La pieza plumaria que quiere Austria

Circulo de Oro 2021
/ 6 febrero 2011

El escudo sería uno de los préstamos a cambio del Penacho de Moctezuma

México.- Un colorido escudo hecho con piel de jaguar y decorado con plumas preciosas, que pertenece actualmente a la colección del Museo Nacional de Historia, es una de las dos piezas que Austria pide a México a cambio del préstamo del penacho de Moctezuma.

Sabine Haag, directora del Museo de Etnología de Viena, señaló que el gobierno austriaco ha solicitado a México que a cambio del penacho se les preste, además de la carroza dorada de Maximiliano, este escudo prehispánico que el archiduque de Austria devolvió a su llegada a México en 1865.

El escudo ceremonial, mejor conocido como chimalli, está decorado con plumas de diversas especies de aves, como pericos, cardenal rojo, cotinga azul y pato.

La pieza plumaria, de un diámetro aproximado de 70 centímetros y con dos kilos de peso, presenta como motivos cuatro media lunas y le cuelgan casi cuatro decenas de listones de ixtle que terminan en plumas.

En el número 38 de la revista Estudios de Cultura Náhuatl (2007), el fallecido arqueólogo Felipe Solís, ex director del Museo Nacional de Antropología, la arqueóloga Laura Filloy, y la investigadora Lourdes Navarijo, realizaron un artículo en el que citan a este escudo ceremonial como uno de los dos únicos objetos plumarios prehispánicos que aún existen en México.

En el texto "Un excepcional mosaico de plumaria azteca: El tapacáliz del Museo Nacional de Antropología" los especialistas aseguran que son pocas las obras precolombinas de arte plumario que han logrado sobrevivir hasta nuestros días.

De hecho, afirmaron, el número se reduce a sólo una decena, de las cuales la mayor parte se encuentra en museos europeos.

Los investigadores plantearon que en México sólo hay dos: "un magnífico disco de pequeñas dimensiones", bajo custodia del Museo Nacional de Antropología, y un escudo de "grandes dimensiones hecho con piel de jaguar y decorado con plumas", que es el que guarda el Museo Nacional de Historia.

En la publicación se menciona que, según el inventario del Museo Nacional de Historia, el chimalli que probablemente fue uno de los tantos regalos que Hernán Cortés envió a Europa, "fue devuelto a México en 1865 por Maximiliano de Habsburgo, quien lo recibió de su hermano, el emperador Francisco I de Austria".

Hasta el momento de la publicación (2007) los investigadores decían que el escudo se exhibía en las vitrinas del museo, ubicado en el Castillo de Chapultepec. Sin embargo, Eliseo Ramírez Guzmán, artesano amanteca -como se les conoce a los que se dedican a hacer las piezas plumarias- asegura en entrevista que hace dos años el escudo fue retirado de la vitrina porque "estaba desbaratándose" y en su lugar se exhibe una réplica mandada a hacer en Michoacán.

Ese facsímil o réplica de la colorida pieza ceremonial se exhibió recientemente en el marco de la exposición Moctezuma II, presentada en el Museo del Templo Mayor.

El original, desgastado por la fragilidad de las plumas, se encuentra resguardado en el histórico recinto museístico.

Pero la historia del chimalli azteca, que el gobierno austriaco solicita además de la carroza dorada de Maximiliano de Habsburgo, a cambio del tocado de plumas de quetzal de Moctezuma, es prácticamente anónima.

A pesar de que Eliseo Ramírez describe a detalle el llamado quetzalcuexyo chimalli, asegura no conocer más sobre su historia.

Lo que sí cuenta es que, en efecto, se trata de un escudo ceremonial mas no de guerra: "Estoy absolutamente seguro que fue un escudo ceremonial o de danza. Un escudo de guerra debería pesar entre ocho o diez kilos para resistir, en cambio éste pesa como dos. Si fuera un escudo de guerra, al primer golpe se hubiera roto", explica.

Patrick Johansson, historiador del mundo prehispánico, coincide en que son muy pocas las piezas plumarias precolombinas que sobreviven. Entre ellas, varios escudos llevados por Hernán Cortés a Europa y el "famoso" penacho de Moctezuma.

Arte bajo la sombra de los dioses

El arte de hacer objetos y decorarlos con plumas de aves fue en el mundo prehispánico una de las artes más finas y delicadas.

La plumaria, explica Johansson, profesor de Lengua y Literatura Náhuatl en el posgrado de Estudios Mesoamericanos de la UNAM, era en el mundo prehispánico una forma de expresión visual "de suma importancia". Añade que las plumas eran consideradas como la sombra de los dioses, por lo que denotaban divinidad.

Los meticulosos escudos, trajes, tocados, brazaletes, banderas, capas y abanicos con plumas multicolores que elaboraban los amantecas tenían gran importancia entre los aztecas porque servían para exaltar la jerarquía de dioses, además de los señores, sacerdotes y guerreros.

