno de los más relevantes escritores de Coahuila
Saltillo, Coahuila. ¿Hay acaso en el panorama de la literatura coahuilense una mala compañía tan diabólica como la amistad de Jesús de León? Seguramente no. La irreverencia del crítico fue aplaudida por las personas que se congregaron este viernes por las celebraciones del Día Nacional del Libro en la Librería Julio Torri.
No, señores, afirma el temido crítico "ni los libros de texto, ni la Biblia ni los directorios telefónicos son El Libro". "El Libro" afirma De León, llega en forma de obsequio. Su función es "prolongar el amor y convertirse en los ladrillos que afianzan la amistad (...) Mi relación con los libros inició a la par de una amistad", recordó. Escribir, luego, es un intento de seguir la conversación, de escapar de la parcela espacio tiempo.
El autor de "Afuera Hay un Mundo de Gatos" (cuentos, 1997) y "Semidesiertos" (1993), declaró que "los libros no se hacen, te deshacen", ante la pregunta de una niña sobre cómo se hacían los libros. Cuando los libros no deshacen a nadie, se convierten en "cenotafios", tumbas con nombre pero sin cuerpos.
De León retomó la hipótesis de Umberto Eco "leer a los clásicos como si se acabaran de descubrir" y dijo estar de acuerdo con el semiólogo italiano en que habría muchos editores los suficientemente incultos para no haberlos leído y más estúpidos todavía para rechazarlos.
Sobre las campañas de lectura hechas por gente como Ninel Conde -artistas y uno que otro intelectual-, donde se insta a los padres a leerle a las criaturas al menos 20 minutos al día, aseguró que no se le puede confiar los libros a un papá que hay que ir a sacar de la cantina ni a una mamá que tema interrumpir su maratón diario de telenovelas. Mucho menos a docentes más preocupados por problemas sindicales y por la pronunciación correcta de "hommer o hummer". "Esas campañas se equiparan con poner a Lutero en la Iglesia y a Conaculta a cargo de la cultura", puntualizó.
Concluyó que la literatura se debe dejar en mano de las malas compañías. Ese con el que no te debes de juntar tiene los mejores libros qué ofrecer. "Nadie debe esperar que una mañana alguien toque su puerta para ofrecerle un libro. Uno puede toparse con... un testigo de Jehová", dijo demostrando ser un experto contagiando el virus de la lectura.