Ramírez Guzmán agrega que estas piezas eran signo de distinción: "si yo tengo un penacho que tiene muchas plumas de quetzal, que es una de las más bellas, me voy a distinguir y me voy a ver muy bien".

"El capitán del ejército busca distinguirse de sus soldados por eso pide que le hagan un traje con las plumas de tales colores o con el diseño que quiera porque es un guerrero dedicado a Tláloc o a Quetzalcóatl", explica.

Estas notables y coloridas obras indígenas hechas con plumas de aves impresionaron a los primeros españoles que llegaron al continente americano. Para demostrar las maravillas del mundo que acababan de descubrir, las enviaron como regalos a Europa. Algunas aún existen y se encuentran en recintos museísticos de ese continente.

Una capa de tonalidades rojas , que es parte de la colección de la Armería Real de Bruselas, y un manto hecho sobre papel de maguey, en el Museo Etnográfico de Berlín, son algunas; el Museo Estatal de Stuttgar, en Alemania, guarda dos escudos circulares.

Más conocidas son las tres piezas que alberga el Museo Etnográfico de Viena que, según el inventario del Castillo de Ambras de 1596, pertenecieron a Fernando II.

Una de ellas es un abanico de estructura de caña que tiene como motivo central una mariposa de alas desplegadas; otra de las piezas es un escudo con un cánido emplumado, resaltado con lámina de oro, y la tercera es el penacho de Moctezuma.

El famoso tocado azteca

Valuado por el gobierno de Austria en 50 millones de dólares, el tocado que se supone perteneció al emperador Moctezuma Xocoyotzin, ha sido, en los últimos años, objeto de polémica entre México y Austria.

Este "alto tocado mexicano de magníficas plumas verdes brillantes y tiras de color decorada con botones de oro", mide 175 centímetros de diámetro y 116 de altura. Posee cerca de 450 plumas de quetzal. El centro está hecho con plumas azules del ave xiuh totol y piedras de oro en forma de media lunas con piedras preciosas.

Las versiones respecto al recorrido del Penacho de Moctezuma son variadas pero por consenso se acepta que en 1519 Moctezuma envió un lote de 158 piezas a Hernán Cortes como regalo, quien a su vez las donó al emperador Carlos V.

Para 1590, el penacho apareció en la colección de arte mexicano del archiduque Ferdinand de Tirol, quien lo exhibió en varias ciudades, logrando que el tocado azteca se convirtiera en patrimonio cultural de la república de Austria.

Un facsímil muy similar

El penacho desaparece de escena por varios años y es hasta 1817 cuando reaparece bajo resguardo del museo de Viena, de cuyas bodegas fue rescatado 60 años después, cuando la estadunidense Zelia Nuttal, del Museo Peabody de Harvard, inició las gestiones para restaurarlo hasta su forma actual.

Fue una restauración que implicó "cambios irreparables" en su estructura:

Según Ramírez Guzmán, la pieza plumaria que se exhibe en Viena, originalmente no era un penacho, sino una capa.

"Tenía movimiento, se podía plegar. Pero con la restauración lo dejaron tieso y ya no se puede doblar, ni plegar", explica.

Patrick Johansson describe que cuando iban a iniciar su restauración el objeto era "irreconocible", no lograban distinguir si se trataba de un penacho o un faldellín.

El investigador añade que entonces le faltaban muchas plumas, las cuales fueron reemplazadas por las de otras especies.

"Por ejemplo, las plumas de cotinga ya no se encontraban en esa época por lo que pusieron plumas de un ave de Siberia", dice.

Ante las negativas del gobierno de Austria por devolver la pieza original a México, en 1958 el entonces oficial mayor de la Secretaría de Hacienda de México, Raúl Noriega, ordenó la elaboración de una copia fidedigna del tocado azteca.

Ramírez Guzmán detallas que el símil, perteneciente al Museo Nacional de Historia de Chapultepec, fue realizado por un taxidermista que viajó a Viena para trabajar durante seis meses en la reproducción.

Para Johansson, la réplica es "bellísima". "Si lo comparamos con el de Viena, realmente es una réplica fidedigna, muy bella. Sólo que ésta es arte plumaria del siglo XX".

Ramírez Guzmán coincide en que se trata de una reproducción "hermosa y muy semejante" a la original.

Como parte de la difusión de este arte prehispánico, el Museo Nacional de Arte (MUNAL) prepara para el próximo mes de marzo la muestra, El vuelo de las imágenes. Arte plumario de México y Europa.

La exposición, en la que también participarán Eliseo Ramírez Guzmán y Patrick Johansson, reunirá el mayor número de mosaicos de arte plumario y estará integrada por obras provenientes de distintas colecciones nacionales y extranjeras.

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